Actor Aspirante: Comedia en un acto

Decía yo hace ya tres años, con motivo de la aparición del primer número de Actor Aspirante, la serie de Max Vento, que prometía pero que tenía dos debes fundamentales: la caracterización de personajes, excesivamente teatral y tópica, y la gestualidad de su dibujo. Llegada la tercera entrega, no puedo menos que decir que Max Vento no sólo ha saldado sus deudas, sino que las paga con creces, porque Comedia en un acto es ya la obra de un autor sólido y formado, en la que precisamente aquellos “debes” se han transformado en virtudes a destacar y alabar. Juega con trampa, cierto, porque en el fondo Vento ha repetido en sus tres entregas estructura argumental (una obra de teatro que se mezcla con la realidad), pero en su última versión demuestra que es tan sólo un apoyo lógico y lícito en el que poder impulsarse para desarrollar con profundidad la personalidad de sus personajes, a través de unos excelentes diálogos y un desarrollo de situaciones donde lo teatral es ya simplemente parte del argumento. Y, con esa seguridad ya en la mano, Vento aprovecha para que todos aquellos que en las dos anteriores podían chirriar o entrar forzados, aquí fluyan con naturalidad: desde las referencias a los problemas que sufre toda una generación joven para acceder al mercado de trabajo a las reflexiones sobre las relaciones personales pasando por la continua retroalimentación entre realidad y ficción teatral. La aventura de este eterno actor aspirante se conforma ya como una de las sagas más interesantes y recomendables que se están publicando hoy en el tebeo patrio. (3)

San Valentín

Me van ustedes a permitir que para San Valentín les recomiende un libro en lugar de un tebeo: La escopeta de caza, de Yasushi Inoué. El amor, otra vez, pero visto desde una perspectiva sutilmente distinta. Uno de los libros más bellos que he leído y uno de mis preferidos. Apenas 100 páginas que se leen en un suspiro y se recuerdan toda la vida.

Premiando…

Es normal y comprensible que el Salón del Cómic de Barcelona busque sinergias con el cine y los videojuegos. No es que me entusiasme, pero las razones son justificadas: por un lado, las evidentes necesidades económicas del evento, ya convertido en un verdadero monstruo difícilmente manejable con unos presupuestos que además sufren recortes continuos y una crisis galopante, donde tanto la industria del cine como, sobre todo, la muy saneada del videojuego, son gigantes que pueden atraer inversiones al Salón de forma importante, ya directa, ya indirectamente, a través de la indudable inyección de visitantes arrastrada por una y otra. Por otro lado, ese aumento de visitas atrae, indudablemente, a nuevos lectores, favoreciendo la tan cacareada sinergia entre las diferentes industrias. Reconozco, eso sí, que no es un situación que me agrade por dos razones: primero, porque creo que la clara asimetría entre la industria del cómic, la del cine o la del videojuego puede dar lugar a la creación de una situación de peligrosa dependencia, que en ese ecosistema particular de la ley de mercado salvaje que vivimos se traduce automáticamente en depredación. Segundo, porque el Salón del Cómic de Barcelona puede tender a reconvertirse en un Salón de la industria del entretenimiento lúdico. Es lícito, desde luego, pero se corre el peligro de entender que la historieta es sólo una parte más de la industria del entretenimiento. Admito y creo fundamental la necesaria y obligada existencia de esa parte industrial como garante de la subsistencia del medio (tanto en el cómic como en el cine o los videojuegos), pero creo que la identificación unívoca de la historieta como entretenimiento nos puede hacer dar pasos atrás en la consideración sociocultural del noveno arte. Reconozcamos que la historieta es una forma cultural que forma parte, también, de la industria del entretenimiento en su riqueza y amplitud, pero no restrinjamos su función y existencia únicamente al entretenimiento por mucho que económicamente pueda ser la parte más importante del medio.
Sin embargo, lo que me parece un error importante es la inclusión de una categoría dedicada a “la mejor película basada en un cómic” dentro del palmarés de premios del Salón de Barcelona de este año. A falta de una Academia o de una organización que represente de forma completa a la profesión, los premios del Salón se han convertido con toda razón en los premios más importantes de la historieta en España, en una voz de la profesión y de la industria de reconocimiento hacia los mejores tebeos publicados en nuestro país. Añadir una categoría a “la mejor película” es un guiño evidente a la industria del séptimo arte que puede tener ventajas económicas, pero que pervierte por completo el sentido de los premios al anteponer cuestiones pecuniarias a la de prestigio y reconocimiento del propio medio. Se podían haber articulado muchísimas formas de incluir galardones tanto para el cine como los videojuegos dentro del Salón (como hace por ejemplo el Festival de Angoulême) mediante mecenazgos de empresas, asociaciones o instituciones, que se entregaran como un acto más de los programados dentro del Salón, pero fuera de un palmarés que por razones obvias debería quedar restringido a la historieta. Sinceramente, no veo qué interés para el cómic español puede tener dar un premio a la mejor película a Kick-Ass o Iron Man, la verdad. Del listado colgado por Ficomic en su web de películas “votables” (que ya parte de sorprendentes ausencias como las de “The Losers”, “Astroboy” o “Tamara Drewe” y de inclusiones extrañas como las de “Gainsbourg” –el cómic es posterior-), las únicas que podrías tener algo de sentido serían la espléndida “María y yo” o “El caballero del antifaz”, en tanto se basan en cómics españoles (saco de la lista a “El Gran Vázquez”, en tanto creo que no es una adaptación de un cómic, por muy interesante y relacionada que esté).
Creo que, mucho más importante que esta categoría es la reformulación completa de estos premios: inclusión de categorías dedicadas al tebeo infantil y juvenil (una parte del tebeo realmente importante en su futuro, presente y pasado que precisa de obligado reconocimiento y que, separado del resto se potencia a la par que se reconoce su importancia sin caer en la identificación peyorativa), a la realidad de las nuevas posibilidades de internet con el reconocimiento al mejor web-cómic, a la presencia del cómic en prensa con el reconocimiento al mejor humorista gráfico en prensa, la eliminación de categorías obsoletas como “mejor dibujo” y “mejor guión” (no se puede diferenciar una cosa de otra en la historieta, es imposible diferenciar de la lectura de una historieta dónde empieza la labor del dibujante y termina la del guionista, lo siento, que se premie a la mejor o a las mejores obras del año) y la inclusión, sí, de categorías que reconozcan a la industria: mejor calidad de edición, mejor labor de recuperación de clásicos, etc.
Ficomic es, de facto, la representación de la profesión. Y sus premios tienen una importancia y prestigio que obligan a un exquisito cuidado que no permita que se perviertan, al contrario, debe lucharse por el aumento de su prestigio y respeto tanto dentro como fuera de la profesión. Y, si se quiere, que se entreguen durante el Salón galardones a la mejor película basada en un cómic, la mejor adaptación a videojuego de un cómic, la mejor serie de TV basada en cómic o incluso mejor adaptación novelada de un cómic (que las hay), pero no dentro de ese palmares propio que debe ser por y para la profesión.

