Derecho de suelo

Es indudable que Charles Masson no es un gran dibujante, cierto es que ha dado un paso de gigante en el apartado narrativo desde Sopa Fría, pero sigue siendo técnicamente tosco y con muchas carencias. Sin embargo, todas esas limitaciones se ven paliadas por la visceralidad y pasión con la que se embarca en sus proyectos, con esa emoción contagiosa del que necesita contar su historia. Ese entusiasmo impregna todas las páginas de Derecho de Suelo, una dura denuncia del colonialismo más brutal que Francia sigue practicando en sus colonias que, pese a todo, no cae en ningún momento en la fácil tentación del maniqueísmo de un panfleto acusatorio, al contrario, construye un trabajado y completo panorama de la vida diaria en Mayotte, en las Islas Comores, que tras su apariencia de retrato costumbrista de las relaciones humanas en ese alejado rincón del Índico va dejando constancia y testimonio de la hipocresía de una sociedad “avanzada” que tras la máscara del “pero yo no soy racista, ¿eh?” practica de hecho y omisión un racismo y un comportamiento de paternalismo colonial execrable, de un cinismo cruel que provoca todo tipo de injusticias sociales y abusos que luego se intentan justificar como defectos del sistema. Masson construye su historia con un caparazón de aspecto normal que no parece, ni de lejos, tener la dureza que anuncia su prólogo, una trampa bien urdida para que traguemos con facilidad una cápsula que al deshacerse irá destilando su contundente mensaje de denuncia, del horror que esconde esa pátina de primer mundo que nos hemos creado pero que sólo dejamos al alcance de unos pocos.
Uno de esos libros que, tras su lectura, nos hacen sentir una profunda vergüenza ajena al saber hasta dónde podemos llegar los seres “humanos” y que resulta, por desgracia, una lectura especialmente indicada para estos tiempos. (3)
ENLACES:
Entrevista al autor (en francés)

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