Lecturas variadas

Rápida reseña de dos tebeos que me han encantado y de los que no quiero dejar de hablar: en primer lugar, la espeluznante Aula a la deriva, una obra que se podría entender como una especie de revisión libre, hiperbólica y exagerada del clásico de William Golding, “El señor de las moscas”, que retorcida mente de Kazuo Umezu lleva a extremos inimaginables. Es cierto que la dramatismo continuado puede hacer pensar en cierta teatralidad, pero aceptando que es parte de un contexto narrativo habitual en los años 70, la aventura de estos niños abandonados a sus suerte en un futuro apocalíptico consigue hacerse absolutamente angustiosa, en un crescendo de tensión que en algunos momentos se antoja sádico tanto para los protagonistas como para un lector que se ve sobrepasado por la dureza de las decisiones de los niños. Un clásico del terror que demuestra que el género sigue siendo válido en la historieta, que se puede pasar verdadero miedo pese a no disponer de los recursos que tienen otras disciplinas como el cine (4).
El segundo, Abulio, de Joan Cornellà, espléndida primera obra larga de un autor que ya estaba descollando en Amaniáco y El Jueves como una de las promesas más interesantes del tebeo español con esa particular y personal adaptación del recargado estilo caricaturesco de Drew Friedman. De difícil definición, Abulio podría definirse como una suerte de Ignatius J. Reilly surrealista, capaz de beber tanto de la psicodelia de Lynch como de la mala leche de Vázquez, en un mezcla tan aparentemente antinatural como efectiva. O en una versión del McCarthy más apocalíptico adaptada por el Azcona más corrosivo, que también podría ser. En cualquier caso, tebeo recomendadísimo y autor a seguir muy de cerca en el futuro (3).

Descargas

Qué complejo es hablar de la descarga de archivos sin caer en el baldío terreno de la proclama, la propaganda inflamable o el maniqueísmo facilón. Difícil porque me cuesta creer en la criminalización por la que abogan las apocalípticas proclamas que nos llegan desde la industria contra una práctica que no es más que la actualización globalizada y tecnologizada del cambio de tebeos que hemos hecho toda la vida, pero también porque es evidente que en mercados pequeños como el nuestro es ingenuo pensar que su impacto no es menor y puede ser incluso mortal. Complejo porque también creo que mucho de lo que hay detrás de la persecución del intercambio son los zarpazos indiscriminados de una industria que se ciega e intenta sobrevivir manteniendo caiga quien caiga su lucrativo modelo actual de negocio, incapaz de ver más allá de su ombligo y no darse cuenta de que el mundo ha cambiado y que la cultura ha encontrado un nuevo canal de distribución tan masivo como incontenible. Pero, también, porque el aficionado está cayendo en el grave error de confundir la libertad de la cultura con la cultura de lo gratis: lo ideal, evidentemente, sería un libre y total acceso gratuito a la cultura, pero eso parece imposible en un mercado capitalista que se reitera y prevalece pese a las crisis. El autor, el elemento clave y necesario de la cultura, necesita vivir de su obra y un modelo capitalista obliga a cobrar por su trabajo. Defender un modelo de cultura que bebe de las fuentes de otro modelo económico, por mucho que nos guste a muchos, es ingenuo y chocará con la terrible realidad de que el autor dejará finalmente de crear. Es evidente que eso no implica mantener el actual modelo que sigue emperrado en el caduco concepto de pago por unidad, pero sí que deberán existir vías para que los autores puedan cobrar por sus obras. Ideas nuevas como las que plantea Amusedom, llevando la autoedición al escenario de las redes sociales para aprovechar todo su potencial de promoción y difusión viral, intentando que el autor cobre desde una perspectiva completamente distinta. O como las de Sandwave, una especie de mercado de futuros del tebeo donde los lectores se convierten en futuros accionistas de las ganancias de los autores invirtiendo por proyectos que consideren de calidad suficiente como para ser viables.
Me ha costado escribir el artículo que publica hoy EL PAÍS, intentando dar a conocer un mundo en el que los conceptos como cultura, piratería, libertad o mercado se mezclan con demasiada alegría. Tenía, eso sí, una idea clara: al final, sólo existe una salida, el difícil equilibrio entre la comodidad del lector, las ventajas de las nuevas tecnologías y el respeto a los derechos de autor. Aunque eso suponga cambiar por completo todo lo que conocemos hoy como industria del cómic.

Ventas

Impresionante análisis del Direct Market americano a lo largo de las últimas décadas. Ojito a algunos datos, como la lenta decadencia del comic-book frente al espectacular auge del trade paperback, el tomo recopilatorio, que ha arrastrado de forma efectiva el aumento de ventas de cómics en el Direct Market. E interesante también el absoluto monopolio de Marvel y DC, que funciona casi, casi como un sistema complementario donde el resto de editoriales se dsitribuye las migajas sobrantes…

Peanuts deja UFS

Estaba cantado: Peanuts deja United Features Syndicate. Tras la muerte de su creador y tras 60 años de fidelidad al sindicato, los actuales depositarios de los derechos vendieron la franquicia a Iconix, sentenciando en la práctica la relación que Schulz tuvo con UFS durante tantos años. Vale la pena releer Schulz, Carlitos y Snoopy, el libro de David Michaelis editado por Es Pop Ediciones para comprender hasta qué punto esa fidelidad era importante para el autor.

