¡Puta guerra!

Recupero y reviso la reseña que hice de la edición francesa de ¡Puta guerra!:
La enfermiza obsesión de Jacques Tardi con la primera guerra mundial tiene un nuevo capítulo: ¡Puta guerra!, una serie Norma recopila en un único integral y que, a mi entender, es uno de los trabajos más sugerentes del francés. Sabíamos ya que Tardi siempre ha sido un autor de fuerte base fotográfica, plasmada en esos fondos rigurosos y cuidadosamente documentados, sobre el que la acción parecía flotar con esa tradicional puesta en escena que siempre alejaba del centro de la imagen a la figura humana, dando mayor voz a los escenarios. Pero lo que era una reconocible característica de su estilo, en ¡Puta guerra! se alza como protagonista absoluto. En gran parte del álbum, abandona completamente la necesidad de unión entre el argumento escrito y el gráfico, optando por acompañar el discurso del narrador con un seguido de imágenes a modo de fotos fijas de los horrores de la guerra. En estas páginas no hay intención de secuencialidad dinámica entre las imágenes: el hilo conductor de todo el libro es el relato, pero las viñetas logran una coherencia propia de una potencia indiscutible. Siguiendo en cierta medida el camino marcado por Emmanuel Guibert en El fotográfo, el dibujo se convierte en testimonio continuo, en una yuxtaposición de imágenes sin sucesión intencionada que, sin embargo, adquieren un sentido lógico, un discurso paralelo que refuerza poderosamente el mensaje escrito más allá de las características propias y comunes con un texto ilustrado. Acompañado del historiador Jean-Pierre Verney, Tardi logra sin duda su denuncia más brutal de la guerra y sus consecuencias, en una originalísima obra sobre la que hay que añadir un debate más: el formato. En estos tiempos de “novela gráfica”, ¡Puta guerra! adopta originalmente el formato de periódico, alternando la historieta con los textos de Verney y aportando todavía más lógica a la elección narrativa de Tardi, ya que el realismo fotográfico de las imágenes que se puede entender como fotoperiodismo de las locuras de la guerra, incluyéndose de forma natural en este formato y adquiriendo todo su sentido. Además, igual que en L’Etrangleur, el formato aporta una experiencia novedosa en un lector que ya no recuerda que en otros tiempos las historietas tenían en las páginas de periódico su medio natural.
Lástima que en nuestro país veamos sólo la edición en álbum y, además, en formato reducido. Afortunadamente, las dos elecciones editoriales no empañan la contundencia del mensaje de Verney y Tardi. Sin duda, uno de los mejores álbumes del francés. (4)

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