Promocionando la historieta (o Galicia forever, again)

¿Cómo se debe promocionar la historieta?

La pregunta es tan sencilla como tramposa. O por lo menos lo parece habida cuenta de las faringitis crónicas que ha provocado en los múltiples debates en los que se ha hablado del tema. Desde que el año pasado se anunciara en el congreso de los diputados la intención de realizar acciones de promoción de la historieta, el mundo del tebeo se ha desgañitado discutiendo cuáles son las dichosas acciones que pueden hacer salir al tebeo de su famoso ghetto. Ríos, océanos de tinta para intentar centrar cuáles eran las acciones más necesarias. Reuniones maratonianas. Propuestas de Academias, de asociaciones, de gremios y de mafias si se venía al caso. De todo se ha hablado y, casi siempre, terminando con una cantinela única: que San Estado nos acoja en su seno. “Hay que pedir subvenciones”, braman unos. “Sí, pero para tí, no, para mí”, responden acalorados los otros…
Soy de los que creen necesaria la intervención del estado en defensa de la cultura. Me parece una de sus obvias funciones. Sin embargo, también soy de los que tienen muy claro los terribles efectos secundarios que tienen las políticas de apoyo cuando no han sido diseñadas correctamente: clientelismos, borreguismos y aprovechamiento viciado de las ubres de Papá Presupuestos Generales, una especie de Papá Piernas Largas indeterminado maravilloso que da de comer sin pedir nada a cambio.
No tengo la receta perfecta para evitar estos problemas, pero por lo menos me parece evidente que hay dos campos donde los que hay que actuar: la promoción del tejido industrial, que permita a los autores vivir de su obra y, por otro lado, la promoción de la creatividad de los nuevos autores. La primera, como obvio sustrato de sostenimiento de la actividad del medio: la dicotomía ya conocida entre cultura y entretenimiento del arte actual obliga necesariamente a que la creación artística tenga que sobrevivir sostenida por la estructura del entretenimiento. Es evidente que esta relación puede llevar efectos indeseados, la famosa suprevivencia única de “lo que vende” (¡ay! cuántos artistas serían hoy desconocidos si sólo se hubiesen valorado aquellos que en su tiempo “vendieron”), en una especie de sosias darwinista biológico que no debería ser de aplicación en la cultura. Pero ya que existe, el estado debería entonces actuar de forma apaciguadora de los excesos consumistas para intentar que el propio mercado sea el que apoye y potencie obras novedosas, avalando nuevos autores o corrientes más experimentales. En ese sentido, ayudas a la publicación de obras de nueva creación pueden ser perfectos complementos de las anteriores. Se apoya la industria, pero también la creación, trasladando a la acción institucional la propia dialéctica de los medios artísticos y favoreciendo, en cierta medida, que ese monstruo de dos caras se siga manteniendo en su psicótica dualidad: la creatividad necesita de una industria sobre la que sobrevivir y la industria necesita de una creatividad que la saque de los ciclos infinitos adocenantes. Buen ejemplo de esa sana convivencia puede ser el caso francés: L’Association se aprovecha de un circuito de ventas y distribución creado por las grandes editoriales comerciales, genera autores y tendencias diferenciadas que son rápidamente engullidas por las grandes editoriales. Pese a que J.C.Menu abomine de esta relación y lance todo tipo de exorcismos y maldiciones, la realidad es que el mecanismo ha funcionado y el mercado se ha modificado, ha admitido nuevas tendencias estéticas que jamás se hubiesen pensado factibles hace apenas unos años (Sfar, Blain, etc), permitiendo que la rueda siga funcionando.
El problema que tiene todo esto que digo es que precisa de consenso e iniciativas conjuntas entre todos los implicados. Autores, editores, libreros, distribuidores, etc, tienen que dejar de lado sus diferencias y hacer camino conjunto a sabiendas de que todos ganan en esa empresa común. Pero si cada uno hace la batalla por su cuenta… ni de coña.
Un buen ejemplo viene, de nuevo, desde Galicia. La consellería de Cultura gallega ha anunciado diferentes acciones de promoción de la historieta gallega, que pasan por el apoyo a la asistencia a salones como Angouleme, Barcelona o la Feria del Libro de la Habana, así como la puesta en marcha de un programa de becas de apoyo a la creación. De momento, tres becas dotadas con 6000EUROS cada una con el fin de impulsar y apoyar el trabajo de los creadores gallegos. Sin duda, una iniciativa que hubiera sido imposible sin la connivencia y apoyo de todas las partes implicadas, pero que demuestra clarísimamente que el camino es posible.
Sólo hay que empezar a andar. Pero juntos.

Lógica cinematográfica (y comiquera)

A ver, hagamos un gendankenexperiment de marketing programador cinematográfico. Supongamos, y es mucho suponer, que existe una película que haya sido premiada en el Festival de Cannes, seleccionada por su país para los Oscar de este año, que aparece en periódicos como EL PAÍS, El Mundo, los gratuitos Metro, Qué, etc… en todos, vamos, en diversas revistas, en televisiones y radios. Teniendo en cuenta la promoción anterior, ¿dónde la programaría usted?.
Respuesta lógica: “pues en muchas salas oiga”.
Uy, se me olvidaba, trata de un tema candente: la situación en Irán, además desde la perspectiva de una mujer.
Respuesta lógica 2: “mejor, mejor…hasta se podría estrenar en versión original subtitulada, que a los progres les gusta más”.
Upppps, otro olvido: es de dibujos animados.
Respuesta no tan lógica, pero real: “¿Ein? Dibujos animados….¡anda hombre! Pues en una sala y en horario infantil… ¿Hay alguna sala que sobre esta semana?“.

El diálogo anterior, por desgracia, no sé si es cierto, pero el resultado sí: Persépolis estrenada sólo en una sala de la periferia de Valencia (y tan de la periferia, como que está a diez kilómetros de la ciudad).
Y luego dirán: “No ha tenido nada de éxito”.
Algo parecido a lo que pasa con los tebeos: se dejan caer en una estantería, sin promoción, sin información, sin que nadie sepa que han salido y luego los quejidos del editor se oyen hasta en Sebastopol: “es que este tipo de tebeos no los quiere la gente”…
Así nos va.

Estulticia editorial

Es cierto que, de un tiempo a esta parte, los errores editoriales se están convirtiendo en costumbre en nuestra país. Sobre todo en algunas editoriales que todos conocemos, que son capaces de acumular errores sin el más mínimo propósito de enmienda. Errar es humano, lo sabemos y hay que ser tolerantes con los pecados de los demás, pero llega un momento que el vaso de la tolerancia está tan lleno que uno empieza a pensar si no estará haciendo el primo. Hasta aquí, el razonamiento no es nuevo y lo podéis encontrar calcado en multitud de blogs sobre tebeos. Vale.
Sin embargo, la razón del post es para traeros un consuelo digno del dicho “mal de muchos, consuelo de idiotas”, uséase y al caso: “todavía puede ser peor…“, leído esto, si me permitís, con cierto retintín y música de Poltergeist cuando la niña anuncia la llegada de los malísimo espíritus. Aunque parezca increíble, hay editoriales que lo hacen todavía peor. Y con nombre y apellidos: la editorial americana Checker. Servidor es de los que está sufriendo puntualmente cada nueva entrega de los Early Works de Winsor McKay como una mezcla masoquista entre una extracción dentaria sin anestesia con un ataque nefrítico mientras redactas el impuesto de la renta. Y mira que, pese a todo, me estaba ya yo acostumbrando a la calidad ínfima en las reproducciones, que ni fotocopias oigan, de fax y antiguo como mucho, el orden aleatorio de las reproducciones, los tamaños caprichosos o las imágenes empastadas hasta la más siniestra negritud… (marca de la casa, recuérdese el Supreme escaneado con papel de calco que publicaron) Debe ser cosa del umbral de dolor, que va aumentando sin que uno se aperciba, siempre con una gotitas de autoengaño piadoso. “Es que es la única forma de tener este material”, pensaba yo y me justificaba ante mi librero, que cada vez que me llevaba uno de los libros me miraba ya casi compasivamente.
Pero lo del último número ya es simple y pura estulticia editorial, pero de la gigantesca, inmensa, colosal e inmarcesible. Me explico: este número incluye bocetos de la maravillosa animación de Gertie el dinosaurio. Bocetos de bastante calidad para lo que es habitual en Checker, lo que hubiera significado un agradable y sorprendente oasis de calidad reproductiva de no ser porque alguno de los editores tuvo en esos momentos algún tipo de inhibición de las sinapsis neuronales y decidió que semejantes bellezas merecían ir a lo grande: a doble página en un grueso tomo. Fascinante. Una maravillosa decisión que permite tener un montón de planchas de Gertie de las que es imposible ver la parte central. Parte central que, curiosamente y debido a ser una animación, tiene todo el foco de la acción.
Verbigracia:

Pa’abernos matao, que decía aquél.
Menos mal que, por lo menos, se puede seguir disfrutando de la animación gracias a internet… (la calidad de YouTube es muy mala, pero si buscáis por emule y demás, encontraréis versiones muy aceptables).