Exposición Vidas Ilustradas

[Nota de prensa]
La exposición “Vidas Ilustradas” se podrá ver en la Galería Víctor Lope Arte Contemporáneo del 17 de febrero al 30 de marzo
Vidas ilustradas es una selección de los últimos trabajos de artistas relacionados con el mundo de la ilustración y el collage. Miradas frescas, irónicas, que cuestionan los paradigmas de esta sociedad. Una ventana al mundo actual.
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Here, de Richard McGuire

La extraordinaria y vanguardista Here, de Richard McGuire ya había sido posteada hace un tiempo en Entrecomics, si no recuerdo mal, pero lo que no conocía es el vídeo realizado por Timothy Masick y William Traynor en 1991 que la recrea. Una sorprendente traslación que recupera Ciudadano Pop, que tembién publica la historieta original a buen formato, aprovechando que ha sido colgado completo en la página de Rutgers University por unos días.

Fnac presenta la exposición ‘Chico & Rita’

[Nota de prensa]
Este mes se estrena ‘Chico & Rita’, un emotivo filme de animación en el que han unido sus talentos el director Fernando Trueba y el diseñador Javier Mariscal. Una apasionada historia de amor entre un pianista y una cantante a quienes el destino va uniendo y separando durante sus vidas, como si de la letra de un bolero se tratara, con un telón de fondo de La Habana y Nueva York de los años 40 y 50.
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Elmer

