El héroe

20110414-071729.jpgMira que no me gusta hablar de obras en curso, pero el primer volumen de El héroe, de David Rubín, es de esas obras que obligan a la fuerza. Porque es un tebeo que contagia entusiasmo y vitalidad desde esa primera página que hace reverencia a Jack Kirby sin prejuicios, abriendo una lectura briosa e incontenible. Leer El héroe es como escuchar una de esas canciones de swing imparable que obligan a mover los pies, a repiquetear los dedos siguiendo la melodía de forma casi inconsciente. Es pasar páginas con afán infantil, recuperando esa experiencia de lector que se olvida de la razón por un momento y disfruta con plenitud de un héroe que se adapta a los tiempos, una revisión de los trabajos de Hércules que ha pasado por Jack Kirby, por la MTV y los videojuegos sin vergüenza, absorbiendo y volcando influencias culturales y mediáticas sin dejar espacio para tomar aliento.
Pero hay que tener cuidado: hablamos de David Rubín, de un autor que ha dado muestras sobradas de saber jugar con sentimientos descarnados a la par que reflexivos en sus obras anteriores y que, en ésta, oculta tras esa fachada de emoción aventurera, también nos reserva algo más. No sabemos el qué, pero la narración va dejando pistas, pequeñas ideas sueltas apenas esbozadas que hablan del conflicto entre el héroe y la realidad, de la ficción enfrentada a reconocerse sólo como parte de la imaginación.
Muchas ideas, mucha pasión, mucho disfrute, mucho entretenimiento y, sobre todo, muchas ganas de ver la siguiente entrega de esta obra que se antoja, de momento, como extraordinariamente apetecible.

Presentaciones de Águila Roja y Chernóbil-La zona

El próximo miércoles 13 de abril, a las 19h, se presentará Águila Roja. La sociedad del loto blanco en la Fnac el Triangle de Barcelona. El acto contará con la participación de los autores (JM Ruiz Córdoba y Álex Sierra) que realizarán también una sesión de firmas. Algunos días más tarde, el martes 19 de abril, el acto se repetirá en la Fnac Callao de Madrid, también a las 19h.
Por otro lado, Chernóbil – La zona se presentará el martes 19 de abril, a las 19h, en la Casa del Libro (Ramblas) de Barcelona.

Presentación de Todo Los Profesionales

Hoy martes día 12 de abril, a las 19.00 horas., se presentará en FNAC El Triangle de Barcelona (El Triangle. Plaça Catalunya, 4. Barcelona) el libro Todo LOS PROFESIONALES, de Carlos Giménez. La presentación irá a cargo de Josep M.ª Beà, autor de cómics y prologuista del libro, y Antoni Guiral, teórico, guionista y crítico del cómic español, que conversarán con el autor.