De Aponscalipsis y otras formas del fin del mundo

Bueno, ya es definitivo: el lunes se lanzan los IV Premios de La Cárcel de Papel. Ya está todo preparado y sólo falta colgar la página. Atentos a vuestro cárcel-canal preferido. Lo único que espero es que no se vuelvan a dar aponscalipsis y demás y la gente se lo tome como lo que es: un simple juego para que todos nos divertamos.
Pero esto del dichoso Apocalipsis en sus diferentes formas me viene al pelo para hablar de los rumores que se están moviendo en las últimas semanas en el mundillo del tebeo. Ya lo comentaba Pedro hace unos días, pero es que la cosa está absolutamente desatada: rumores sobre casi todo: pérdidas de derechos, cierres editoriales, ventas, compras, peleas, amoríos y todo tipo de salsa rosa posible. Rumores que son como bolas de nieve que van creciendo y terminan de las maneras más increíbles, rozando el anuncio de la llegada de los terribles cuatro jinetes. Y como servidor se supone que lo sabe todo, a poco que mi móvil no ha sufrido un colapso por recalentamiento brutal, porque muchos son los que me han llamado inquiriéndome sobre los supuestos rumores, pero lo más alucinante es que cuando confesaba mi desconocimiento y escepticismo, la respuesta era del estilo: “tú sabes más de lo que dices, pero te quieres guardar la exclusiva”.
No voy a negarlo, se mucho más de lo que digo, es cierto, pero en este caso el no decirlo es porque, sinceramente, creo que muchos de esos rumores no sólo no están confirmados, sino que son falsos. Se ha rumoreado, por ejemplo, que la situación de Planeta DeAgostini es insostenible y que podría cerrar en breve. Un rumor que me ha llegado en todas la versiones posibles habidas y por haber, desde la desaparición de la sección editorial hasta que no sólo no pasa nada sino que es un rumor lanzado por la propia editorial para encubrir una expansión.
Y no sólo de Planeta, los rumores llegan prácticamente de todas las editoriales, algunos más probables, otro menos, pero lo seguro es que se ha desatado la veda del rumor. Llega un momento en que parece que el lector está más interesado en los intríngulis editoriales que en los propios tebeos que editan. Desata más polvareda y comentarios el cambio de derechos de una editorial que las ventas que luego tendrá.
No me cabe duda que el panorama editorial del tebeo cambiará radicalmente a corto plazo y que el escenario y equilibrio editorial en pocos años puede totalmente distinto. Es un resultado lógico y normal derivado del indudable movimiento de crecimiento que se está dando en el mercado. Eso es lo que realmente está cambiando.
Porque seamos claros: ya no es posible un “Planeta Doomsday” como se vaticinaba hace años (básicamente, que si PdA desaparecía, al perder las librerías la venta fundamental que es Marvel, se hundía el circuito de librerías y eso arrastraba detrás a todas las pequeñas). La diversificación del mercado ha uniformizado las editoriales de historieta y las ventas se han distribuido. Ya no se puede hablar de prevalencia de editoriales, sino de éxitos de determinadas obras que permiten que la editorial se mantenga. Con matices, ya no vende el sello, sino la obra, lo que favorece que la desaparición de una gran editorial sólo suponga un reequilibrio. Si como se dice en los rumores, PdA perdiese los derechos de DC, sólo sería cuestión de meses que otra editorial los tomase, como ya pasó en el caso de Marvel, donde ni siquiera hubo problemas de continuidad: las colecciones siguieron saliendo de un mes al siguiente.
Personalmente, creo que la gran revolución no será el que una u otra editorial consolidada desaparezca, sino la entrada de grandes monstruos editoriales multinacionales en el panorama de la edición de tebeos en España. Con el tímido intento de entrada de Alfaguara y Random House- Mondadori, se abre la veda del mercado español de tebeos para las grandes empresas de edición, verdaderos gigantes que hacen palidecer a cualquiera de las editoriales consideradas como “grandes” dentro del mundo del tebeo. Una entrada que, además, no pasará desapercibida a las multinacionales del tebeo: ¿cuánto aguantará el mercado español sin que las editoriales francesas o americanas, por qué no- entren a saco en este mercado? Con la globalización, para Dargaud, Casterman o Soleil entrar en España supone sólo poner una oficina desde donde contactar con distribuidores. Es más en algunos de esos casos, la edición se hace desde España a través de editoriales españolas que se encargan del “packaging” de sus productos. ¿Qué sentido tiene vender unos derechos cuando se puede hacer una edición directamente en castellano y distribuirla desde Francia? Incluso más fácil: pueden comprar directamente una editorial en España y utilizarla de plataforma de lanzamiento. Recordemos que ya tienen un precedente con Glénat (aunque, realmente, funcione como una editorial autónoma que publica obras de otras editoriales francesas y producción propia, no es una simple filial). Si estas editoriales entran, tienen además en algunos casos el apoyo de grandes grupos ya instalados en nuestro país y con presencia en todos los canales de distribución, como Hachette.
Éste es, a mi entender, el verdadero cambio que va a sufrir el tebeo en España en los próximos años y que puede suponer un vuelco brutal del escenario: ¿podrán las pequeñas editoriales competir contra estos grandes grupos? Si su trabajo se fundamenta en la producción propia, seguramente sí, pero si se basan en la compra de derechos, difícilmente podrán enfrentarse con editoriales que pueden permitirse el lujo de hacer inversiones a largo plazo.
¿Seguiremos hablando de Planeta, Panini, Norma, La Cúpula o Astiberri en unos años?
¿O hablaremos de Random House, Alfaguara, Dargaud, Soleil y DC?
La globalización mezclada a partes iguales con la “normalización” del mercado del tebeo puede llevar a estas cosas, amigos.

