Ken Games (y 3)

Pese a que la primera entrega me gustó bastante, reconozco que escondía muchas dudas sobre el posterior desarrollo de Ken Games. La apuesta de Robledo y Toledano por unir aparentes inmiscibles como el boxeo y las matemáticas, enmarcarlo todo en un escenario de mentiras que, a su vez, forma parte de una trama de mafias, asesinos profesionales y timadores y, para colmo, narrar una historia de amistad era una apuesta más que arriesgada, suicida. Cierto que en la primera entrega los autores medían al milímetro las hechuras de este complejo traje y que, sorprendentemente, aguantaban el tirón obligado de todos los opuestos metidos ahí, pero mantener ese equilibrio inestable durante tres álbumes parecía una tarea imposible. Tanto o más que darle un final creíble a la historia, todo sea dicho… Muchos retos para autores debutantes que podían pagar su exceso de ambición, aplastados por la recurrente razón de ese refrán que anuncia que “quien mucho abarca, poco aprieta”.
Pero mire usted por dónde, el segundo asalto de este combate entre ambiciones y autores se saldaba con victoria a los puntos de los autores. Pese a las dificultades, pese a que el traje comenzaba a rasgarse por algunos sitios, los autores conseguían mantener la verticalidad del conjunto y que la historia siguiese siendo entretenida e interesante. Verdad es que me chirriaron algunos giros argumentales y que, en general, la segunda entrega me pareció inferior a la primera, pero era indudable que el interés seguía intacto y, para qué negarlo, aumentado por la vía más morbosa: ¿aguantarían los autores el tercer asalto? Una tercera entrega que tenía que lidiar, además, con la necesidad de un final coherente que podía ser transformarse fácilmente en su peor enemigo. Demasiados peros para unos autores que, parecían salir tocados y agotados de la segunda entrega de la serie.
Pero no contaba yo con que estábamos ante una historia de tahúres y engaños y que, como tales, se estaban comportando Robledo y Toledano, engañando al crítico contendiente para amagar un uppercut directo a la mandíbula en forma de tercer álbum de la serie, Ciseaux. Ya no sorprenden en su uso brillante de la narrativa, en ese trabajo minucioso de composición y de la atmósfera cromática, pero lo hacen componiendo un final tan sorprendente como autoreferencial y, paradójicamente, tan lógico como inesperado.
(¡Atención, sigue un pelín de spoiler!, seleccionar para leer)
Un final que es de nuevo un monumento de engaños, que reviste la apariencia de felicidad de amargura y dolor. Reconozco que en un momento dado me decepcionó que el argumento discurriera por el acontecimiento más esperable, pero me sorprendió la manera de resolverlo y dar un golpe de timón inesperado.
(Fin de spoiler)
Una trilogía que gana muchos enteros en su lectura completa (¡a ver ese integral!…aunque perderemos la excelente composición de las tres portadas, probad a colocarlas juntas) que demuestra el buen pulso de unos autores que saben conjugar calidad con una historia que sabe traspasar los límites de los géneros para crear una historia tan entretenida como eficaz (3-).

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