Nocilla Experience

Muchas son las discusiones que hay alrededor de la historieta y su naturaleza. La indefinición de su esencia, la propia renuncia del medio a muchas de sus características inmerso siempre en complejos de inferioridad no asumidos, la poca atención que ha tenido como objeto de estudio y una larga lista de causas hacen que estas discusiones sigan vivas y generen no pocas encendidas polémicas. Una de ellas, recurrente, atiende a su posible calificación como género literario y su relación con la literatura. No es una discusión fácil: desde el momento en que la historieta no ha sido analizada todavía con la profundidad de otras disciplinas artísticas, la argumentación quedará siempre coja por el lado de la historieta, todavía sumida en el terreno de la hipótesis no corroborada. A lo que hay que añadir, en este caso, complejos propios que enturbian la discusión desviando el foco, ya que se confunde la posible naturaleza literaria de la historieta como género con el ya tradicional acercamiento de la historieta hacia la literatura en busca de una dignificación que será siempre bastarda. Dos conceptos completamente diferentes que, sin embargo, se entrecruzan en cualquier debate, posiblemente porque éste se realiza a pie de calle y los que entramos al trapo no tenemos bagaje suficiente para argumentar lo primero y caemos en lo segundo.
Sin embargo, por lo menos esta discusión acaba de quedar cerrada completamente. Más estrictamente, dinamitada desde su base. El terrorista ha usado armas tan peligrosas como el lápiz y la tinta y responde al nombre de Pere Joan.
El paso de las obras de un medio a otro es común, hemos mamado cómo la historieta se nutría de la literatura al igual que el cine, cómo ahora el cine atraca sin prejuicios la historieta y las relaciones son infinitas: videojuegos, cine, música, literatura, cómic, pintura, se prestan obras entre ellos en traducciones que incurren siempre por obligación en el traduttore, traditore. Desde el momento en que una obra pasa de un medio a otro, se traiciona una parte de ella, se pierde parte de su substancia en el cambio formal que debe ser cosustancial a ella. Y Pere Joan, aparentemente, sólo plantea entrar en esa tradición de impíos traidores adaptando a la historieta Nocilla Experience, la novela de Agustín Fernández Mallo. Pero, ¡ay!, la cosa resulta ser más compleja de lo que parece porque Pere Joan juega una carta tramposa. El referente ineludible del afterpop que definía Fernández Porta parece un buen candidato a la traslación, a fin de cuentas, el propio concepto de fragmentación y de interdisciplinariedad que caracteriza a esas ideas son ya en el fondo una renuncia a la categorización tradicional. En un mundo globalizado donde los mensajes llegan ya hibridados, en mestizaje continuo entre los antiguos géneros, establecer limitaciones o fronteras es ridículo. La propia discusión sobre si el cómic es un género literario o sobre si tiene carga literaria quedaría obsoleta ante la naturaleza dispersa y difusa de unos límites que tienden indefectiblemente a desaparece, generando una comunicación de masas multidisciplinar y, a la vez, común entre medios.
Pero Pere Joan lanza una bomba envenenada a la discusión, una línea de pensamiento a la gallega pasada por la socarronería mallorquina que tan bien practica el dibujante que subvierte la cuestión en términos completamente nuevos. Y de la manera más sencilla: adaptando literalmente la obra de Agustín Fernández Mallo. No puede haber traición al original en la traducción entre medios porque el texto del escritor es respetado escrupulosamente (tan sólo en algunos momentos hay ligerísimos cambios para adaptar alguna conversación o se omite algún capítulo), de forma que lo que estamos leyendo es, sin duda alguna, la obra literaria original, desde la misma portada. Sin embargo, es una adaptación a la historieta, porque Pere Joan ha interpretado cada capítulo desde un punto de vista gráfico que aporta una lectura completamente distinta, transformando la obra completamente. ¿Dónde están los límites entre literatura e historieta? O mejor todavía ¿existe realmente la posibilidad de establecer compartimentos estancos? La bien conocida y popular teoría que establece la historieta como un arte híbrido entre literatura y dibujo queda completamente refutada ante una obra donde lo gráfico establece su propio discurso en paralelo al original del escritor. Están claramente separados, pero fusionados en unión indisoluble.
Una paradoja de imposible solución, un enigma cuántico. Poco podía imaginar DeBroglie que la dualidad onda-corpúsculo tendría hoy un nuevo equivalente en esta extraña dualidad literatura-historieta que Pere Joan plantea. Y es que, como en la naturaleza, la realidad no es un ente definido, es una función de probabilidad que se construye por el solapamiento de estados, como esta historieta/literatura que se añade al gato de Schrödinger y al amigo de Wigner en su dualidad, nunca sabremos lo que es hasta que la leamos. Y cada observador, posiblemente, establezca una naturaleza distinta de lo leído.
Pero no se acaba aquí la importancia de la propuesta de Pere Joan, porque su “adaptación”, o como se quiera llamar a este experimento, atrapa además a la perfección esa concepción de la realidad múltiple que plantea Fernández Mallo en su novela. La fragmentación de la narración desde lo multidisciplinar sigue estando, por lo anteriormente expuesto, en la base argumental de la obra, pero el dibujante aporta un nuevo nivel de composición: las partículas elementales que formaban la obra literaria resultan estar compuestas de pequeños quarks gráficos, de elementos compositivos visuales que aportan información que no era discernible a primera vista. Extraños quantos subjetivos, quizás la esencia de los memes, con los que Pere Joan establece un doble nivel de lectura: por un lado, el de plasmación fidedigna de la obra original, por otro, una sutil interpretación que invita a la reflexión y transforma el original en una segunda obra, distinta y con peculiaridades propias.
El resultado no puede ser más desasosegante: ¿hemos leído Nocilla Experience o no? ¿Qué hemos leído? ¿No era la historieta una forma de vulgarización de la literatura que la acercaba al populacho más iletrado?
Y, en el fondo, volvemos por tanto a esa discusión inicial: ¿dónde están hoy los límites entre los medios? Si atendemos a Nocilla Experience, la novela gráfica, son cosa de un pasado que se aleja a la velocidad de los bits.
Sin duda, una de las obras más sugerentes del año, que traslada al lector con inusual escrupulosidad la novedosa visión de una realidad construida a golpe de zapping que plantea Mallo (reconozco aquí que, por alguna extraña razón, esa visión me resulta familiar, quizás porque los físicos salimos de la carrera con algún tipo de tara neuronal común, quien sabe), pero que es a la vez una apasionante reflexión sobre la propia naturaleza de los medios hoy. (4)