La mejor generación de autores de los últimos veinte años

En mi visita a Santiago, un periodista me preguntó: “¿Qué te parecen los autores gallegos?” y la respuesta fue instantánea: “la mejor generación de autores de los últimos veinte años en este país”. Una aseveración radical, pero que creo no excesiva, como intenté demostrar en la charla que di con motivo del vigésimo aniversario de la librería Komic, en la que hice una comparación con la que, según creo, es la otra gran generación de autores: la valenciana de los 80. Si bien han existido y existen impresionantes autores fuera de estas comunidades, creo que las dos únicas corrientes que se pueden articular de forma explícita como movimientos generacionales son la generación nacida en Valencia a finales de los 70 y que explotó en los 80 con el nombre de “nueva escuela valenciana” y a la que actualmente existe en Galicia alrededor de los colectivos BDBanda y Polaqia. Dos generaciones con similitudes y diferencias que pueden ayudar a entender el porqué de su génesis y los peligros a los que se enfrenta.
La generación valenciana de los Sento, Micharmut, Daniel Torres, Manel Gimeno o Mique Beltrán nació en los activos fanzines contraculturales de los 70, iniciativas que nacían en el ambiente de rebeldía cultural predemocrático tras la muerte de Franco. Unos autores que tuvieron en Miguel Calatayud a un guía estético y espiritual, perfecto preceptor para la ruptura formal que plantearon y que supuso una de las grandes renovaciones artísticas del tebeo europeo. Su éxito en las revistas de los 80 (sobre todo en la cabecera Cairo y, ya posteriormente, en los títulos de Complot), fue todo un referente para los autores valencianos que los siguieron (con las geniales Ana Juan y Ana Miralles a la cabeza). Sin embargo, tras el crash de las revistas de finales de la década de los 80, esta activa generación de autores desapareció prácticamente de la historieta. Con la excepción puntual de Daniel Torres, que sí ha seguido ligado a la historieta (aunque su principal dedicación ha sido en los últimos años la ilustración y la animación), el resto se ha dispersado en diferentes actividades, con retornos esporádicos a la historieta (como el caso de Manel Gimeno).
La pregunta es obvia: ¿se puede dar la misma situación en Galicia?
Desde luego, las coincidencias son obvias: autores aglutinados alrededor de fanzines, éxito rápido y presencia tutorial de un gran autor, en este caso, Miguelanxo Prado. Incluso existe coincidencia en la existencia de una publicación infantil autóctona: Camacuc, la única revista en valenciano y por autores valenciano, antecede en casi 15 años a Golfiño.
Sin embargo, esta apariencia de igualdad esconde diferencias fundamentales: en primer lugar, los autores gallegos se han estructurado alrededor de colectivos bien organizados, como Polaqia y BdBanda, una forma de actuación ya derivada de las primeras experiencias gallegas de los primeros noventa, con el Frente Comixario a la cabeza. Una circunstancia divergente que marca importantes disparidades a la hora de abordar su estudio, ya que la inmersión en grupos definidos permite un mayor florecimiento de nuevos autores, apoyados siempre por aquellos que tienen mayor experiencia. Los dos colectivos se han dedicado a una autoedición de calidad, con los fanzines BdBanda y Barsowia como cabezas de lanza de experimentación y entrenamiento de sus autores. Sin embargo, ésta no parece que sea la circunstancia definidora de las características del actual crecimiento del tebeo en Galicia. A finales de los 90 aparecen en la Comunidad Valenciana movimientos bien estructurados alrededor de colectivos (Como Vacas, 7 Monos o Epicentro) que comparten muchas de las características ya citadas incluyendo calidad-, pero que no consiguieron establecerse definitivamente.
Aparece ahí la primera de las grandes diferencias entre el movimiento gallego y el que se ha dado en el resto de comunidades: no sólo es necesario que exista un grupo de autores con ilusión y ganas, es preciso que existan elementos aglutinantes y motivadores. Y ahí, Galicia ha tenido dos aspectos fundamentales: los salones y el apoyo institucional.
Los salones y jornadas, con las Xornadas de Ourense y Viñetas desde O Atlántico como principales exponentes de la amplia oferta que se da en Galicia, han servido como nexo de unión y contacto para los autores. Citas de obligado cumplimiento a las que hay que añadir la fuerte vinculación de ambas citas con el movimiento fanzinero. Las Xornadas de Ourense han destacado siempre por su espectacular apoyo al fanzine, siendo responsabilidad suya algunas de las catalogaciones más exhaustivas de este tipo de publicaciones, pero también alentando a la presentación de fanzines en sus jornadas. Una característica que también ha destacado la cita coruñesa, siempre volcada en los autores gallegos. En la Comunidad Valenciana las citas brillan por su ausencia (con las honrosas excepciones de la Unicomic de Alicante más centrada en el tebeo americano- o las recientes Jornadas de Castellón todavía incipientes), impidiendo ese canal de comunicación entre autores que favorezca la colaboración mutua.
Pero además, esas actividades han tenido siempre apoyo institucional. Seguramente inconstante e insuficiente, pero presente. Mientras que en Valencia y alrededores las actividades relacionadas con la historieta apenas han tenido apoyo (salvo, claro está, que sean dedicadas a la Fórmula 1 o a la Copa América, ya se sabe de la amplia y longeva relación entre automovilismo, vela y tebeos…) las instituciones gallegas han destacado por su apoyo a las jornadas (recordemos que, además de las citadas, hay salones de solera en Cangas, Pontevedra, Arteixo…) o la prolija cantidad de certámenes, concursos y premios (entre los que destaca poderosamente en prestigio Premio castelao), pero también por la participación activa en la promoción del tebeo gallego. Incluso privado, ya que la falta de apoyo de una publicación tan carismática como Camacuc en Valencia contrasta con la realidad de Golfiño como suplemento de un periódico de gran tirada.
Pero, sobre todo, hay que referenciar especialmente la fundamental labor del portal de Banda Deseñada de Culturagalega.org, la única iniciativa que permite tener un listado completo de autores, obras y certámenes que se celebran en Galicia. Una actividad que se extiende a la promoción efectiva, patrocinando la presencia de autores gallegos en las citas más importantes nacionales (como el Salón del Cómic de Barcelona) o internacionales (como Angouleme).
Una diferencia clave y fundamental, que desvía la balanza claramente hacia el lado gallego y puede explicar la situación actual del tebeo en Galicia.
Sin embargo, los peligros siguen estando ahí: la falta de infraestructuras editoriales propias hacen compleja la supervivencia de estos autores (pese a que aparecen interesantes propuestas como Faktoría K, Xerais…). Los colectivos, como BDBanda o Polaqia pueden pseudoprofesionalizarse, pero los autores cometerían un grave error si pensasen que ésta puede ser una salida. Un error aumentado y multiplicado si se piensa que se puede vivir sólo del mercado en gallego: si bien es necesario y, a mi entender, obligatorio, que exista una oferta cultural en las lenguas propias (catalán, gallego, vasco…), sería absurdo no reconocer que, hoy por hoy, es un mercado exiguo que impide la profesionalización. Es más, puede crear la falsa sensación de mercado por la subsistencia a través de subvenciones. Es indudable que éstas son importantes para el comienzo de proyectos, pero los autores no pueden plantear su futuro profesional sólo a través de subvenciones y premios. Es insostenible y el resultado se resume claramente en el famoso dicho: “pan para hoy y hambre para mañana”.
Es obligado el paso a la profesionalización, hay que dejarse de la utópica visión del artista que vive ajeno a su entorno. Es una situación que, posiblemente, algunos pueden asumir, pero que asegura el fin del movimiento gallego de historieta (y, en general, de cualquiera).
¿Qué se puede hacer?
La solución, desde luego, es compleja. Por un lado, está claro que la actividad promocionadora de la actividad artística y cultural está funcionando perfectamente, pero por otro, se está bordeando un comprometido momento donde se genera un “tapón” de autores si no se les da salida profesional. La salida, obviamente, es concebir estructuras y mecanismos de apoyo a la profesionalización. Los primeros pasos son correctos: el apoyo a las “misiones comerciales” a salones. Pero esta actividad no se debe quedar ahí. Es probable que sea necesario buscar el establecimiento de agencias de promoción de los autores, que actúen dinámicamente, de forma preactiva en el fomento de los autores. No vale con llevar un stand a un salón. Hay que ir a ferias como Frankfurt (como ha hecho Ficomic con los autores catalanes) o Bolonia donde se den a conocer a los dibujantes y se busquen oportunidades de publicación. Ya que el mercado español es insuficiente, abramos el mercado extranjero a los autores. Yo no tengo ninguna duda de que autores como David Rubín, Miguel Porto, Emma Ríos, Diego Blanco, Kiko Da Silva y otros muchos pueden codearse de tú a tú con lo más granado del tebeo europeo. Pero difícilmente lo harán si los editores no los conocen.
Son ideas lanzadas al viento, pero sería terrible que, dentro de veinte años, ninguno de esos autores siguieran en la historieta y fuesen tan sólo recuerdos de momentos gloriosos.

La felicidad

Qué sencillo es ser feliz. Sencillísimo oigan. Sólo dos cosas bastan: la primera, un fugaz periplo gallego. Por corta que sea la estancia, algo debe tener aquella tierra que recarga el espíritu y lo deja henchido de felicidad. La segunda, volver a casa y encontrarse con buenos tebeos.
Hago rápida descripción de los ingredientes: mi paso por tierras gallegas se debió a la buena nueva del vigésimo aniversario de la librería Komic de Santiago de Compostela. Su dueño y señor tuvo a bien invitarme a dar unas charlas y yo, que me apunto a un bombardeo cuando la cosa consiste en visitar Galicia, no dudé ni un momento. Así que allí aterricé para una cortísima estancia que permitió constatar que el personal gallego es sencillamente encantador. Pío resultó ser un cicerone excepcional (sin olvidar la fundamental contribución de Xaime), uno de esos tipos que uno no duda en calificar de buena persona y agradable conversador, al que pronto se unirían Fran Bueno y David Rubín, mis dos compañeros de invitación celebradora. El primero, al que no conocía, demostraba que su fama de buenazo y gran tipo (además de gran dibujante) era completamente cierta. El segundo, me confirma que es uno de los autores más inteligentes que tiene el tebeo de Pirineos para bajo y que su futuro es mucho más brillante que su presente, que ya es decir. Tertulias maravillosas que espero no arruinasen mis charlas y verborreas sobre la visión del tebeo gallego.
Pero la cosa no acabó aquí, porque la fiesta continuó y por la tarde noche tuve el placer de volver a saludar a la gente de Ourense y A Coruña (Óscar y el gran Roberto, el mejor guía que se puede tener en esas tierras para el buen yantar y buen estar) y a blogueros insignes como el Sr. Punch habitual por esta página desde sus inicios, ya era hora que le pusiera cara al “nick”-; Felipe, responsable de esa genialidad llamada Uroloki o la gente de +quecómics o Zona. Sin olvidar, por supuesto, la suerte de conocer a Mariano Casas, autor de las inclasificables (y muy recomendables) Historias de Mariano.
Ya se sabe, día completo, día Comansi. Mis agradecimientos a todos los que allí me recibieron y agasajaron casi como un hermano.
Pero mi felicidad podía ser todavía mayor: nada más llegar a Valencia, mi librero preferido resulta tener dos maravillas esperándome: el tercer volumen de la genial recopilación de Gasolina Alley y el maravilloso y espectacular volumen de las planchas dominicales de la misma serie que ha hecho Peter Maresca. Libro gigante, gigantísimo, del mismo tamaño que el anterior dedicado a Little Nemo y en el que, de nuevo, Maresca hace una labor absolutamente impresionante de recuperación, consiguiendo que veamos las planchas no sólo al tamaño original, sino con el mismo color con el que fueron impresas. Servidor, que profesionalmente ha trabajado en cosas de esto de la teoría de la reproducción del color, sabe lo complejísima que es esta tarea. Pero es que si maravilloso es el continente, el contenido ya es de babeo compulsivo. King cambió radicalmente de discursos en las planchas dominicales y pasaba del costumbrismo realista de las tiras diarias a una explosión de imaginación y fantasía, en la Walt y Skeezix pasean por paisajes desbordantes que parecen sacados de Slumberland. Razón más que sobrada para disfrutarlas, pero a las que hay que añadir la impresionante arquitectura formal, con continuas experimentaciones sobre la narración y composición de páginas. Muchas de las planchas de King muestran recursos narrativos que décadas después serán considerados como “modernos”.
Me retiro a seguir maravillándome.

Precios de tebeos

Antes: un tebeo de 100 págs. a color en tapa dura podía llegar a costar más de 15EUROS.
Ahora: un tebeo de más de 100 págs. a color en tapa dura cuesta 10EUROS.
Posibilidades:
a) La teoría de la conspiración era cierta y durante años las editoriales han estado engañando a los lectores.
b) Se han equivocado en el precio y el responsable está ya haciendo cola en el INEM, mientras que las pérdidas se han descontado del sueldo de los próximos diez años del resto de asalariados.
c) “Printed in China”
Elijan ustedes…

¿Tebeo=libro?

