Microrreseña Gustavina

El horror de las dictaduras no es tema recién llegado a los tebeos. Muchos son los tebeos que han reflejado la angustia de las víctimas y las tropelías de los dictadores, pero me ha sorprendido la paradójica visión que adoptan Lucas Varela y Carlos Trillo en La herencia del coronel. Evitan caer en lugares comunes y toman un punto de vista poco habitual: no el de aquellos que reclaman justicia por los que desaparecieron, sino el del hijo de un sangriento torturador de la dictadura. Los sufrimientos de las víctimas llegan a través de la demente enajenación que padece el hijo, narrados a través de una neblina que transforma el recuerdo de una realidad de criminal salvajismo en una especie de cuento de terror enloquecido y perverso. El resultado no puede ser más turbador y efectivo: Elio Gustavino, ese hijo enloquecido por el amor de una muñeca, no es más que una parábola que desvela hasta qué punto la sociedad queda fracturada y afectada por la dictadura, por una violencia que nunca será superada y que se enquista profundamente en la psicología colectiva, gestando una inmensa colección demonios privados que nunca terminan de desaparecer.
Muy, muy recomendable (3)

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