Tarzán reina también en el salón del cómic

El 29 Salón del Cómic de Barcelona que se inaugura este jueves 14 de abril tendrá a Tarzán como una de sus estrellas. La exposición hace un recorrido por las adaptaciones al cómic del popular personaje creado por Edgard Rice Burroughs, que tiene en los trabajos de Harold Foster y Burne Hogarth sus versiones más brillantes. Vicent Sanchis, comisario de la muestra, ha explicado que “la exposición también es una reflexión sobre la importancia que tiene el conservar en buen estado materiales como estos. Por este motivo es tan necesario un museo del cómic”. Continue Reading →

Fanzines

Llega el Salón y, con él, una buena lista de fanzines que se presentarán en la cita barcelonesa. Dos ejemplos de fanzines que sí o sí deben ir a la bolsa: Andergraün, que llega a su cuarto número con colaboraciones de Víctor Gómez (Hero Kids), Morán (Eh Tío, El Jueves), Rubén Fdez. (El Jueves) y mucha gente más 112 páginas de superhéroes, manga y humor por 3 euros. Más información, en su web

El segundo, Licor del mono, cuya tercera entrega se podrá adquirir en el stand de la Escuela JOSO. Toda la información, en su web.

Presentación de El Héroe

El Centro Galego de las Ramblas de Barcelona (las Ramblas 35-37) acogerá el próximo miércoles 13 de abril a las 19:30 horas la presentación del último cómic de David Rubín, El héroe, que revisita la mítica figura de Heracles. Estará presente el autor, que firmará ejemplares, acompañado por uno de los editores de Astiberri, Laureano Domínguez.
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Azzarello, Fabry y Johnson en el Salón

[Nota de prensa]
Vertigo, el sello de DC Comics dirigido a lectores adultos, ha publicado algunas de las mejores series de los últimos tiempos. Uno de sus grandes éxitos, tanto a nivel creativo como de público, es sin duda 100 Balas, una apasionante entrega de género negro y conspirativo. Su guionista, Brian Azzarello, es uno de los invitados estrella del Salón del Cómic, cita en la que presentará la espectacular edición integral de la serie editada por Planeta DeAgostini Cómics. Azzarello, uno de los guionistas más valorados del momento, ha realizado numerosos trabajos en el género de los superhéroes. Así, en el Salón también presentará su versión de uno de los grandes villanos de los tebeos, Luthor, el rival de Superman, con lápices de Lee Bermejo.
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Los años dulces

