Max y Ana Merino en Palma

El miércoles 16 de junio, a las 20 h., se celebrará en Literanta (Ca’n Fortuny 4A, Palma), la conversación entre Max y Ana Merino Poética gráfica de bichos peludos y otros seres curiosos, sobre el arte de interpretar el imaginario de las cosas inexistentes. Serán presentados por Román Piña y se aprovechará el evento para presentar “Hagamos caso al tigre”, poemario asilvestrado para todas las edades que ha escrito Ana y ha dibujado Max.

La maldición de los 30 denarios

Si buscamos un símil válido con la literatura, Van Hamme podría ser una especie de Harold Robbins, John Grisham o Mary Higgins Clark. Escritores de best-sellers que suelen ser calificados peyorativamente cuando su único pecado es que son escritores con sobrado oficio que tienen el extraño don de conectar fácilmente con el público, con obras que cumplen su función de entretener sin más ambiciones ni ínfulas. Y de los que hacen falta muchos en la historieta, todo sea dicho. Desde aquella fundacional y simbólica –y, también, hija de su tiempo- Epoxy con Paul Cuvelier, Van Hamme se ha caracterizado siempre por firmar guiones sólidos y eficaces, más preocupados por conseguir una media de calidad estable y regular que alcanzar la gloria con algún destello aislado de brillantez. Ni Thorgal, ni XIII o Largo Winch estarán posiblemente en los listados de “mejores tebeos de la historia” pero es difícil encontrar a algún lector que pueda negar que ha pasado un buen rato con su lectura. Y eso, para series que se desarrollan durante décadas, es un listón realmente alto.
Una regularidad que contagia a sus intervenciones en Blake & Mortimer: tanto El caso Francis Blake como La extraña cita son álbumes que respetan escrupulosamente el legado de Jacobs y que proporcionan un excelente rato de lectura, siempre con la complicidad de un espléndido Ted Benoit a los lápices. Y que se repite, como era de esperar, en la primera entrega de La maldición de los 30 denarios: los tópicos temáticos de las aventuras de Jacobs son clonados con precisión; el carácter de los personajes, respetado; el estilo añejo de aventura, retratado a la perfección… Respeto y homenaje como principal referente (genial la “colleja” que lanza a Senté por sus últimos álbumes de la serie) que tiene como único pero que la labor gráfica del malogrado René Sterne (que falleció durante la realización del álbum, terminándolo su mujer, la colorista Chantal De Spiegeleer) está a años luz de la que nos habían habituado Ted Benoit y André Juillard. Aunque queda muy por debajo de los inmediatos precedentes, por lo menos es eficaz y permite disfrutar sin demasiados problemas de las peripecias de los íntegros Blake & Mortimer enfrentados, como siempre –y como debe ser- al terrible y malísimo Olrik.
Para pasar un buen rato (y a ver si la segunda entrega no se demora…) (2-)

Novedades de Astiberri de julio

Atentos al libro de Campbell, será uno de los libros del año…
(**) – El destino del artista, de Eddie Campbell. Blanco y negro. Rústica con solapas. 96 páginas. Tamaño 15 x 21,5 cmm. PVP: 16 euros
(**)- Ensalada de Niza, de Edmond Baudoin. Blanco y negro. Rústica. 264 páginas. Tamaño 17 x 24 cms. PVP: 20 euros
Una vida en China 1. El tiempo del padre, de Li Kunwu y P. Ôtié. Blanco y negro. Rústica
256 páginas. Tamaño 17 x 24 cms. PVP: 20 euros
(**)- La infancia es el infierno, de Matt Groening. Blanco y negro. Rústica. 48 páginas. Tamaño 23 x 23 cms. PVP: 8 euros
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Blast

