Repaso al 2020 (II). Lo mejor (Parte 2)

Como decíamos ayer, este 2020 ha sido uno de los más espectaculares en cuanto a calidad de obras. Tendremos que esperar al tradicional informe de Tebeosfera para saber cómo ha afectado la pandemia al número de novedades anuales, en crecimiento desorbitado durante los últimos años y que, es de esperar, haya sufrido una reducción drástica. Quizás esa reducción ha llevado a las editoriales a intentar salvar el balance económico del año con la temporada de navideña, concentrando en el último trimestre no solo el mayor volumen de novedades, sino apostando claramente por unos lanzamientos estrella que, en otras condiciones, habrían encontrado acomodo en Sant Jordi o el Salón del Cómic. No hay más que comprobar que en el listado de los 40 mejores, casi el 50% son novedades de ese periodo.

Pero el listado de este año podría ser inacabable. Tanto, que me veo obligado a continuar la lista de recomendaciones del año con otras tantas obras que, sin ningún problema podrían entrar en el primer listado. La elección de las 40 mejores, como siempre, responde a criterios personales, pero la calidad de las obras es tan alta, que podría sentirme muy cómodo incluyendo en ese listado inicial cualquiera de las siguientes.

En Imbatible 2 (Base) ya no tenemos la sorpresa, pero Pascal Jousselin sigue exprimiendo las posibilidades del lenguaje del cómic como nadie, logrando que cada página sea un reto compositivo y narrativo original. El niño que, de Juan Berrio (Nuevo Nueve) es un perfecto ejemplo de la exquisita sensibilidad de un autor que puede zambullirse en la nostalgia sin quemarse por sus excesos, logrando que el lector se reconozca y entre en la obra. Manifiestamente anormal (La Cúpula) es una vuelta al espíritu del fanzine combativo con el que Max hace balance de la pandemia. Grano de Pus, de Aroha travé y Rosa Codina (Pus Comix) es uno de los mejores exponentes de que el underground sigue vivo y con una salud de hierro.

Cuaderno Arcaico Muralis (Degomagom) es un apasionante experimento formal de Pablo Auladell, que transforma la ilustración en una herramienta narrativa única. Corredores aéreos, de Etienne Davodeau (La Cúpula) hace una disección despiadada de la decadencia de los cincuenta. Davodeau nos lanza a la cara la nostalgia para que nos demos cuenta de que es imposible vivir en ella. Ya era hora que tuviéramos otra obra de Gabrielle Bell: Todo es inflamable (La Cúpula) es un sugerente relato de la pérdida del pasado a través de un incendio en la casa familiar. La aceptación del propio cuerpo es el tema de dos obras muy distintas pero muy recomendables: P. Mi adolescencia trans, de Fumetti Brutti (Continta me tienes) y Cinzia, de Leo Ortolani (Nuevo Nueve).

Por su parte, Verdad, de Lorena Canotieri (Iliana Editorial) nos lleva a la guerra civil española para desplegar un ejercicio de virtuosismo visual que se convierte en evocador de sentimientos. Tres formas de entender la ciencia ficción muy diferentes: No te vayas sin mí, de Rosemary Valero-O’Conell (Astiberri) es una preciosa historia de amor a través de universos paralelos. Anunnaki, de Vicente Montalbá (Bang Ediciones) se apropia de las conspiranoias y leyendas urbanas para crear una obra que usa su socarrón humor para ir mucho más allá.

XTC69, de Jessica Campbell (Astiberri) lleva la lucha feminista al espacio interestelar con humor y una muy recomendable mala leche. Mi retiro, de Abraham Martínez (Bang) es historia ficción que se pregunta sobre las muchas teorías de la supervivencia de Adolf Hitler. Con La ciudad de cristal (Impedimenta), Isabel Greenberg sigue su indagación incansable de la relación de la humanidad con sus ficciones, esta vez fijándose en el universo literario las hermanas Brontë. El chico de los ojos de gato (Satori) recupera al maestro del terror nipón, , Kazuo Umezz, con una obra que genera inquietud en cada página.

