Repaso al 2020 (III): Revistas y reediciones

Repaso al 2020 (III): Revistas y reediciones

Hace 40 años, el formato revista era el imperante en los cómics, pero los cambios en los hábitos de consumo, la aparición de nuevas opciones de consumo cultural y la apertura de nuevas posibilidades tecnológicas en el campo de la edición provocaron una revolución editorial. El formato de aparición periódica tendría todavía resistencia durante un par de décadas más en el comic-book, pero la edición en formato de libro, desde el tankoubon del manga a la novela gráfica, pasando por el TPB americano (evolucionado a la “Original Graphic Novel”, comenzó un lento pero imparable aumento que lo ha hecho hoy el formato dominante. Sin embargo, la revista sigue teniendo una capacidad de resiliencia envidiable y sigue ahí, pero reconvertida en dos nichos fundamentales: por un lado, la conexión directa con la actualidad a través de la sátira y el humor, con El Jueves como exponente más evidente. Por otro, la exploración de nuevas posibilidades narrativas y creativas, la experimentación y el descubrimiento de nuevos autores, que ha llevado este formato a un limbo de difícil definición, entre el fanzine más combativo y el prozine más exquisito.

Este año hemos visto la aparición de varios interesantes intentos para recuperar este formato. Sin duda, Lardín es uno de los proyectos más sugerentes, que reúne tanto a autores y autoras veteranos como Josep María Beà, Gallardo, Vallès, Max, Mariscal, Martí, Onliyú, Isa Feu o Calpurnio con autores y autoras jóvenes como Marc Torices, Flavita Banana, Alexis Nolla o Luci Gutiérrez, por solo citar algunos del más de centenar de autores que han pasado por sus tres primeros números. Lardín apuesta por la reflexión y el humor inteligente, por una sátira de aspecto atemporal pero que no es ajena a la realidad y la actualidad, construyendo una propuesta atractiva y necesaria.

Por su parte, el incansable Juanjo El Rápido vuelve a lanzar una exquisita propuesta de revista con La residencia (Nuevo Nueve), que prueba esta vez el modelo de suscripción desde una selección autoral extraordinaria. Raquel Alzate, Calo, Del Barrio, Enrique Flores, Fermín Solís, Amelia Navarro, Max, Olivares…  La lista de firmas es apabullante y el resultado, impresionante.

Otra editorial que se ha subido al carro de este formato es Ominiky, que publica El Faszine de Ominiky, una propuesta que puede marcar un camino de recuperación del formato al ofrecer a un precio muy competitivo, en versión impresa y digital, una publicación que actúa como presentación de las obras y autores y autoras de la editorial. Buen ejemplo es el segundo número dedicado por completo a Óscar Martín.

Pero también hay intentos de recuperar las revistas de toda la vida: Isla de Nabumbu ha sacado la revista de terror KNOX dentro de un proyecto intermedial que incluye colaboraciones de Juan de Dios Garduño, Víctor Cinde, Tamo Castellano, Fausto Galindo y Claudio Sánchez. La portada de Sanjulián nos retrotrae con efectividad a los recordados tiempos del Creepy, evidenciando que el género de terror tiene una serie de claves y recursos (y quizás, suficientes acólitos) que funcionan a la perfección en este formato, como demuestran otras opciones como la revista CTHLHU (Diábolo) o Monster Mash (Fester), la primera ya totalmente consolidada y la segunda dando buenas vibraciones con ese segundo número.

Otras propuestas tradicionales como TMEO o Amaníaco siguen con una mala salud de hierro, intentando lidiar con las dificultades pandémicas (especialmente graves en el caso del TMEO, que se financiaba por la venta en bares y pubs, el sector más damnificado en esta pandemia) buscando nuevas opciones de distribución a través de internet. La propuesta de revista manga con autoría patria de Planeta, Planeta Manga parece consolidarse con bastante éxito, abriendo no pocas posibilidades para el futuro. En esta línea se puede incluir eme21mag, que si bien ha perdido la esencia fundacional de M21, sigue contando con indudables colaboradores y colaboradoras de excelencia, en algunos casos con entregas de calidad brutal, como las de Santiago Sequeiros.

Aunque sin duda, lo que más ilusión nos hizo este año en este capítulo fue ver la efímera resurrección de El Víbora (La Cúpula). Desde el ciberespacio, la mítica cabecera volvió durante unos meses para acompañar los rigores del confinamiento. ¿Se podría soñar con una vuelta de la publicación, aunque solo fuera en el ámbito digital? ¡Quién sabe!