Treinta años hace ya de Arrebato. Cómo pasa el tiempo. Todavía recuerdo el impacto que produjo la visión de esta película en mi cerebro adolescente (no la vi en el estreno, recuerdo que la primera vez que la vi fue unos años después en el añorado Valencia Cinema). La hipnótica propuesta de Zulueta me dejó completamente noqueado y, aún hoy, me sigue provocando extrañas sensaciones. No es mi intención entrar a analizar o elucubrar aquí sobre el arrebato que fascina José, pero es imposible no establecer paralelismos entre ese momento congelado en el tiempo que capta la cámara y el viaje lisérgico que busca Polza, el protagonista de Blast, la última obra de Manu Larcenet. La obsesión por ese momento tan mágico como misterioso lleva a los dos protagonistas a abandonarlo todo para iniciar un descenso particular a los infiernos…. y ahí se acaban las coincidencias, porque todo lo que son aciertos en la obra de Zulueta son despropósitos en la de Larcenet. O quizás, más que despropósitos, paletadas de cal y arena con las que uno no sabe muy bien a qué carta quedarse. Sirva como ejemplo ese planteamiento sugerente de la serie: un interrogatorio policial del que sólo sabemos que Polza ha hecho algo a Carole. No sabemos quién es Carole. No sabemos qué le ha hecho, pero las pistas que deja Larcenet parecen hablar de un terrible crimen. Una presentación que sin ser original puede dar de sí, pero que se echa por tierra automáticamente con un protagonista cargado de tópicos que intenta jugar la carta de la imposibilidad de la identificación del lector presentándolo como mórbidamente obeso (¡Ay! ¡Que los gordos tenemos un corazoncito!) y misántropo. Lo que parece justificarse por ser escritor de libros gastronómicos, que ya se sabe que los críticos culinarios son muy pérfidos. Que se lo digan a Robert Morley. Aunque la verdad es que el protagonista de Blast parece sacado de uno de los episodios de House más que tener algo en común con los siempre admirados Xavier Domingo o Néstor Luján.
Pero aceptemos crítico culinario gordo como sinónimo de misántropo y villano de la película. A partir de ahí, Larcenet plantea el interrogatorio policial como una ventana a la particular filosofía personal de Polza y su búsqueda del “blast”. Podía ser interesante, pero Larcenet opta por dotar al discurso de su personaje de una trascendentalidad que lastra completamente la lectura. Diálogos pomposos y artificiales que alejados de un anclaje real – que ya practicó en Los combates cotidianos- o de un punto de humor que consiga establecer ciertas distancias, resultan pedantes. A cambio, no se le puede negar a Larcenet la fuerza visual de su planteamiento gráfico. Con un blanco y negro poderoso, vital, las imágenes de las viñetas desarrollan una reflexión mucho más poderosa que la que narra el protagonista. De hecho incluso se produce un perverso efecto de contaminación: los textos consiguen aminorar el impacto plástico del excelente trabajo del dibujante. Basta hacer una prueba: leer Blast sin recurrir a los bocadillos, dejándose llevar por el simbolismo y el vigor de las imágenes es una experiencia mucho más satisfactoria y sugerente.
Demasiadas irregularidades para una primera entrega que deja pocas ganas de afrontar la siguiente. Me quedo con la enésima y siempre gozosa revisión de Arrebato.

Poética gráfica de bichos peludos y otros seres curiosos

El miércoles 16 de junio, a las 20 h. se celebrará en Literanta de Palma (Ca’n Fortuny 4A) la charla “Poética gráfica de bichos peludos y otros seres curiosos”, una conversación entre el dibujante Max y la poeta Ana Merino sobre el arte de interpretar el imaginario de las cosas inexistentes. Se presentará, además, “Hagamos caso al tigre”, poemario asilvestrado para todas las edades que ha escrito Ana y ha dibujado Max. Serán presentados por Román Piña
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Viñetas serias

Del 23 al 25 de septiembre se desarrollará en Buenos Aires el Primer Congreso Internacional de Historietas Viñetas Serias. Una interesante cita para la investigación en historieta que demuestra el importante empuje que está teniendo la historieta en el campo académico. Y no será la única noticia que tendremos… :)
Toda la información, en la web: http://vinetas-sueltas.com.ar/congreso/

Lecturas variadas

Batiburrillo de lecturas que tenía encima de la mesa y que han ido cayendo sin orden ni concierto. Por ejemplo, La teoría del grano de arena, nueva entrega de Las ciudades oscuras que servidor esperaba con ganas por diferentes razones: primero, porque soy fan de la serie, para qué negarlo. Segundo porque había leído la primera entrega en francés (Norma recopila en un único volumen las dos entregas, remontando el formato apaisado original por otro vertical) y me había quedado en una incómoda “lectura interruptus”. A lo que vamos: es indiscutible que Schuiten y Peeters habían conseguido que su ciclo de Las ciudades oscuras mantuviese un nivel medio envidiable, aunque también instalado en cierta sensación de paradójica previsibilidad, atendiendo a la necesidad que la base argumental de la serie tenía de cierta sorpresa continuada. Perfecta aporía de la que era difícil salir y que estaba lastrando el desarrollo de este universo de singularidades y misterios arquitectónicos. La teoría del grano de arena intenta salir de esa rutina en la que se había establecido la serie para volver estrictamente a los orígenes, con un planteamiento argumental que recupera esquema y motivación de La fiebre de Urbicanda: el impacto de lo inexplicable en los rígidos esquemas de una sociedad aparentemente perfecta. Si en aquellos sugestivos inicios de la serie la magnificencia de Urbicanda era atacada por la sencillez de una estructura geométrica básica, el cubo, ahora la majestuosidad de Brüssel es minada por la simplicidad de elementos como la arena, la piedra y la bruma. Schuiten y Peeters vuelven al blanco y negro de trazo delineado y plumilla de grabador para ir creando una historia que se mueve como pez en el agua entre la aventura de Verne y la fascinación por lo urbano. Para los que llevamos más de cinco lustros fascinados por las imposibles topografías de las ciudades oscuras, un álbum de lectura obligatoria que deja, sin embargo, regusto de una molesta inercia: es un buen álbum, una lectura de lo más entretenido, sí, pero la sensación es que estamos leyendo y releyendo la misma historia desde diferentes prismas. Que esa investigación que se inició en Samaris parece parada en una peligrosa autocontemplación donde es difícil aportar nuevos caminos: la vuelta a las estructuras iniciales, el uso de personajes como Marie, la chica inclinada… son vueltas alrededor de un centro de gravedad que parece excesivamente fuerte. Pequeños peros de aficionado irredento a la serie que no empañan, en absoluto, el buen rato que proporciona la lectura de este álbum. (2+)