Para los que gusten de la literatura japonesa, el nombre Hiromi Kawakami no es nuevo. La editorial Acantilado ha publicado ya dos de las obras de esta interesante escritora, El cielo es azul, la tierra blanca y, recientemente, Algo que brilla como el mar, dos obras que comparten la delicada sutileza con la que la autora va introduciendo al lector en las vidas de sus protagonistas, siempre a través de pequeños detalles. Una característica especialmente importante en la primera de las obras, que narra la relación entre una mujer ya en la frontera de los 40 y su antiguo profesor. Relato en primera persona que, a través de los momentos compartidos por los dos de forma, extrae de lo cotidiano y de la observación de los pequeños detalles los elementos que construyen la vida de su protagonista Tsukiko. Una obra de gran belleza, de prosa sencilla y algo distante que recuerda en la lejanía a la de grandes maestros como Inoué, y cuyo éxito (ganó el Premio Tanizaki) provocara que fuera adaptada al cine por Kuze Mitsuhiko con bastante poca fortuna, sin poder captar esos detalles que tanta importancia tenían en el original. Sin embargo, la adaptación al cómic de Taniguchi, Los años dulces (curioso que ni la edición española de la novela ni el cómic se titulen como el original, El maletín del profesor), no sólo es fiel a la obra, sino que la potencia, la multiplica dotándola de un escenario de sensaciones omnipresentes. El relato de los encuentros casuales que conforman la relación entre profesor y alumna es transformado por el dibujante en una narración exhaustiva de todos los detalles que la rodean. El lector se transforma en ese observador pausado que protagonizaba El caminante para seguirlos y dar acta de todo aquello que pueda pasar desapercibido. El aroma del sake caliente al caer en la taza, el sonido de la cocina de la taberna donde se encuentran, el aroma del bosque o de las setas hirviendo en la olla. El color de las hojas en invierno que se mimetizan con el traje del profesor. Como en El gourmet solitario, el lector se transforma en un silencioso solitario más que escudriña con distancia pero interés los encuentros de dos personas que sólo tienen en común su soledad. Paradoja cruel si se quiere, que la realidad que les une, en el fondo, sea contradictoria con la ansiedad de la compañía que ambos esconden pero rehúyen. Con la parsimonia de un paseo tranquilo, el relato avanza contenidamente dentro de esta atmósfera de profundo lirismo, ajeno a veces, que vive la rutina de lo cotidiano sobre un camino de recuerdos que cada vez se alejan más.
Una conmovedora y bellísima obra de Taniguchi (y van…) (4)

Se retrasa Iglesia y Estado

Os paso el comunicado que acaba de emitir Ponent Mon:
“Lamentamos tener que anunciar que debido a problemas de producción ajenas a la editorial estamos obligados a retrasar la fecha de publicación. Anunciaremos la nueva fecha con la mayor brevedad posible.”

Simbad

Lo comenté hace un tiempo y cada vez estoy más convencido. Hay en esto de escribir de tebeos un problema que nace, creo, de forma casi inconsciente a medida que uno va curtiéndose en lecturas. Poco a poco, es imposible no tener cierta sensación de déjà vu casi continua, de cansancio. Perdemos la capacidad de sorpresa y cada vez, espoleados por una nostalgia mal entendida de aquélla, buscamos más la filigrana última, la pirueta narrativa más compleja y arriesgada. Le exigimos al autor que no sólo sea capaz de contar la historia que quiere contar, sino que además lo haga imbuido de espíritu de renovación formal extrema.
Y no.
Por supuesto que es necesario, loable y atractivo que exista esa búsqueda constante de un nuevo paso adelante, de esos Ware, Clowes, Ruppert y Mulot o Baudoin que rompen esquemas a cada paso. Pero no debemos caer en la tentación de exigir esa capacidad como único criterio de calidad y como única posible escapatoria a nuestro crónico tedio lector. De vez en cuando es de lo más saludable intentar quitarse unas cuantas arrobas de sesudos planteamientos y disfrutar de una lectura que sólo tenga como ambición proporcionar un buen rato de entretenimiento. Y lo bien que viene, porque uno se desintoxica, le da el aire y recuerda que el tebeo es todo eso, desde ese buen rato de entretenimiento hasta ese apasionante reto mental gordiano. Lo que en el fondo sólo hace que se sienta más y más admiración y devoción por este noveno arte que tanto amamos.
Al caso, que me he tomado el Simbad de Arleston, Alwett y Alary cual jarabe contra los excesos de la experimentación sin control y me ha venido de perlas. Ojo, que jugaba con red, porque Arleston es una especie de Ken Follet de esto de los tebeos, es decir, avispado escritor de fórmula –miren ustedes si no el Lanfeust y sus cien mil hijos- , al que se le ven las hechuras por todas partes, pero que firma obras muy legibles y que suelen ser de lectura adictiva. Ya se sabe: un poquito de aventura, un poco de humor, una tetita por aquí, unas gotitas de tensión sexual no resuelta por allá… Minuciosamente medido con química precisión y mejunje acabado. Vale, es artificial cual gominola, se pega a las arterias (neuronas en este caso) peligrosamente hasta dejarlas obstruidas si abusamos, pero buenas están un rato. Si a eso se le añade un dibujante tan eficaz como Pierre Alary, con ese estilo tan dinámico de la animación disneyniana -aunque algo tosco y confuso a veces en lo narrativo-, pues el resultado es que la gominola, además, es bonita. Ingredientes perfectos a los que se une mi querencia por los cuentos de las Mil y Una Noches, en especial los de Simbad (personaje al que siempre he admirado, tanto en su maravillosa versión Harryhausen como en la más psicotrónica de Hannah-Barbera, que a poco me dejo yo el hígado apretándome el cinturón cuando era nano… pero ésa es otra historia), que Arleston mezcla con soltura y algo de agradable descaro herético. ¿El resultado? Pues un buen rato de lectura entretenidísima. Nada más. Y nada menos. (2-)