El comienzo del Liber fue recibido por EL PAÍS con un claro titular: “EL ALUD DE NOVEDADES DESBORDA LAS LIBRERÍAS“. Una noticia que acaba de remarcar tirafrutas porque supongo que pensó lo mismo que yo al verla: “Vaya, igual que con los tebeos”. Una idea que se afirmaba con el subtitular, que afirmaba “La vida de un libro en las tiendas se acorta, y uno de cada tres ejemplares editados se devuelve”.
Sin embargo, reflexionando un poco sobre el tema, creo que esa idea inicial es incorrecta y que la conclusión más lógica es precisamente la contraria: “Vaya, los tebeos se parecen cada vez más a los libros”. Aunque el recientemente aparecido Informe sobre el comercio interior del libro del año 2006 que elabora la Federación de Gremios de Editores sigue cayendo en los mismos errores de siempre, infravalorando las cifras reales de negocio del tebeo en España (sólo hay que ver que indica que se han editado unos 1200 títulos, cuando el listado de Ficomic de novedades de ese mismo año ¡casi asciende a las 2500!), sólo hace falta echar un vistazo a los números de literatura para comprobar que el tebeo se está comportando desde el punto de vista industrial como el libro, a una especie de escala reducida. El ítem “Literatura” del informe recoge que se editaron unos 14.000 títulos distintos, con una tirada media de 6000 ejemplares, una cifra excepcionalmente alta habida cuenta de que hay un buen grupo de libros que este año han superado los 100.000 ejemplares de ventas, es fácil concluir que las ventas medias de un alto porcentaje de esos 14.000 títulos superan con dificultad el margen de 1000-2000 ejemplares. De hecho, sólo considerando que un 5% de esos libros son los que han superado la barrera de los 50.000 ejemplares, la cifra media de ventas baja a la mitad. El panorama es evidente: el mercado del libro en España está constituido por un mayoritario grupo de títulos que a duras penas superan los 2000 ejemplares de ventas, soportados por un minoritario número de títulos “superventas”. Un escenario que es prácticamente idéntico en el mercado del tebeo: de los 2500 títulos, los que superan los 20-25.000 ejemplares son tan sólo un selectísimo grupo (Mortadelo, Big in Japan, Naruto, V de Vendetta…), mientras que la gran mayoría se mueve en cifras de ventas muy por debajo. Si mantenemos la proporción 1:25 de la literatura, la gran mayoría de tebeos se moverían en ventas sobre los 1000 ejemplares. Lo que no parece muy alejado de la realidad, conociendo algunas cifras de ventas.
Al igual que en el libro, el tebeo está también sometido a una rapidísima rotación de títulos, que obliga a las librerías a la práctica inexistencia de los stocks, convertidas en mero soporte de novedades y castigadas a la tiranía de la devolución rápida. Se pierde el concepto de librería clásica, con un amplio stock y que permite “perderse” por sus estanterías. En el fondo, una proyección de lo que está ocurriendo en casi todos los sectores comerciales: la mejora de los canales de distribución hace que sea prácticamente inútil el stock. El problema es evidente: el filtro para la compra de un libro no lo pone el comprador, sino el librero, que debe soportar además de esta responsabilidad la carga económica de las peticiones de libros/tebeos por anticipado y entrando muchas veces en un círculo vicioso de peticiones y devoluciones (hay librerías que, tras un fracaso en la petición anticipada de tebeos, deben recurrir a devoluciones masivas para poder equilibrar sus números).
La diferencia fundamental sigue siendo la mayoritaria presencia de autores españoles en las listas de libros más vendidos. De los 10 títulos más vendidos del 2006, cuatro son de autores españoles, manteniéndose una proporción muy parecida si aumentamos la lista. Sin embargo, en la lista de tebeos más vendidos del 2006, de existir, está claro que sólo tendríamos un par de nombres españoles en la lista: los autores de Big in Japan y el sempiterno Francisco Ibáñez (y, quizás, Purita Campos). Una diferencia derivada de un dato en el que tebeo y libro siguen siendo radicalmente distintos: el porcentaje de títulos editados de autores españoles. Aunque, paradójicamente, es evidente que pese a las ventas mucho mayores, la cantidad de autores de literatura que puede vivir de las ventas de sus libros es ínfima. De hecho, para que un autor de libros pueda entrar dentro de la categoría de mileurista con las ventas de su obra debe superar la barrera de 12.000 ejemplares anuales vendidos (suponiendo el precio medio de 10EUROS que da el informe de la FEGE), una cifra sólo superada por apenas un puñado, muy alejada de las millonarias ventas de autores como Pérez-Reverte, Ruiz Zafón, etc. Igualito, igualito, que en los tebeos, donde el único autor que tiene ventas millonarias es Ibáñez y el resto malvive como puede.
En cualquier caso, esa equiparación entre tebeo y libro parece una constatación más de la “normalización” que está sufriendo la historieta.

De Nicholas Devil y Guy Pellaert hasta Frank Miller

Uno de los más apasionantes divertimentos que tiene el aficionado a los tebeos es encontrar referentes en la obra de diferentes artistas y encontrar que los famosos seis grados de separación también se dan en el cómic. Aprovecho que en Con C de Arte se hace referencia al excelente blog de The World of Kane para comprobar cómo Steranko conocía perfectamente la obra de Pellaert cuando afrontó en 1970 la historieta My Heart Broke in Hollywood. Parece evidente que Steranko se vio interesado por la asimilación de las tendencias pop de Pellaert en Jodelle y Pravda para probarlas él mismo en una de sus historietas (sobre todo en lo que a puesta en escena y paletas cromáticas, aunque también en el uso de artistas como modelos de sus heroínas), igual que es imposible no pensar que Nick Fury y Capitán América se vieran antes influenciadas por los excesos pop de la psicodélica Saga de Xam de Jean Rollin y Nicholas Devil o los delirios de Druillet.

Pero Steranko fue un experimentador nato, rompiendo siempre moldes y buscando nuevas fórmulas narrativas. Incluso un encargo tan inicialmente anodino como la adaptación a la historieta de Atmósfera Cero (1981) se convirtió en las manos de Steranko en un crisol de experimentación formal con la composición de página, jugando con dobles páginas y pequeñas viñetas, en modo muy similar a lo que Frank Miller usaría en 300.

No estamos hablando de copias o plagios, sino de autores geniales que absorben todo tipo de influencias para asimilarlas y reinterpretarlas con su propia personalidad. Una sanísima costumbre que, por desgracia, cada vez es menos habitual en el tebeo mainstream, donde muchos nuevos autores se dedican simplemente a seguir la moda imperante sin ninguna inquietud.
Pellart, Druillet y Devil influenciando a Steranko, que a su vez influenció a Miller, autores americanos que epataron a los autores franceses del movimiento humanoide que, a su vez, tuvo en el origen de su nacimiento la revolución que comenzaron Forest, Pellaert y otros muchos.
El mundo es un pañuelo. :)

150.000$ por degollarlo

La locura integrista continúa afectando al humor gráfico: si este verano se reactivaba la polémica de las caricaturas de Mahoma a partir de un dibujo de Lars Vilk en el diario sueco Nerikes Allehanda, con peticiones de gobiernos como el egipcio de que se pidiesen disculpas públicas, ahora la cosa adquiere tintes dramáticos: Al Qaeda ofrece 150.000$ a quien “degolle como un cordero” al dibujante, y 50.000$ a quien asesine al editor del diario.
El debate sobre el respeto hacia las creencias de las personas puede ser más o menos justificado. Mi naturaleza atea me hace estar, ideologicamente, en contra de las religiones, pero respeto que cada cual crea en lo que le apetezca, llámese Dios, Alá o el monstruo volador de spaghettis, que una cosa son las ideas y otras las personas. Pero instigar al asesinato ritual sólo cabe en las mentes delirantes de asesinos mesiánicos y tiene, por desgracia, el perverso efecto de alentar a los extremistas y aplastar a los moderados.
El humorismo se está convirtiendo en una profesión de alto riesgo.

¿Estamos preparados para un “Informe 11-M”? (II)