La verdad, la primera vez que leí algo sobre Elmer, lo primero que pensé es en cuánto mal había hecho Art Spiegelman. Una ficción sobre las vejaciones a las minorías, donde éstas son representadas como pollos inteligentes, parece más una especie de hipérbole desquiciada de los ratones y gatos de Maus que algo original. Lo segundo que leí no mejoró las cosas: los Gallus Gallus adquieren de golpe inteligencia humana y se rebelan contra el hombre… “No, no es Maus. Peor, nueva versión de la Rebelión en la Granja de Orwell habemus. Adiós cerdos, hola pollos” , me temí (lo que me lleva a pensar que no estaría mal que alguien recopilara y publicara la excelente versión que realizó Xots Clapers para la revista Cavall Fort en los 70 y, ya puestos, que se reivindicara la obra de este grandísimo autor y se publicara también una recopilación del genial En Camús que realizó con Mautro)… y ahí se quedó la cosa.
Lo que me sorprendió es que las reseñas positivas se sucedían, a lo que hay que añadir que el hecho de que su creador, Gerry Alanguilan, fuera filipino, me atraía (no por nada en especial, pero uno sigue sintiendo especial cariño por esa segunda invasión Warren protagonizada por autores filipinos como Alex Niño -¡qué maravillosas locuras hacía este hombre!-, Alfredo Alcalá, Néstor Redondo o Tony Dezúñiga). El caso es que, resumiendo, me acabo de leer el famoso Elmer en la edición americana de SLG y no puedo decir menos que es un tebeo muy estimable. Cierto es que no hace nada nuevo, los referentes que citaba al principio están ahí, es evidente, pero el tratamiento y aproximación que toma Alanguilan es lo suficientemente diferente como para que no sean una rémora y, sobre todo, sabe dotar al conjunto de lecturas propias y personales. Más allá de la evidente crítica al tratamiento de las minorías, es posible encontrar interesantes reflexiones sobre los enfrentamientos generacionales y la familia que, si bien quizás adolecen de una visión en exceso condescendiente, no dejan de ser interesantes dentro de una narración donde el dibujante demuestra un excelente pulso narrativo. El sólido dibujo realista de Alanguilan es una base perfecta para la historia que cuenta, destacando precisamente en el planteamiento narrativo de la misma, que si bien peca de un predecible inicio “a lo Gregor Samsa”, va tomando fuerza y resulta en muchos momentos incluso brillante, como en el relato de la aparición de la inteligencia. A lo que hay que añadir cierta humor negro socarrón subterráneo (los Kentucky Fried Chicken -o equivalentes- reconvertidos en genocidas…) que resulta de lo más acertado.
A ver si alguien se anima a publicarlo en España… (2+)
Enlaces:
Primer número (en inglés) de Elmer

Ops

Atentos porque la edición de La edad del silencio, que recopila la obra de Ops (alias El roto, alias Andrés Rábago, alias Jonás, alias Ubú) es simplemente, espectacular. Tamaño gigante para una obra fascinante e hipnótica que en su día aparecía dispersa en revistas como Madriz o TOTEM, entre otras muchísimas.

Bakuman

Que los autores de manga son capaces de extraer épica de cualquier situación nadie me lo tiene que demostrar: servidor ya se quedó maravillado en su día de esta capacidad casi innata del manga al ver cómo era posible quedarse enganchado con el grado de cocción de un croissant en ¡Amasando Japan!. Así que no es sorpresa alguna que la propia profesión de mangaka sea tratada con tal grado de emoción y épica que la realización de una historieta se convierta en algo rivalizante con la gran batalla final del torneo de artes marciales entre Goku y Satanás Cor Petit (Piccolo en la versión castellana…es que uno no puede evitar pensar en la serie en catalán), más si los responsables de ese proyecto de llevar el camino de iniciación en la profesión a viñetas son Tsugumi Ōba y Takeshi Obata, autores de la muy entretenida (aunque inevitablemente cayera en la repetición) Death Note. Sea por una cosa o por otra, es evidente que Bakuman, cuanto menos, es una lectura entretenidísima que, de momento y leídos los tres volúmenes editados en España, todavía no peca de esa repetición continua de esquemas que tanto afecta a los mangas de éxito.
Sin embargo, más allá del puro interés de entretenimiento y del siempre curioso retrato sociológico de la sociedad japonesa que supone una temática de este estilo (que lleva a la práctica diaria esa exigencia del avance personal por el esfuerzo que vemos continuamente en su cultura, etc), hay que reconocerle las aventuras de los dos jóvenes Moritaka Mashiro y Akito Takagi una serie de segundas lecturas mucho más sugerentes y, casi si se me permite, apasionantes en algún momento: por un lado el retrato de una industria descomunal, tan perfectamente engrasada en su funcionamiento como inapelable e inmisericorde con el fracaso. La antítesis, en ese sentido, de la experiencia de Tatsumi por salir de esa industria que podíamos leer recientemente en una Una vida errante. Pero también, como un atrevido juego metalingüístico en el que leemos un manga que tiene los ingredientes, normas y técnicas que los propios protagonistas explican y aplican para hacer un manga de éxito. Cualquiera de estas razones es una buena excusa para acercarse a la serie y pasar un buen rato con ella. (2)