Antología de webcómics 2010

Tras la publicada en 2009, nueva antología dedicada a los webcómics españoles:

Antología de webcomics 2010. 200 páginas. BN. 26 x 18 cm. Encuadernación: rústica. PVP: 10 €
La selección y edición han sido realizadas por David Prieto, la portada es de Megachix, el prólogo es de Andrés Palomino y la idea del invento es de Listo Entertainment. Se planean presentaciones en Burgos (11 de septiembre), Barcelona (25 de septiembre), Málaga (2 de octubre), Madrid (9 de octubre) y Valencia (16 de octubre). Más información en antologiadelwebcomic.com

Enlaces variados

Poco a poco, recuperando la normalidad: un racimillo de enlaces variados, aunque no sea lunes..
Sobre Tebeos, un blog dedicado a buscar recursos académicos sobre historieta.
Tebecedario un alfabeto comiquero muy particular
Esto va de cómics, reivindicando los cómics.
El devorador de cómics, o la degustación gastronómica de los tebeos.
Karmacomic, el blog de Raúl Martín.
El arte secuencial, extraordinario blog con completísimos artículos sobre series y personajes.
Se veía venir, el blog de ALejandro Casasola.
¿Cuál es el próximo evento?, un útil listado de próximos eventos comiqueros.
Malabares en su Tinta: “El Plato del Día”. Incluye ensalada templada de Circo y de postre una mousse de Cómics con sirope de Novela Gráfica
La tertulia de Studio, recuperando el tebeo clásico
Airin Takanawa Novelas gráficas, cine de culto, buena música, libros, arte y helados.
Viñetas y bocadillos, el blog del programa de Radio 5
La Colección de ArteAlfa: todo sobre el coleccionismo de Tintin
Pecios, un blog dedicado a los cómics y la literatura con alguna entrada para recordar
El foro de la BD, un foro dedicado a hablar de la BD
Tbeo y no lo creo, blog de uno de los grandes especialistas de tebeo de nuestro país, Florentino Flórez.
Trueno, el blog de la Asociación de AMigos de El Capitán Trueno
Mostra Cómic Blog de informaciónde la próxima Mostra del Cómic de Valencia
La burbuja de Alejandro Atentos a sus entradas con los famosos El Cómic Vivo, el cadáver exquisito que publicaba Comix.

Magdalenas

Ya lo decía el amigo Proust: no hay nada como una buena magdalena y un té –ya saben ustedes, costumbres británicas, supongo que funciona igual con un Cola-Cao- para rememorar momentos de nuestra existencia. Y no sólo magdalenas, incluso tebeos, que aunque la cosa no tenga que funcionar literalmente, en este caso lo sobrepasa y casi se convierte en una especie de experiencia metalingüística. Me explico: leía yo el último Taniguchi con el prejuicio y tranquilidad de saber que me iba a gustar (el japonés es regular como un reloj suizo y sus obras se enmarcan siempre en un rango que va de lo notable a lo magistral, se agradece), pero debo reconocer que lo que no me podía imaginar es que se transfigurara en semejante metamagdalena proustiana. Meta por varias razones: la primera, porque la cosa va de comidas: páginas y páginas viendo a un señor comiendo. Lo que oyen. La segunda, porque Taniguchi y Kusumi usan el método proustiano a conciencia, usando la comida como evocador de sensaciones y recuerdos que nos permitan conocer un poco más a este desconocido comercial del que sólo sabemos de sus gustos culinarios. Y la tercera, y más personal, porque servidor, cuando pensaba en que escribir de este tebeo, se veía apabullado por el recuerdo machacón de “y dá unas ganas de comeeeerrrrrr” (con acento, sí) de la Kina San Clemente . Cantinela que me taladraba el cerebro no tanto por cuestiones de real apetito despertado (que también, pero menos, uno no es mucho de comida japonesa) sino porque pensando en que la lectura del tebeo podía dar lugar a salivaciones varias me ha venido la magdalena cual bofetón con forma de la cancioncilla dichosa. Cosas generacionales, porque para los que no lo sepan, los niños que vivimos la infancia a finales de los 60 éramos atiborrados de la bebida espirituosa para fomentar el apetito (algo tendrá que ver con mi tonelaje actual). Lógico, visto las bondades que la televisión proclamaba del licor, lo contentos que estábamos nosotros con la colecciones de muñecos que regalaban (los kinitos, para que luego piense McDonalds que lo de regalar muñecos es invento suyo; además, hasta Ibáñez hizo tebeos con los tunillos estos…) y los evidentes efectos que tenía la milagrosa kina: comer no sé si comeríamos (bueno, yo sí), pero tranquilitos no veas lo que nos quedábamos con la melopea que agarrábamos todos los días a base de lingotazos de kina…
El caso es que, con magdalenas mojadas en kina o sin ellas, El gourmet solitario es uno de esos tebeos donde Taniguchi vuelve a demostrar esa maravillosa capacidad de atención hacia las pequeñas cosas de cada día, transformándolas en sujeto de reflexión pausada, reposada y sosegada, que obliga al lector a imitar a los protagonistas y mirar con otros ojos un simple paseo o la comida de cada día. Brillante. Y apetitoso. (3+)