Parece que el intento de Panini de realizar un 11-M está envuelto en la polémica mucho antes incluso de que nazca. La decisión de la editorial de hacer un sondeo previo por internet para recabar opiniones, preguntando sobre cuestiones que pueden definir claramente la ideología política del que responde, ha levantado una pequeña humareda en diferenets foros. Personalmente, creo que esa encuesta es un error, pero por motivos muy distintos a los expuestos por ahí. El hecho de que una empresa haga un sondeo que puede considerarse de opinión política no me parece censurable: cualquier empresa puede hacer ese tipo de sondeos y está en su absoluto derecho, al igual que cualquiera de no responder a esas preguntas. Se puede argumentar que se encubre la petición de datos con un sorteo de tebeos pero, por lo que he podido leer en la web, deja bien claro desde el primer momento que se está haciendo un sondeo de opinión sobre las ideas que se tienen sobre 11-M, por lo que si alguien contesta supongo que habrá puesto en una balanza el posible premio del tebeo frente a la difusión de su ideología (una decisión fácil en el caso de los lectores de tebeos). Es verdad que esa información “sensible” puede luego se usada, pero para eso la empresa coloca las referencias legales al respecto (aunque es discutible si es la legislación italiana o la española la aplicable, doctores tiene la iglesia que lo indicarán), por lo que cualquier mal uso de esa información podría ser denunciable, en principio.
Personalmente, el problema no creo que vaya por ahí.
A mí me preocupa que el resultado de esa encuesta pueda afectar tanto a la decisión de hacer ese tebeo como a los contenidos que pueda tener. Todos los que hemos montado alguna encuesta por internet sabemos lo fácilmente manipulable que es su resultado. Basta mover un número no excesivamente alto de personas para que los resultados se decanten rápidamente hacia una u otra opción. No existe muestreo estadístico previo y, por tanto, sus resultados deben ponerse siempre en duda ysu relevancia para decisiones debe ser mínima o nula. Más teniendo en cuenta que se está hablando de un tema extremadamente delicado, altamente mediático, que ha derivado en una polarización absoluta de posturas. Teniendo en cuenta el radicalismo de alguna de esas partes, no es exagerado pensar en una legión de clickeadores fanáticos que vuelquen los resultados de la encuesta. Si, por ejemplo, ganase abrumadoramente la opción conspiranoica… ¿el tebeo del Informe 11-M iría en esa dirección?
Panini es una empresa privada y puede, obviamente, hacer lo que quiera, pero parece lógico que si se quiere seguir la estela de rigurosidad del Informe 11-M, se busque una solución lo más aséptica posible. Ya que en nuestra sacrosanta España es inviable que exista un consenso similar en la información a nivel político, se podría hacer uso de la sentencia y el sumario judicial, que parece ser tiene que aparecer en apenas un mes.
Aunque, sinceramente, no creo que esa encuesta afecte a los contenidos: conociendo a los editores de Panini, no tengo ninguna duda de que se buscaría una opción que evitara ahondar en el dolor de aquella masacre, pero sin obviar la exposición fidedigna de los hechos.
Sin embargo, me preocupa mucho más que, a raíz de los resultados, la editorial decida que “no estamos preparados” para ese Informe 11-M. Yo soy de los que piensan que la gente es mucho más inteligente de lo que los políticos nos quieren hacer creer y estoy convencido de que la sociedad es lo suficientemente madura para aceptar este tipo de obras. Pero, sobre todo, creo que es la historieta la que debe demostrar que también es suficientemente madura como para atreverse a contar esta historia. Muchos pueden pensar que “hacer un tebeo del 11-M” es una ofensa y una burla a las víctimas, pensando en la infantilización o reduccionismo pueril que siempre se asocia a la historieta. Es un medio que puede y debe atreverse con cualquier historia, con todos los matices de respeto hacia las víctimas obvios en este caso, pero sin acobardarse ni minusvalorarse.
No será fácil. Un tebeo del 11-M estará sujeto, obligatoriamente, a polémicas. Duras y desagradables, pero puede ser uno de esos pasos importantes en la historia del medio.
Por eso creo, en el fondo, que la encuesta es un error. Ese tebeo es una excelente iniciativa y su futuro no debería depender de lo que digan unos cuantos, sino de la voluntad de la editorial de llevarlo a cabo.

Preservando el pasado

Uno de los grandes, inmensos, problemas que tiene que afrontar la historieta es la pérdida de su memoria histórica. Por desgracia, el tebeo es un producto de naturaleza efímera, que sufre esa extraña dicotomía de la obra de arte popular, creada para su disfrute y olvido. Durante décadas, los tebeos tuvieron una existencia momentánea: tiras de prensa que se leían y permanecían en memoría el tiempo justo para que su impronta permitiese conectar la historia que continuaría al día siguiente. Revistas de historietas, cuadernillos, que eran leídos y releídos hasta que el papel casi se deshacía, momento en el que envolvería el bocadillo que el niño comería más tarde, mientras disfrutaba la nueva entrega de su serial preferido. Los tebeos, reconozcámoslo, eran objetos de uso breve, destinados a rellenar papeleras tras haberlos leído.
Hoy, ese carácter presenta la cara más sangrienta de ese terrible doble filo: hemos perdido décadas y décadas de tebeos. No sólo español, sino mundial. Ante este desolador panorama, internet, la comunidad de usuarios de internet aparece como una especie de clavo ardiendo que puede salvar esa memoria, mediante el trabajo colectivo de la digitalización de historietas antiguas. Muchos pueden ser los problemas de derechos y propiedad intelectual que pueden derivarse de este proceso, pero mayor es el golpe cultural que significaría la pérdida definitiva de todo ese bagaje. Es más, se debería exigir como un derecho inalienable el poder acceder a nuestro pasado. Y los tebeos forman parte de él.
La labor que están haciendo, en ese sentido, decenas de anónimos aficionados que escanean tebeos clásicos, imposibles de encontrar, poniéndolos al alcance de todos, se revela como un lógico y salvador sustituto de lo que debería ser una labor institucional. A falta de centros de estudio de la historieta, museos o, simplemente, ministerios de cultura sensibles con este tema, resulta fundamental que estos anónimos contribuyentes sigan en esa callada tarea de recuperar nuestro pasado.
Como indica Jonathan Barli en su web, Digital Funnies , existen centenares, miles de series, que han sufrido el olvido sistemático y ningún editor hoy se preocupa de su conservación. Que exista un lugar donde se preserven estas series puede ser el primer paso para que algún editor o institución se atreva a recuperarla para las generaciones actuales. No se trata de escanear indiscriminadamente tebeos, sino de una labor de arqueología de la historieta.
Sirva como ejemplo de lo anteriormente expuesto lo que están haciendo páginas como Barnacle Press, la citada Digital Funnies o lo que está haciendo Joan Navarro en su blog, donde podemos disfrutar de maravillosas páginas de K-Hito, Boixcar y Figueras, o páginas de revistas como Pinocho, con las primeras ediciones en castellano de series americanas de prensa, originales de diferentes autores, portadas de tebeos y multitud de imágenes de cultura popular que conforman un precioso fresco de nuestra historia.

Todo por una multa

Al final, parece que el resultado de todo el embrollo que se ha organizado sobre El Jueves puede derivar en una multa por un delito de “injurias al sucesor de la Corona fuera del ejercicio de sus funciones y menoscabo del prestigio de ésta“. Es decir, que se ha secuestrado una revista para después ponerle una multa.
Alucinante.
Y absurdo.
Porque ayer mismo el ministro de Justicia comentaba que unas declaraciones del senador Iñaki Anasagasti, bastante más fuertes que el chiste de Manel y Guillermo, se habían hecho en ejercicio de la libertad de expresión y que por tanto, el senador tendría que hacerse responsable de ellas.
Pero no hubo secuestro.
Con lo que parece que en este país hay ciudadanos de primera, segunda, tercera y regional preferente. La verdad es que lo único que siento después de ver estas cosas es una tremenda vergüenza ajena. Es la sensación de que todo este berenjenal fuese tan sólo un aviso a navegantes, una especie de gran cartel que nos avisa de que “El Gran Hermano te vigila” y pude tirarnos de las orejas a los pobres y tiernos españolitos, infantitos nosotros que necesitamos de una guía de calificaciones de edad para leer lo que se publica en prensa.
Menuda república/monarquía parlamentaria más bananera, que secuestra publicaciones y después mira para otro lado como si no hubiese pasado nada. Y ha pasado. Se ha creado un gravísimo precedente contra la libertad de expresión que ha tenido que pagar en carnes propias El Jueves, viendo como su revista era retirada de los quioscos. No valen las argumentaciones interesadas de “les van a subir las ventas” o “les han salvado la revista”, que tan oportunamente se van diciendo por ahí. No valen las diatribas sobre si el chiste era zafio o grosero. Ni tampoco valen las chorradas que algunos periodistas han escrito sobre la necesidad de poner límites a la libertad de expresión.
Es evidente que la libertad de expresión tiene unos límites: no se puede ir pidiendo a voz en grito que matemos a alguien o que nos pongamos a violar niños. Son límites basados en la lógica aplastante del respeto a los derechos humanos. Pero a partir de ahí, todos los límites existentes, basados en el respeto y la tolerancia, deben ser analizados por la justicia, como mecanismo de respuesta al abuso de la libertad de expresión. Si al final a Manel y a Guillermo les cae una multa, será consecuencia de que hayan usado su libertad de expresión para decir algo, asumiendo la responsabilidad de sus actos y a cara descubierta. No se han escondido en el anonimato ni escudado en la libertad de expresión para soltar todos los exabruptos que quieran, sino que han actuado con valentía y responsabilidad, han efectuado su labor obligada de humoristas, metiendo el dedo en el ojo ajeno y sabiendo que, a veces, les puede acarrear una consecuencia legal. Todos los que participan en El Jueves saben que juegan siempre en el filo de la navaja, es su labor y tarea: usar el humor para recordar a todo el mundo las incongruencias y absurdos de la sociedad en la que vivimos, denunciando aquello que la actualidad mande. Saben que se pueden pasar, pero no evitan esa responsabilidad, no se autocensuran ni piden permisos previos. Dicen lo que piensan y, si alguien se molesta, que acuda a los cauces establecidos.
Pero un secuestro va en contra de todo lo anterior. Y no digamos ya la posibilidad de prisión para un humorista, que nos pondría del lado de las dictaduras más feroces que en el mundo han sido.
Un multa. Ahora la pregunta es: si no existía el delito que dio lugar al secuestro…¿tendrá derecho El Jueves a poner una querella contra el juez por los daños y perjuicios causados por el secuestro? ¿O seguirán siendo ciudadanos de regional preferente?
Mucho me temo que se va a intentar tirar tierra encima y olvidar lo ocurrido, una de las grandes vergüenzas nacionales que hemos tenido que sufrir.
En cualquier caso, de nuevo mi apoyo a EL Jueves, y en especial a Manel y Guillermo.

Bécquer, ¿secuestrado?

