El hombre retorcido

Me gusta el Hellboy de Mignola. Reconozco que cae en la repetición y que en muchos casos sus argumentos son anodinos, pero me encanta ese tratamiento descreído e irónico de las leyendas populares y de toda la iconografía esotérica, tiene un encanto especial que el dibujo de Mignola potencia exponencialmente, perfecto para esas ambientaciones a medias entre lo gótico y el folletín decimonónico (una serie que, por cierto y aunque parezca increíble, tiene muchas conexiones con Adèle Blanc-Sec, que estoy releyendo en la espectacular nueva edición que ha hecho Casterman en Francia con motivo de la película). Sin embargo, reconozco también que, por increíble que parezca, la serie se dispara en calidad cuando son otros dibujantes los que se encargan del rojo demonio. Es el caso del “spin-off” AIDP, donde Arcudi y Guy Davis exploran ese universo creado por Mignola con historias mucho más elaboradas, con más desarrollo de los personajes y de las situaciones. Pero, sobre todo, es el caso de Richard Corben, posiblemente el mejor dibujante para la serie tras el propio Mignola. La exuberancia de Corben, de bastas volumetrías y trazo organico, parecía poco compatible con la elegancia casi minimalista de Mignola, dominador de un sentido de la mancha de negro de milimétrica perfección. Sin embargo, para las incursiones del de Kansas el ahora guionista Mignola crea guiones que, sin alejarse de la filosofía del personaje, se adaptan como un guante a las posibilidades expresivas del dibujante. Si Makoma recuperaba en cierta medida las escenografías de Den, andando solitario por el desierto, en El hombre retorcido vamos a encontrar una historia que podría perfectamente haber aparecido en las páginas de Creepy, una historia de terror insano, de brujas y maldiciones, que aprovecha el dibujo rebosante de potencia y expresividad de Corben para conseguir una lectura plenamente disfrutable. Cada página de esta historieta actúa como una especie de nostálgico repaso a toda esa época de historias cortas de terror, con referentes casi ineludibles, que Mignola repasa con esa ironía y mala leche que siempre ha caracterizado al personaje, mientras que Corben desata ese huracán de narrativa explosiva que le caracteriza. Mención especial al color de Dave Stewart, que en su previsibilidad –usando el rojo sólo para Hellboy-, no deja de conseguir un resultado excelente.
Un tebeo muy entretenido (2+).

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