¿Me estás escuchando?, de Tillie Walden (La Cúpula) certifica a su autora como una de las voces más sugerentes e interesantes del cómic americano actual y una de las autoras que mejor lleva al papel las relaciones personales. La soledad del dibujante, de Adrian Tomine (Sapristi) es un divertido retrato de la vida cotidiana del dibujante, de sus inseguridades, miedos y buenos momentos. Todo lo que hace Tom Gauld es recomendabilísimo, pero siento debilidad por sus tiras que reflexionan sobre la ciencia, recopiladas en El Departamento de Teorías alucinantes (Salamandra).

Alpha Decay se apunta el debut de Keiler Roberts en nuestro país con Isolada, una obra de apariencia sencilla sobre la vida cotidiana, pero que lanza al lector retos de reflexión escondidos con un humor tan sutil como efectivo. El humano, de Diego Agrimbau y Lucas Varela (La Cúpula) es una eficaz historia de ciencia-ficción que entronca con las enseñanzas de los Humanoides. En Transparentes. Historias del exilio colombiano (Astiberri) Javier de Isusi explora al realidad de un exilio impuesto, denunciando desde el compromiso y la honestidad una situación terrible. Subnormal, de Fernando Llor y Miguel Porto (Evolution Comics) parte de la experiencia personal de Iñaki Zubizarreta para construir una contundente historia contra el buying en las aulas, una obra necesaria.

Box, de Daijiro Morohoshi (Satori) es un sorprendente juego de espejos, un rompecabezas donde los mayores terrores son los que esconde siempre el ser humano. El dificil mañana, Eleanor Davis (Astiberri) es una sugerente reflexión sobre el futuro, que se aleja de las distopías habituales para entrar en terrenos más inquietantes, el de un futuro posible.  La tercera parte de García, de Santiago García y Luis Bustos (Astiberri) es la mejor de todas hasta ahora: un divertido homenaje a uno de los personajes clásicos del cómic español sirve como acerada herramienta de análisis de la actualidad. Bowie, de Steve Horton, Michael Allred y Laura Allred (Norma Ed.) es un festival visual en manos de los Allred, un homenaje irredento al músico disfrutable en cada página. Catorce de julio, de Bastién Vivés y Martin Quenehen (Diábolo) aporta una sugerente reflexión sobre el nivel de histeria que vive la sociedad en el temor al otro, al diferente.

Multimillonarios, de Darryl Cunnignham (Evolution) es un recorrido por las personalidades de las mayores fortunas del mundo y, también, un inquietante paseo por la desigualdad y los modelos que esta sociedad patrocina. #2, de José González (Spaceman Project) repite esquema de la anterior entrega y logra lo que busca: un viaje a alas entrañas de la creación que permite ver las bambalinas del autor. Dementia 21, de Shintaro Kago (Ponent Mon) puede parecer a simple vista una de las obras más “suaves” del autor, pero la divertidísima sátira que plantea es una bestial crítica de la sociedad actual y de cómo tratamos a nuestros mayores. Rosie en la jungla, de Nathan Cowdry (Fulgencio Pimentel) es una de las sorpresas de la temporada, una irónica y perversa revisión de la aventura desde las bases de la cultura popular más ingenua e infantil.

Galdós y la miseria, de El Torres y Alberto Belmonte (Nuevo Nueve) es una interesante aproximación a la biografía del literato desde la ficción. Por su parte, Estela Plateada: Negro, de Tradd Moore y Donny Cates (Panini) parte de un argumento canónico del superhéroe para buscar la experimentación a través de un dibujo que retrotrae a la psicodelia. Alois Nebel, de Jaroslav Rudis y Jaromir 99 (Gallo Nero) es una interesante y compleja aproximación a la situación y realidad de las naciones ocupadas por la URSS durante los años 60. En el terreno de los superhéroes, interesante Regreso del caballero oscuro, El chico dorado, de Frank Miller y Rafael Granmpá (ECC), que devuelve al personaje por un camino de evolución más lógico e interesante que DKIII. Sin olvidar La Gran Novela de los 4 Fantásticos, de Tom Scioli (Panini), que sigue el camino de Piskor con los mutantes novelando la larga tradición del grupo fundador de Marvel al mejor estilo de la Gran novela americana, o la espectacular labor de Javier Rodríguez en La historia del Universo Marvel, sobre guiones de Mark Waid (Panini).