La verdad es que de momento no, pero sólo es cuestión del tiempo que tarde en enterarse algún juez diligente, porque el famoso poeta Gustavo Adolfo Bécquer y su hermano se dedicaron a hacer ilustraciones satíricas sobre los Borbones, píntandolos de esta guisa:

Digo yo…lo de las injurias contra la Corona, ¿se debe considerar con efecto retroactivo? Es decir, ¿injuriar la Corona es meterse contra cualquiera de los Borbones, ya sea en ejercicio de sus borbónicas funciones o descansando ya en su real nicho? ¿O sólo vale con el último?
Porque si la cosa es retroactiva, vista la representación de la reina Isabel II, tatarabuela del rey de España, lo más probable es que de aquí a nada asistamos al secuestro sistemático de los libros del famoso vate, que seguro que en sus rimas hay escondidos terribles infundios contra la Corona…

Tenéis muchas más imágenes en el blog Cretino, donde hace unos meses se hizo una excelente entrada sobre el tema…

¿Son rentables los tebeos? (III)

Al hilo de un comentario en el post anterior, un simple y sencillo pensamiento:

¿Por qué no hay publicidad en los tebeos?

Es bien conocido que, en los medios impresos, la publicidad es el principal ingreso. Hay centenares de revistas que basan su modelo de negocio en la publicidad. Es verdad que, a lo mejor, la mitad de la revista son anuncios pero, a cambio, el precio es muy atractivo. De hecho, si existen periódicos gratuitos, es porque la publicidad paga la edición.
Silogismo sencillito: los medios impresos viven de la publicidad. Los tebeos son medios impresos, ergo…
¿Falla la lógica aristotélica?¿O falla el mundo del tebeo?
Los tebeos tienen un público, uy perdón, un “target” perfectamente definido, el ideal de cualquier agencia de publicidad. ¿Cuál es el problema?
Y, ya puestos, ¿por qué no pensar en un tebeo gratuito repartido a la entrada del metro?¿Os imagináis una especie de tomazo gratuito en papel de periódico lleno de series y, claro, publicidad?

Vale, sí, como coleccionista, el sólo pensamiento de ver publicidad en un tebeo exquisitamente editado me pone los pelos como escarpias y comienzo a notar una transformación dermatológica verdosa, pero intentemos ser objetivos…

¿Son rentables los tebeos? (II)

Si hay algo que marcará la barrera que diferencie el amateurismo actualmente imperante en el mundo del tebeo y la profesionalización completa será, sin duda, la información. Hoy por hoy, uno de los aspectos que evidencia que todo el crecimiento que está teniendo el mercado de la historieta en nuestro país sigue construyéndose sobre pies de barro es que la información y difusión del tebeo está totalmente subordinada al voluntarismo de un montón de aficionados que invierten horas y horas en su pasión, sin más recompensa que la satisfacción de una labor bien hecha.
Es evidente que, en algún momento, esto deberá cambiar. Al igual que en internet hay iniciativas comerciales de información en muchísimos campos comerciales y culturales, también el tebeo deberá emprender, antes o después, esta senda.
Hay pequeñas muestras de que esta profesionalización puede estar a la vuelta de la esquina, con ejemplos claros como la inclusión de blogs sobre tebeos en dos redes temáticas comerciales: ActualidadBlog ha puesto en marcha ActualidadComic, mientras que WeblogsTemáticos ha hecho lo propio con la Comixaría. En ambos casos, blogs grupales (o colaborativos que, se supone, serán el futuro de los weblogs) que tienen una clara vocación comercial.

Es cierto que, conociendo a las editoriales españolas (que serían, junto con las librerías, los más interesados en que estas iniciativas tengan éxito), las posibilidades de negocio de este tipo de webs parecen reducidas, pero es evidente que esta actitud debe cambiar. Los sistemas de redes de blogs deberán demostrar si, realmente, existe un trasvase de visitantes entre los diferentes blogs que atraiga nuevos lectores, más allá del reducto clásico del coleccionista, pero si éste se da, las posibilidades se multiplican ad infinitum. Sin ir más lejos, la posibilidad de incluir enlaces para vender tebeos (al estilo de los enlaces de Amazon, como ofrecen ya FNAC y Casa del libro), puede comenzar a ser una realidad palpable que tendá que estudiarse. Pero siempre buscando ampliar el círculo de lectores a más que los coleccionistas. Se habla mucho del gueto de las librerías especializadas, pero el gueto real, el que hace daño verdadero al mundo del tebeo es el de los coleccionistas. Que el 90% de los que compran tebeos sean coleccionistas es el problema básico del mundo del tebeo. Hay que lograr atraer al lector ocasional, aquél que compraría un par de tebeos al año igual que se compra un par de libros o un par de DVDs. Es éste el público real que tiene que sostener el mundo del tebeo, el de los 44 millones de potenciales compradores, no el de los 5000 coleccionistas compulsivos. Y este tipo de lectores no entrará en webs monotemáticas como ésta, sino que se interesará por tebeos en webs generalistas, donde encuentre referencias cruzadas a ellos.
Por eso, por ejemplo, me interesó la posibilidad que se abría con DDT, que permitía hablar de tebeos dentro del paragüas de blogs de EL PAÍS. Tampoco estaría de más que se abriesen muchos espacios dedicados al tebeo dentro de la comunidad de blogs de este diario, habida cuenta de la posibilidad en un momento dado de tener un enlace desde la principal (como ya han hecho Fandecomix, tirafrutas o Manga). Y, en general, en cualquier espacio web colectivo, como puede ser el de Cosmonauta Spiff en Libro de Arena o Nunca pedí estos poderes dentro de Viruete.com.

Queda, eso sí, el debe de plantear un medio de información sólido y completo en internet, dirigido a un público no lector habitual y en el que se pueda encontrar información variada de todo tipo. Llámese portal, web, comunidad de blogs o lo que sea, pero un sitio de referencia real. Es verdad que existe la impresionante labor de información que hace J.A. Serrano en la indispensable guiadelcomic.com, pero quizás pienso más en proyectos dirigidos a la información de actualidad mezclada con información variada donde el futuro lector pueda informarse. Un buen ejemplo puede ser 13 millones de naves, un interesantísimo proyecto que tiene esa mezcal de portal y blog que puede tener el éxito buscado.

Hay que dar un nuevo paso en la información en internet. Dreamers y su comunidad de foros fue, sin duda, el primer paso. La Cárcel fue, es posible, uno de esos pasos en su día. Y bienvenidas sean las medallas que se me quieran poner, pero hoy por hoy, es ampliamente superada en calidad y cantidad de información por otras webs como Zona Negativa, Con C de Arte o Entrecomics, por poner sólo unos ejemplos. Tebelogs fue otro paso necesario. Pero ahora toca dar el ¿definitivo?

ACTUALIZACIÓN: Un par de matizaciones tras un par de mails que he recibido. Cuando hablo de profesionalización de la información no hablo de profesionalización de los blogs, son dos conceptos completamente diferentes. Los blogs son tribunas de opinión personales que, pueden profesionalizarse, pero no me parece que éste sea su objetivo. Un blog es, a priori, un cajón de madera sobre el que nos subimos para compartir nuestras ideas. Es verdad que su estructura técnica permite montar con relativa facilidad un sistema de información comercial (y ejemplo hay sobrados en este sentido), pero creo que debemos diferenciar el concepto “teórico” de blog, como tribuna de opinión en internet, del concepto “tecnico” de cómodo sistema de gestión de contenidos. En mi argumentación, sistemas de información “profesionales” conviven sin ningún problema con los blogs, complementándose.

¿DC ya no cree en los superhéroes?

Uy, uy, uy, cómo bajan las aguas comiqueras de los Estados Juntitos. Atentos a una noticia empresarial que puede pasar desapercibida, pero que tiene importantísimas connotaciones: DC invierte en Flex Comics, una nueva editorial japonesa de manga. Un primer movimiento de la hasta ahora desconocida sucursal de la editorial americana en Japón, DC Comics Japan, que intenta por un lado conseguir presencia en el país y, sobre todo, material para su cada vez más pujante sello de manga en los USA, CMX. Además, la editorial japonesa parece querer ser pionera en el novísimo campo de los cómics para dispositivos móviles, que parece ser todo un lucrativo sector en el lejano oriente.
Un movimiento empresarial que viene a confirmar la deriva que se está produciendo en el mercado americano del tebo: los antaño omnipresentes superhéroes han encontrado su particular kryptonita en forma de niños de grandes ojos, que están demostrando un crecimiento de ventas nunca visto antes en ese país, invadiendo el mercado y abriendo canales de distribución con una fuerza inaudita. Un movimiento que se está produciendo en paralelo a otro, igualmente importante: el lento pero constante traslado del género de superhéroes hacia los medios audiovisuales, cine y televisión. Dos constantes que pueden dejar a las todopoderosas Marvel y DC en situaciones delicadas. Marvel ha apostado claramente por el control de las adaptaciones cinematográficas, lo que la puede transformar de la principal productora de tebeos de superhéroes a la principal productora de películas de superhéroes. Por su parte, DC parece tener más problemas para explotar esta corriente (lo que tiene su lógica, habida cuenta de su dependencia de la Warner) y, por lo tanto, vuelve a su función de siempre: editar tebeos, diversificando su oferta con mayor (CMX) o menor (Humanoides) fortuna.
Atentos porque el vuelco en los USA puede estar muy próximo. Si atendemos a las cifras de negocio que se dan, Tokyopop ya rivaliza con Marvel (en lo que respecta a editorial), mientras que editoriales como Dark Horse o Viz ven su cifra de negocio subir mes a mes.
El futuro parece apasionante…