Enlaces:
Entrevista a Pierre Alary

En curso

Es difícil hablar de obras en curso. El cuerpo te pide decir cosas, expresar ideas y opiniones, pero la razón te dice que no serán más que sensaciones y prejuicios, filias y fobias que no dicen nada de la futura marcha de lo que será esa obra. A veces tiene sentido: obras de largo recorrido, las llamadas “abiertas”. Otras, mucho menos. Como cuando el autor ya avanza que será una trilogía o una duración determinada. Y es lo que me pasa tanto con el Tóxico de Charles Burns como con La marcha de los cangrejos de Arthur de Pins, obras para las que el verdadero juicio tendrá que esperar, con suerte un par de años.
Se pueden decir cosas pero, en el fondo, caemos en lugares comunes. En el caso de Tóxico (extraña traducción de X’ed Out), ese fascinante cóctel que es mezclar a pelo y sin anestesia la concepción de la aventura y narrativa gráfica de Hergé con el universo de sociedad corrupta ante la excepción que practica Burns, todo travestido de enésima revisión de la creación de Lewis Caroll. Mundo real TM frente a mundo onírico, en un combate donde la perfección y limpieza de línea clara tintiniana se convierte en trazo de pesadillas quizás más oscuras que las que el claroscuro de Burns se reserva para la realidad. Lynch y Burroughs en línea clara, delirios de visceralidad en húmeda secreción en un universo donde nunca hay una mancha. No está mal como primer bocado de un menú de tres platos que se antoja pantagruélico, aunque para estómagos poco delicados. Provocación, atrevimiento, osadía… todo parece estar en esta nueva propuesta de Burns de la que sólo se puede decir una cosa: muerde y deja con (muchas) ganas de más. Sin duda, es tóxica y engancha, ojo.
Lo mismo pasa con el último Arthur de Pins, que quizás se vea aquejado de ese síndrome propio de los autores que practican el humor, a saber, la continua y machacona repetición de que “hacer humor no es serio”. Que por mucho que se diga, explique y repita que eso del humor sí que es cosa seria, parece que juega siempre en segunda liga frente a los que hacen cosas sesudas y pensativas “de verdad”. Error que ha llevado a muchos dibujantes a intentar a callejones sin salida que aportan más ridículo y mofa que la esperada dignidad y reconocimiento. Y ese miedo se tiene cuando uno se encuentra frente a La marcha del cangrejo. Cuando uno ve que la cosa se aleja de los terrenos picantones que tan bien practica el señor de Pins, ya arruga el ceño. Cuando ve además que su estilo de dibujo ha cambiado, más. Pero cuando empieza a leer la cosa cambia y aparece la sorpresa, porque a primera vista lo que está planteando el francés es algo tan universal como una fábula moral. Con cangrejos, eso sí, que no era lo más habitual en Esopo o La Fontaine, cierto, pero no nos vamos a poner racistas a estas alturas (eso se lo dejo a los lectores belgas de Tintín), pero como Pins dibuja como los ángeles, hasta lo cangrejos tienen su gracia. No se puede evitar la sonrisa cómplice a medida que uno lee y cierta curiosidad malsana, porque lo leído parece demasiado evidente, parábolas bien conocidas (ayuda al prójimo, la superación personal…), algo infantiles, que poco a poco van enturbiándose y escondiendo otros mensajes más elaborados (la manipulación del individuo, las creencias axiomáticas…). Aquí hay algo raro… y justo cuando uno levanta la ceja, chimpón, se acaba el primer álbum. Y uno se queda interruptus con ganas de llamar al señor de Pins y exigir ya mismo la continuación. De momento, es buena cosa…