Plaza Elíptica (¡vuelve El Capitán Torrezno)

Casi cuatro años ha durado la espera. Se sabía que la cosa iba a ser larga, que Valenzuela tenía que desintoxicarse de Torrezno para poder volver con bríos a la que es, sin duda, la mejor saga que el tebeo hispano ha dado en esta década. Pero fue mucho más larga. Pasaron los dos años avisado y Torrezno seguía sin dar señales de vida. Y un año más. Y claro, uno pensaba que el pobre, al final, estaría en ese ático al que están llamados los adoradores de José Hilario, cansado un poco de tanta batalla, que no es fácil combatir contra el imperio mientras se crea todo un universo con sus reglas y leyes fundamentales propias a la par que, de paso, uno se saca de la manga un nuevo género de fantasía azconiana o de costumbrismo tolkyeniano, que no sé yo si tanto monta o monta tanto, pero por ahí van las cosas.
Y llegó el cuarto año, ya decididos a la resignación del olvido cuando por fin llega Plaza elíptica, nueva entrega de las aventuras torreznianas que me leo de una sentada. Sentada larga, aviso, que el estilo de Valenzuela es de los que obliga a leer en cómodo sofá, con las pantuflas, bebida, algo de picar, mente despejada, tranquilidad y muchas horas por delante, que hay que desgranar esas viñetas sobrecargadas de texto y dibujo con precisión de orfebre para poder disfrutar cada página.
Varias horas después, reconozco cierta decepción al ver el libro ya acabado. Uno, que es adicto al torreznismo, esperaba entrar ya en materia y ver cómo seguía la historia de este mundo en miniatura desde la primera página, pero Valenzuela ha optado por algo bastante más lógico tras el largo parón: centrar la historia. Y lo hace para que los que ya la leyeron y los nuevos que vengan se encuentren en igualdad de condiciones, narrando en paralelo la historia del mundo real ®, del mundo de José Hilario y una conversación entre maestro y discípulo que explica la filosofía de este mundo torrezno. Si uno se olvida del impaciente espíritu fan, el ejercicio es apasionante: como siempre, Valenzuela escribe para ser leído con detenimiento, para obligar a una reflexión que puede ser tan profunda como queramos, desde el simple ejercicio del chiste referencial a una disertación filosófica de alto nivel, impregnado todo de esa ironía magistral que deja al lector siempre al borde del descoloque. Un prólogo que actúa de resumen perfecto de los seis volúmenes anteriores, que encauza todas las ideas que se fueron dejando aquí y acullá, rellena espacios de lo ocurrido en esos cuatro años y recarga las baterías de este universo para volver a surcarlo con fuerza.
Vamos, que la decepción es ridícula, merecida por friki, porque lo que hace Valenzuela es estupendo y la lectura de este volumen se disfruta como la que más. Afortunadamente, la siguiente entrega se anuncia para dentro de un par de meses. Así que servidor se va frotando las manos, que el torreznismo es vicio mal y requiere de dosis muy continuadas. Y no vean el peaso panorama espectacular de intrigas que deja Valenzuela en ese epílogo final a modo de avance de lo que nos viene… (3+)

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