Lo Peor de Vázquez

Si el señor Manuel Vázquez (no Montalbán, ya saben, el pintamonas que dicen) no hubiera tenido la suerte o desgracia de nacer bajo los Pirineos, seguramente estaríamos debatiendo sobre si el trono del humor más bestia e iconoclasta se debe adjudicar a Reiser o a Vázquez. Incluso uno piensa que si el francés ni hubiese perdido el combate con el cáncer con sólo 42 años, uno y otro se tomarían cañas y pinchos descojonándose de todos aquellos que estuviéramos metidos en ese debate. O quizás, si estas cosas del cielo, infierno y demás paraísos es verdad, ambos están ahora partiéndose el alma o lo que sea a costa de nosotros. Porque lo de Vázquez es genio puro, se diga lo que se diga. Las historietas de Lo peor de Vázquez demuestran que este crápula de tomo y lomo había convertido su vida en un sainete moderno, en la mejor continuación de la picaresca española del XVI y XVII. Muy a su pesar, posiblemente, cuando se dio cuenta de que persona y personaje se había convertido en inseparables, pero a mayor gloria de la historieta española, que conseguía una leyenda construida a golpe de leyendas urbanas que, por una vez, eran siempre ciertas.
Las 600 páginas del libro editado por Glénat son una recopilación de buena parte de lo publicado por Vázquez desde que dejó Bruguera en los 70 y se dedicó al “cómic adulto”, eufemismo poco acertado para definir a un monstruo del humor desatado, sin límites ni imposiciones, llenas de humor bestia, sexo, escatología, violencia, incorreción y, sobre todo, una visión socarrona de la vida irresistible, que comienza por reírse de sí mismo con vehemencia casi cruel. Sin tregua ni piedad: mira que este tipo de integrales suele tener como desventaja aquello de que lo poco gusta y lo mucho cansa, aconsejándose su consumo en pequeñas dosis para no saturarse… pero en este caso, ni de coña. Hay que pegarse el atracón del más de medio millar de páginas, quedarse en estado de shock por el salvajismo vazquiano para que nuestro cerebro sufra uno de esos necesarios procesos de limpieza y desastacado de neuronas.
Sólo un par de pegas: es una lástima que sólo se hayan incluido las obras que Glénat editó en la colección by Vázquez. Se echa mucho en falta tanto Don Cornelio Ladilla y señora como la etapa de humorista gráfico en El Observador (sólo recopilada en un pequeño catálogo editado por el salón del Cómic de Granada que vale su peso en oro). La segunda, que siendo Glénat editorial que mima al máximo sus ediciones de clásicos españoles, no se entiende que en este caso no se haya optado por un orden cronológico o, al menos, una mínima información sobre dónde y cuándo fueron editadas inicialmente las obras recopiladas. Un pequeño detalle que habría hecho la edición casi perfecta.
En cualquier caso: compra obligada.