Ilusión, sorpresa… frustración

Estoy disfrutando como un enano la lectura de I Shall destroy all the civilized planets!, de Fletcher Hanks y no puedo evitar, paradojas de la vida, un sentimiento de tremenda frustración. El libro editado por Fantagraphics muestra la olvidada obra de un creador que se avanzó en dos décadas a todo lo que se estaba haciendo en ese momento. Un delirio completo, argumental y gráfico, que tiene momentos de brillantez absoluta. Hay planchas de Fantomah que pueden competir perfectamente con las planteadas por Guy Pellaert a finales de los 60, casi tres décadas antes de los descubrimientos del pop-art y su aplicación a los tebeos. Una sensación que ya tuve en Art out of time (donde ya descubrí a Fletcher Hanks), donde la contemplación del Naughty Pete de Charles Forbell obra me descubría un genio que se anticipaba a Chris Ware en casi un siglo. Ejemplos que constatan y trasladan al tebeo la famosa hipótesis planteada por Gombrich: “el evolucionismo no existe en el arte“, que plantea la imposibilidad de usar argumentos similares a la evolución biológica en la creación artística. La creatividad no evoluciona, sino la técnica de la que hace uso para realizarse. Algo que podemos comprobar totalmente con estos autores y, en general, en el tebeo, donde el 99% de los recursos narrativos que hoy utiliza el 99% de los autores de historieta son exactamente los mismos que usaba Rudolph Dirks hace más de 100 años en The Katzenjammer Kids. Pueden cambiar las épocas y la mentalidad, pero la genialidad creativa de McCay, Herriman, Dirks, McManus y tantos autores que plantearon las bases del medio, sigue sin ser superada.
La frustración que me plantea es que, cada vez que descubro nuevos autores, me doy cuenta de lo poco que sé de tebeos. El simple hecho de ver libros como Art of out time, me provoca escalofríos al pensar en todo lo que me estaré perdiendo y lo que, con toda seguridad, me perderé. Por mucho que devore todo lo que llega a mis manos, por muchos libros y tebeos que lea, apenas llegaré nunca a un porcentaje ínfimo y olvidable de todo lo que existe. ¿Cómo es posible intentar analizar la creación, el medio, sin conocer todos los referentes previos? Por ejemplo: al leer a Fletcher Hanks y su psicodélico Stardust hoy, todos mis planteamientos sobre la influencia del pop art en la “generación Losfeld” de mediados de los 60 en Francia se ponen en duda. ¿Conocería la generación de pintores del pop-art la obra de Fletcher Hanks? ¿Existe alguna relación o sólo es coincidencia?

En el fondo, creo que estoy intentando desarrollar esas teorías evolutivas de las que hablaba Gombrich, trasladando la relación de causalidad biológica que tenemos grabada a fuego en nuestros genes. ¿Pero no será esa relación de causalidad un mero comportamiento macroscópico generado por una visión global incapaz de discriminar los detalles?
¿Se puede teorizar sobre la creatividad?
Posiblemente no, estamos intentando dar normas a lo que no lo tiene, en ese intento desesperado de demostrarnos que somos capaces de tenerlo todo controlado.

Al final, ¿qué queda? La curiosidad infinita, el saber que, pese a que nunca podamos abarcarlo, siempre hay que querer más, buscar en cada nueva historieta con ese espíritu de niño que descubre tebeos mientras se ensucia las manos en una librería de viejo. Eso nunca, nunca, debemos perderlo aquellos que amamos la historieta.

Un regalito: All-Amazing Comics, un genial proyecto de Steve Rogers, por desgracia nunca finalizado.

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En todas partes cuecen habas…

No sólo en España existen problemas con la calidad de las ediciones de tebeos. La editorial francesa casterman sigue en su suma y sigue de errores y decisiones erróneas, como denuncia el dibujante Obion en su blog: la edición de su útlima obra, Vilebrequin, tiene un error de compaginación (se ha avanzado una página y lo que tenía que ser página izquierda es derecha), que rompe totalmente el efecto compositivo buscado por el autor. El problema es que Casterman no reconoce el error de impresión, dando como única solución la espera a una segunda edición donde se rectifiquen las peticiones de los autores.
Casterman sigue acumulando quejas de los autores, que ven cómo sus ediciones son remontadas (caso de las de Pratt, Katchor o Magnus) o cambiadas de formato sin previo aviso. Como bien dice el autor: “Errare humanum est, perseverare diabolicum“.
El problema, como siempre, no es tener errores. Es humano y mientras que se dé una solución satisfactoria al comprador, no me parece especialmente grave. Son errores que pueden minar la confianza del lector en la editorial, pero no afectan al producto final adquirido si, como digo, ha sido subsanado el error.
Lo grave es perseverar en los errores y, sobre todo, no admitirlos. Calidades deficientes continuadas en las traducciones, impresiones lamentables… comienzan a ser la tónica de algunas editoriales, que no admiten errores en sus ediciones.
¿Qué se puede hacer ante esto?
Pues siento ser pesimista, pero me temo que muy poco.
La llamada a la revuelta de los compradores tiene un precioso punto romántico, y uno se imagina a los lectores avanzando en masa hacia las editoriales reclamando sus derechos, mientras los ejecutivos de las editoriales huyen espantados… pero la realidad será muy distinta. Es posible que, si hablamos de tiradas minoritarias, de editoriales muy pequeñas y obras muy concretas, un cierto revuelo en internet pueda ser efectivo. A fin de cuentas, si sobre una tirada de 1000 ejemplares hay cien lectores cabreados, la cosa es muy grave, gravísima. Sin embargo, en aquellas ediciones de naturaleza más popular, destinadas a una venta, pongamos, de más de 5000 ejemplares (que no son muchas, todo sea dicho, aunque sea su ambición), las quejas de 100 lectores no suponen nada, siempre y cuando haya 4900 a los que no les importa el error o la baja calidad de impresión. Chocamos aquí con la falta de cultura del lector español hacia la calidad de edición, que siempre se queja antes del precio que de la calidad de lo que compra. Preferimos comprar en el todo a 100 y llevarnos 10 baratijas antes que comprar una de cierta calidad. ¿Cuántos comentarios se han visto en esta página que se quejan del elevado precio de los tebeos? Miles, y no exagero. Incluso se han hecho muchas comparaciones de precio del tebeo por página, independientemente de la calidad de esta página. ¿Es lo mismo el papel de water que un cuidado satinado mate de 120 gramos?
Sin embargo…¿Cuántos han aceptado que una cuidada calidad de edición conlleva unos precios un poco más caros? Una ínfima minoría.

Una reflexión sobre el post anterior

La cosa se está poniendo interesante: si hace poco comenta que RBA apostaba por llevar el tebeo a los quioscos y las grandes superficies, atentos porque apenas un día después nos encontramos que su siguiente paso es atacar con el manga. Y no un manga cualquiera: Mazinger Z, la famosa obra de Go Ngai, que puede atraer tanto a los lectores habituales del mecha como a toda una legión de lectores acosados por la nostalgia del anime que vieron en su infancia.
Si sumamos a esto la reciente salida a quioscos de Naruto por parte de Glenat, podemos estar en situación de comprobar la fuerza real del manga en los quioscos. Yo personalmente apuesto por el tebeo japonés que peude encontrar en el quiosco un lugar ideal de distribución por precio, formato y público potencial. La cuestión a discutir aquí es si estos nuevos canales de distribución son accesibles a las editoriales habituales de cómics, acostumbradas a un único distribuidor y un único canal de venta o si serán sólo las grandes como RBA las que pueden sacar partido de él, lo que obligaría a acuerdos como los que ha realizado Panini con Mondadori o El Jueves con RBA.
Tiempo al tiempo. Podemos estar ante un importantísimo cambio de la cultura del tebeo en España, cuyas consecuencias son absolutamente imprevisibles.

Vuelven los enlaces (con reflexiones varias incluidas al mismo precio)

Entre pitos y flautas, llevo varios meses sin poner enlaces por estos lares. Pues nada, como las cosas vuelven a la normalidad, nada mejor que volver a compartir enlaces con todos vosotros:

– El primero es Electro Comics, una web dedicada a la distribución de novelas gráficas en formato PDF y en la que podemos encontrar una más que interesante selección de nuevos autores, con obras realmente sugerentes como el Rifles de Andrea Bruno o Again an example
where life is like that
, de Paz Boira. La lista de títulos es amplia y vale la pena pasarse un buen rato, porque podemos descubrir autores a seguir en el futuro.

La cuestión que se plantea al entrar en Electro Comics es ¿es ésta la forma de distribución de tebeos del futuro? La verdad es que el sistema es bien sencillo: un servidor bien dotado y un sistema de pago por PayPal, que permite bajarse las obras gratuitamente o bien donando una pequeña cantidad (1.5$, poco más de 1EUROS). La realidad marca que, por desgracia, cada vez es más difícil que un autor novel vea publicada su obra si no es a través del formato novela gráfica, pero los elevados costes de publicación respecto al formato revista o fanzine limitan cada vez más las posibilidades reales de dar a conocer una obra y de foguearse ante el juez más severo, el público. Esta opción puede significar una vía intermedia para que los autores jóvenes puedan poner en el mercado sus obras sin que las editoriales arriesguen en exceso, aunque levanta, obligatoriamente, el debate sobre la remuneración económica del trabajo del debutante. Si el sistema no funciona, el autor no cobra, evidentemente, aunque tampoco pierde la editorial pero, ¿no es labor de la editorial la búsqueda de nuevos talentos? Si los autores que comienzan suelen cobrar sobre porcntaje de ventas…¿no es este sistema ya la confirmación definitiva de que un autor no cobrará nunca por sus trabajos primerizos? Ventajas y desventajas de las nuevas tecnologías que hay que poner en una balanza. Yo, sinceremente, tiendo a pensar que es un buen sistema y que puede ayudar, siempre y cuando haya detrás editoriales que arriesguen algo más que poner un servidor.