También muy sugerente la reescritura del personaje que plantea Daniel Warren Johnson en Wonder Woman: Tierra Muerta (ECC Ediciones), jugando con el origen mitológico y nuevas líneas argumentales postapocalípticas. Y muy, muy refrescante la línea Young Adult de DC que está editando la Editorial Hidra en España, con obras tan divertidas como el ¡Hola, liga de la justicia!, de Michael Northrop y Gustavo Duarte o la muy interesante Harley Quinn. Cristales Rotos, de Mariko Tamaki y Steve Pugh.

La medicina gráfica ha tenido un gran impulso este año en nuestro país con la aparición de la editorial Saludarte, que ha publicado la fundacional Un mal médico, de Ian Williams y la emotiva honestidad de El cáncer de mamá, de Brian Fies. Una línea en la que bien se podría incluir La traición de lo real, de Céline Wagner (Ponent Mon), sobre la esquizofrenia de Unica Zürn.

El cómic de temática social también ha tenido un buen año: a los muchos ya citados hay que añador, sin duda, Habla María, de Bef (Astiberri), el relato del autor sobre su hija autista; Todas nosotras, Elisabeth Casillas e Higia Garay (Astiberri), sobre la lucha contra las leyes antiaborto en EL Salvador;  Homo Machus, de Javirroyo (Lumen), una divertídisima y vitriólica reflexión sobre el machismo que todavía inunda nuestra sociedad; Ofensiva Final, de Miguel Ángel Giner y Susana Martín (Dolmen) una curiosa aproximación a la realidad de Centroamérica desde una ficción próxima; Todos nazis, de Aleix Saló (Reservoir Books), que vuelve a mostrar su lucidez a la hora de analizar el auge de la ultraderecha en Europa; Memoria de una guitarra, de Román López Cabrera (Evolution), que analiza la relación de la música con la lucha antifranquista o La máquina que nunca duerme, de Ivan Grennberg, Everett Patterson y Joseph Canlas (Flow Press), inquietante ensayo sobre la vigilancia que se ha impuesto en nuestra sociedad. De agradecer es siempre recuperar el excelso barroquismo de Sergio Toppi en Americania (Ponent Mon), pura experimentación narrativa. Una experimentación que está en la esencia de Dúplex, de VV.AA: (Marmotilla Ediciones), una interesante antología sobre el diálogo entre poesía y cómic; o en el sugerente Dormir es morir, de Gabri Molist (Bang Ediciones) que se zambulle en el onirismo desde fondo y forma.

Bueno es siempre encontrarse con las continuaciones de series estimables como la tercera y última entrega de Epiphania, de Ludovic Debeurme (Kraken Cómics), excelente obra de ciencia-ficción, o la segunda de Pepino Héroe de leyenda. El reino de las olas, de Gigi DG (La Cúpula), un delicioso tebeo infantil de aventuras. O encontrarse con autores a los que da gusto seguir, como Nadar que se une a Julian Frey en la apasionante El cineasta (Astiberri), sobre la vida de Édouard Luntz; Fidel Martínez, que demuestra la potencia y expresividad de su trazo en Sarajevo Pain (Norma Ed.); a Miguelanxo Prado en el muy divertido El Pacto del Letargo (Norma Editorial); Rayco Pulido en Ida y vuelta (Ediciones Idea) o Salva Rubio y Ricard Efa en Django (Norma Ed)

La autoedición también ha sido potente este año: no hay que olvidar obras tan interesantes como la potente Dios, Patria, Fueros y Altsasu, de Elias Taño; la sorprendente Triatlón, Marta Cartú; el didáctico y no menos divertido Como hacer un cómic sin puta idea, de Javier Marquina y Rosa Codina o la deslumbrante La villa luminosa, de maría Ramos, Pepa Prieto Puy y Ana Galvañ.

Y como todo esto deberían comprarlo en una librería, no está de más conocer el mundo interno de las libreras, aunque sean japonesas, con la delirante La librera calavera, de Homda-San (Fandogamia).

Mañana, más, con una selección de las espectaculares reediciones que se han hecho este año y de las interesantes revistas que han aparecido.

2 Comentarios en “Repaso al 2020 (II). Lo mejor (Parte 2)

  1. José Vicente Galadi Garcia on 4 enero 2021 at 17:40 said:

    Otro año que se te olvidan El Árabe del Futuro y La Edad de Oro. ;)

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