En el apartado de reediciones, me van a permitir no se exhaustivo, porque el listado es, simplemente, inmenso. La reedición se hace un hueco en el ámbito editorial español con un espacio propio y, por lo que parece, sólidamente establecido. Es cierto que las dos iniciativas más amplias de reedición se circunscriben al ámbito superheroico: tanto ECC como Panini siguen una política muy potente de reediciones de material clásico de DC y Marvel, respectivamente, que parece tener buena acogida entre los lectores. Así, hemos visto recopilatorios en diferentes formatos, de más o menos lujo, como las obras guionizadas por el siempre interesante Grant Morrison: La patrulla Condenada, All Star Superman (ECC) o sus New X-Men (Panini). Otros recopilatorios muy recomendables son la revisión en términos de género de terror que hacen Ewing y Bennet El Inmortal Hulk, la divertidísima Hulka de Slott y Bobillo; la contundente Ruinas de Warren Ellis; el Parábola de Stan Lee y Moebius o clásicos ya indiscutibles como La Tumba de Drácula (todos de Panini) o una nueva edición del Dark Knight de Miller. Pero de todas las ediciones de género superheroico, mi preferida ha sido, de lejos, la edición integral del Estela Plateada de Dan Slott y Mike Allred (Panini), a mi entender una de las obras más emocionantes y rendidas al género que han dado los superhéroes en la última década.

Destaca también, obviamente, la labor que está haciendo la editorial Dolmen en la recuperación de clásicos de prensa americanos: a las excelentes ediciones del Príncipe Valiente, El Hombre Enmascarado o Flash Gordon de Raymond, se han sumado indispensables como Terry y los Piratas, Johnny Hazard o Dick Tracy, siempre en cuidadas ediciones que el trabajo de Rafa Marín y Jesús Yugo han convertido en referentes absolutos a nivel mundial. Una línea en la que hay que recordar también la edición en blanco y negro del Príncipe Valiente que hace Manuel Caldas, un trabajo amanuense y artesanal de recuperación de la línea original que ha llegado al último volumen de la etapa de Foster, completando una tarea titánica. El portugués seguirá editando obras clásicas como Casey Rugles o el Tarzán de Russ Maning.

Pero no se han quedado ahí las recuperaciones. Sin duda, una de las más interesantes es la que está haciendo la editorial ECC de las obras de Alberto Breccia. Uno de los grandes maestros del cómic del que hemos visto recuperadas joyas como Drácula, Dracul Vlad? Bah!, Había otra vez… El lado oscuro de los cuentos infantiles, Buscavidas, Sueños pesados o Un tal Danieri (y aquí debo agradecer la oportunidad de prologar la obra de uno de mis autores preferidos, espero que hayan sido una lectura complementaria interesante). La misma editorial es la responsable de la recuperación de la obra de Richard Corben, con obras como La casa en el confín de la tierra, la adaptación de Hogdson y, sobre todo, la magistral Mundo Mutante, uno de los cómics más importantes de los 80. También de esta editorial ha sido la iniciativa de recuperar uno de los clásicos del cómic infantil, Anita Diminuta, de Jesús Blasco.

La editorial Norma también se ha apuntado un buen número de reediciones interesantes, como los integrales de La Mazmorra, de Sfar y Trondheim; el clásico de la ciencia-ficción El rompenieves, de Jacque Loeb y Rochette ;los del divertidísimo Gastón el Gafe de Franquin; nuevas y cuidadas ediciones de Corto Maltés, de Hugo Pratt; el Ernie Pike de Pratt y Oesterheld, una de las grandes obras maestras del género bélico; el riguroso Érase una vez en Francia, de Fabien Nury y Sylvain Vallée, y dos obras fundamentales del género negro en el cómic: el Evaristo de Carlos Sampayo y Solano López y Nestor Burma, Leo Malet y Jaques Tardi.

Otras recuperaciones destacables han sido la de Los casos de Perro Nick, de Gallardo (La Cúpula), todo un clásico del género negro en el irónico Technicolor® de este autor; la extraordinaria y surrealista Mono de trapo, de Tony Millionare (Editorial Barrett), posiblemente el mejor seguidor de Herriman junto a Jim Woodring; el vitriólico Squeak the Mouse de Mattioli (Flugencio Pimentel); la maravillosa El almanaque de mi padre, de Jiro Taniguchi (Planeta); el brillante noir 5 el número perfecto, de Igor; la sugerente reflexión sobre la autoría de Es un pájaro, de Steven T. Seagle y Teddy Kristiansen; la biblioteca de historias de terror de los años 50 que edita Diábolo, que llega a su sexto volumen con Fantasmas o el impresionante despliegue visual de Howard Chaykin en Espadas del cielo, flores del infierno (Yermo Ediciones).


Eso sí, si me pidieran que me quedara solo con una de las reediciones que se han hecho este año, no lo dudaría: el Marcelín de Sempé (Blackie Books). Posiblemente no sea el mejor tebeo de la historia, pero oigan, es el que mejor te deja después de leerlo.

 

Seguro que faltan muchos en este listado, no lo duden, ha sido un año excelente en este apartado también.