Sigo con lecturas a las que tenía ganas: Los impostores, de Christian Cailleaux. Un autor al que tengo marcado como de “seguimiento obligatorio” tras leer la soberbia R97 (con guión de Bernard Giraudeau) aparecida hace un par de años. Dibbuks recopila en un único volumen esta serie, anterior en el tiempo, pero en la que ya se pueden comprobar las buenas maneras del autor. Historia de mentiras y suplantación de identidades que es capaz de evolucionar desde la interesante reflexión sobre la identidad social basada en las apariencias y la labor del escritor como generador de ficciones/realidades hasta una apasionante historia de timadores de milimétrica factura. Quizás, editado en un solo volumen, las propuestas de Cailleaux parecen demasiado ambiciosas y dispares, pero reconozco que la lectura me ha resultado entretenidísima y de lo más gratificante. Ese omnipresente escenario años 50, la larga sombra de Loustal en el estilo del dibujante, la más que correcta puesta en escena… Todo contribuye para que uno se zampe de un bocado el integral que publica dibbuks y se quede perfectamente saciado de noveno arte.

Otra de las lecturas sabrosona siguiendo el símil gastronómico ha sido la segunda entrega de Lulú, mujer desnuda, de Etienne Davodeau (La Cúpula), que confirma, rubrica y eleva a la enésima potencia, si se me permite, la admiración que tengo por este autor y las buenas impresiones que me proporcionó la primera entrega de la obra. A todo lo dicho en su día sólo podría añadir parabienes, excelencias y agasajos de todo tipo. Así que me callo y reafirmo que Lulú mujer desnuda es uno de los mejores tebeos que pueden leer ustedes este año (4).

La parte agridulce me llega con Todo el polvo del camino, de Wander Antunes y Jaime Martín. Un álbum esperado por las buenas referencias, tanto externas como personales. Las críticas han sido en general buenas, pero mi interés venía tanto por el respeto que tengo al dibujante como por el buen sabor de boca que me dejó la colaboración de Antunes con Tirso Cons, El ojo del diablo. La apuesta era arriesgada y eso siempre se debe agradecer: intentar seguir el camino de Steinbeck para analizar la América que dejó la depresión del 29 no era tarea fácil. Evitar caer en los tópicos pero sin renunciar a ellos, obviamente; no hacer un simple remedo y aportar una lectura personal era difícil. Antunes consigue establecer una estructura argumental que apunta muy buenas maneras en su arranque pero que, por desgracia, es atrapada por excesos literarios que recargan pesadamente los diálogos. Los personajes se desdibujan y las situaciones quedan a veces tan exageradas que pierden la credibilidad y realismo que exige el relato. A su favor hay que defender el atrevimiento con que aborda la parte final de la trama, atípica en su propuesta y funcionamiento, pero que permite ver con más condescendencia los peros iniciales. Eso sí: si a la parte argumental se le pueden poner muchas objeciones, a la parte gráfica sólo le pueden loas y epítetos sonoros. Impresionante lo que hace Jaime Martín, que firma un trabajo narrativo espléndido. Sabedor de que en una historia de este estilo la historieta es más arte invisible que nunca, aborda la realización desde un clasicismo gráfico impecable, de estilo elegante y perfeccionista (que recuerda mucho a Pellejero), donde despliega un ejercicio de narrativa sobria, austera, de eficacia indiscutible. La aparente sencillez del resultado esconde una labor de esas que hay que pararse para analizar y disfrutar. Elipsis perfectas, ritmo y cadencia medidas con metrónomo, una puesta en escena sobria en la que cada línea y elemento es imprescindible, una composición tradicional pero de cinematográfica efectividad. Reconozco que lo primero en lo que he pensado cuando pasaba las páginas de este álbum es en el Raymond de Rip Kirby o en el Toth de Bravo. Impresionante lo de Jaime Martín, oigan. Lo malo es que esa “invisibilidad” de la parte gráfica resalta todavía más los inconvenientes argumentales que comentaba. (1+)

Aquest cap de setmana ComiCat a la Fira MerCAT de Girona

[Nota de prensa]
Com s’ha filtrat a diversos mitjans, aquest proper cap de setmana ComiCat estarà a la Fira MerCAT a Girona amb un estand on tindrem el bo i millor del còmic en català. A banda de poder adquirir còmics en català editats per Norma Còmics i Edicions Glénat, que amablement ens han cedit part del seu catàleg en diposit per poder-lo oferir al public de la Fira, també portarem un dels millors llibres sobre còmic en català, la Guia ComiCat 2009. I per qui encara no la tenia la del 2008.
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