Astérix

Que el Astérix de Goscinny y Uderzo (y remarco, por si queda duda, de Goscinny y Uderzo) es una obra maestra de la historieta huelga explicación. Es una joya del noveno arte que, si se me apura, vuelve con más fuerza que nunca en estos días, porque la explicación más devastadora que jamás haya leído sobre las maravillas del capitalismo salvaje, la manipulación de los mercados, la política aprovechada y sus consecuencias es Obélix y Cia, un tebeo que debería ser lectura obligada y biblia del movimiento de indignación. Que a fin de cuentas, pocas metáforas más adecuadas para ejemplificar lo de resistir ante los ataques de la que nos esta cayendo que la terca resistencia de la perdida aldea gala.
Sin embargo, como ya es costumbre, las obras maestras de la historieta suelen padecer ese síndrome de paria que logra que, cuánto mejor sea la obra, más se ensañen con ella. Desde el olvido absoluto al desprecio más repugnante: que nos lo digan a los que hemos sufrido aquella espantosa edición en miniatura de Little Nemo con colores para daltónicos que publicó Ttartalo en los 80. O los desastres y abandono de la edición de Krazy Kat firmada por Planeta. O la sistemática reedición de la obra de Goscinny y Uderzo con planchas requemadas, colores dados con desidia, traducciones que usaban cada vez un nombre para los personajes y rotulaciones mecánicas que hacía añorar la comic sans… Releer Astérix había sido siempre un amargo dulce: el disfrute era pantagruélico, como los famosos banquetes con que acaban los álbumes, pero el dolor que causaba al corazón el maltrato de la edición dejaba la tortura auditiva de Asurancetúrix en dulce balada.
Afortunadamente, el quincuagésimo aniversario de la serie se aprovecho para restaurar la edición francesa, reescaneando los originales de Uderzo, con un nuevo y cuidado color aprobado por el autor (que, ¡increíble!, no abusa excesivamente de photoshopeos variados -algún brillito se le es escapa- y se dedica a dar sentido narrativo a las viñetas -aunque, quizás, a veces, se pierdan ciertas exageraciones cromáticas que tenían su lógica-) y a más tamaño. Un auténtico bocatto di cardinale que hacía la edición española todavía más terrible a la vista.
Pero de vez en cuando tenemos suerte y la editorial Salvat publica por fin en España esta edición, conocida como La Gran Colección. Y aunque miedo había ante las posibles tropelías que suelen ocurrirle a los tebeos cuando bajan de los Pirineos, la verdad es que la edición es en esta ocasión impecable: excelente calidad de reproducción, rotulación que sigue fielmente la original, repaso a la traducción clásica española pero eliminando los errores e incoherencias… De momento, Salvat edita cuatro volúmenes (Astérix el galo, La hoz de oro, Astérix y los godos y Astérix gladiador) que son un excelente idea para regalar(se) estas navidades.

Enlaces:
El proceso de restauración
Antes y después