Sexo, amor y pistachos

Que sí, que el tebeo autobiográfico es cojonudo y que autores como Rabagliatti, David B y demás hacen verdaderas virguerías en él, pero me perdonarán ustedes que diga, así como quien no quiere la cosa, que las entregas autobiográficas que espero con más ganas son las de Ramón Boldú. Porque sí, porque este hombre tiene la capacidad imposible de transformar la escena más delirante y esperpéntica en algo normal y cotidiano. Que da igual que esté hablando de los problemas de una sumisa con su amo, de los aconteceres y dificultades del rodaje de una película porno en el que tiene que meter a su hijo de traductor o de la pérdida del espíritu hippie de los 70, que al final es un relato veraz de la vida que nos rodea dibujado con litros y litros de mala leche –y me perdonarán la expresión, hablando de películas porno- que, paradójicamente, aportan sentido común a un mundo donde parece que no existe. Y eso, oigan, sin perder ni un ápice de su capacidad de hacernos reír aplicando aquél famoso “tiemble después de haber reído” porque, al final, nos estamos riendo de la triste realidad que nos rodea, a saber, que estos romanos están locos.
Menos mal que nos queda Boldú y su Sexo, amor y pistachos para recordarnos que en esta vida, lo importante, lo realmente importante, es vivirla hasta el último minuto. No se lo pierdan (3)

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