– Segundo enlace: The Stripper’s Guide blog, de Allan Holtz. Una fundamental página dedicada a recuperar la historia de la tira diaria de prensa. El trabajo de Allan Holtz es necesario y de obligatorio estudio. De hecho, sólo por su exhaustivo listado de Mistery Strips, en el que hace directorio de series completamente desconocidas, ya debería ser un referente obligado, pero sus interesantes análisis son todavía más interesantes. A lo que hay que añadir que su último proyecto es la recuperación de los dibujos editoriales de Herriman. Obligatoria visita.

La cuestión a plantear en este segundo enlace es: ¿es posible la recuperación del patrimonio historietístico español en modo similar?. Es decir, ¿qué posibilidades tiene de salir adelante un proyecto de escanear y tener catalogadas páginas de autores como Puigmiquel, K-Hito, Blasco y demás que se publicarán en Chicos, Aventurero, etc…? ¿Alguna institución o editorial pondría los medios técnicos para una labor comunitaria de todos los aficionados?
Soñar es gratis, amigos y amigas.

Como si Goya se hubiera dedicado al cómic

“Pienso que sí. El cine puede ser un medio muy potente y es una lástima que lo estemos matando. Es de locos. La potencia que tiene una película en una sala oscura para transmitir ideas y emociones no es comparable a la de ninguna otra forma de expresión artística. Otra cosa es que no la hayamos sabido utilizar. Han hecho entretenimiento. Es como si Goya o Velázquez se hubieran dedicado a hacer dibujitos para cómics. El cine no debe ser una herramienta de propaganda ni de entretenimiento. Es una máquina de resistencia, una máquina para pensar y emocionar.”

La perla anterior es del director Jaime Rosales en una entrevista en ABC. Lo de siempre, se presupone que la historieta es sólo un medio de entrenimiento, como pensar que el cine es sólo Piratas del Caribe y las pelis de los albóndigas en remojo. Está haciendo con la historieta el mismo y exacto planteamiento que él rechaza para el cine. El problema es que lo haga alguien que viene de un arte, como el cine, que sufre exactamente la misma dualidad entre industria y arte que el tebeo. Puedo entender que se entre, por enésima vez, en el polémico (y absurdo, a mi entender) enfrentamiento entre entretenimiento/industria y arte/cultura, una doble vertiente que es inseparable en la cultura popular del s.XX, pero eso no quita para tener un mínimo de respeto a todas las formas artísticas y culturales.
Quejarse de los males propios a base de despreciar a los de los demás no es muy bonito, Sr. Rosales….

Death of the comics fandom?

Interesante, muy interesante el ensayo en dos partes de Mike Pellerito, The Death of the comic fandom? (parte 1 parte 2), un análisis sobre la evolución que se están dando en la industria del tebeo americano y cómo los cambios en los formatos, distribución, estilos de los tebeos y hábitos de lectura se retroalimentan entre sí. Pellerito plantea cómo la transición entre comic-books de grapa a la novela gráfica tiene una relación directa con el cambio de canal de distribución, asociado a los cambios de modos sociales. Los comic-books se vendían inicialmente en los quioscos y supermercados, con un sistema de distribución que no aseguraba que dos números consecutivos llegaran al punto de venta. Eso se traducía en la imposibilidad de desarrollar tramas a lo largo de varios números consecutivos, por lo que lo habitual era que los cómic-books contuvieran historias autoconclusivas, como mucho, y excepcionalmente, con algún continuará entre dos números seguidos. La expansión de las cadenas de librerías especializadas y el progresivo confinamiento de la distribución de los comic-books a este canal favoreció tramas que se prolongaban a lo largo de muchos números, sabedores los editores de la facilidad con la que los lectores podrían encontrar el episodio mensual correspondiente e incluso atrasados en el caso de que se perdiese alguna entrega.
Sin embargo, la entrada del novela gráfica y el manga en la industria americana ha descubierto un nuevo y potente canal de distribución de tebeos, las grandes cadenas generalistas, donde lo que funciona es el formato libro. El lector no habituado a los cómic-books no quiere volver mes tras mes a la librería, quiere llegar a ella, ojear un rato por los estantes y, después, llevarse una historia completa a casa. Un nuevo cambio que está arrastrando a los editores, ante la evidente mayor rentabilidad del tomo frente a un formato, el comic-book, que cada vez tiene menos ventas.
El problema, tal como plantea Pellerito es si las librerías especializadas podrán soportar que los lectores dejen de acudir mes a mes a por su dosis mensual de tebeos, sobre todo con la competencia de las tiendas on-line. Si ya no existe la necesidad de ver cómo continua la serie, se puede pedir el tomo desde la tranquilidad de tu casa por Internet.

La reflexión es muy interesante y, en el caso español, plenamente importable. Nuestro mercado es un clon en cierta medida del americano y la evolución que describe Pellerito es muy similar a la que se está dando en España, con un auge cada vez mayor de la librería generalista como punto de venta de tebeos. Sin embargo, creo que su temor sobre el futuro de las librerías especializadas no puede tomarse de igual manera en España. El problema, si acaso, es que obligará a las librerías especializadas a un cambio importante, ya que un ascenso en las ventas en grandes cadenas puede inclinar la actual situación de la balanza, pasando a ser este canal el principal distribuidor de novedades. Si se diera esta situación, las librerías especializadas deberían volver a explotar el stock como principal reclamo: si un comprador no habitual adquiere un tebeo de un determinado autor o serie, y le gusta, la única posibilidad de encontrar más títulos del mismo autor o serie pasaría por recurrir a una librería especializada. Una situación en este momento compleja, ya que la gran mayoría de las librerías especializadas en España apenas tienen stock, centrándose en las novedades del mes.

30 años ya…

30 años.¡Cómo pasa el tiempo! Servidor en aquellos tiempos, para qué voy a negarlo, pues no era comprador de El Jueves. En esos tiempos, allá por el 77, era comprador de las revistas de Bruguera y de Vértice, que era para lo que llegaba la exigua semanada, y aprovechaba que mis padre compraban EL PAPUS para leerlo puntualmente a escondidas, eso sí, que salían tetas- todas las semanas. Eso sí, recuerdo perfectamente el primer número de EL JUEVES que apareció por casa, con esa portada rosita y la primera aparición de Martínez El Facha. Divertida, pero no podía compararse a mi idolatrada EL PAPUS, con Carlos Giménez, Ventura y Nieto, Manel, Sappo/Vázquez y sus geniales fotonovelas.
Así que dejé de leerla. Terrible y prematura traición, aunque la verdad, todo sea dicho, es que la razón fundamental es que mi padre no la siguiera comprando.
Pasó el tiempo, y servidor, lógicamente creció en alto, ancho y cartera, lo que me permitió, con aquello del atrevimiento adolescente, comprarme una revista satírica casi todas las semanas. Desaparecida EL PAPUS y tras la corta experiencia de EL PUPAS, quedaba tan sólo EL JUEVES, así que la cosa no permitía mucha elección. Pero oye, que estaba mucho mejor de lo que recordaba. De principio, tenía colorines, que quieras que no era todo un punto y, de segunda, que la práctica totalidad de mis admirados autores estaban en EL JUEVES Y más porque detrás de aquella portada que mostraba a Carrillo con chupete (¡ay!, sí, tengo memoria para estas chorradas) descubrí maravillas como el Dios de JL Martín, o los Grouñidos en el desierto o La Mamen. No tuve problemas en decidirme: compraría la revista… cuando pudiera. Desde entonces, y de eso hace ya 25 años, EL JUEVES ha estado siempre a mi lado. Ese “cuando pudiera” se convertía, según lo boyante de la economía, en todas las semanas a veces; otras, una vez al mes, pero consiguiendo que sus personajes formen parte de mi vida. Martínez el facha, el Dios, Jesusito de mi vida, Mamen, Groucho, La parejita, Tato… cada uno ha sido y es parte de mi mitología personal, emperrados semana a semana en formar parte de mi vida.
Pero hay mucho más. Cuando he conseguido -¡por fín!, que jodida ha estado la cosa, no creáis- un ejemplar del libro conmemorativo que han editado, recopilando momentos de estas tres décadas, no he podido evitar pensar que en ese librito está toda mi vida. Todos mis recuerdos de adulto están ahí: la democracia, el golpe, el divorcio, los mundiales de fútbol, el 28-O, la ley Corcuera, las bragas de la Chávarri, Roldán y sus calzoncillos, Ansar, las olimpiadas, Travolta… Desde las anécdotas más olvidables a aquellas que me impresionaron, los treinta años de historia de EL JUEVES son también treinta años de mi vida. Si los libros de historia me recuerdan la historia que he vivido, EL JUEVES me proporciona de nuevo las sensaciones y sentimientos que me aquellos acontecimientos me produjeron. Es una especie de registro sentimental de mi existencia que, leído hoy, me permite algo mucho más importante que un simple ejercicio nostálgico: sentir que esa historia ha sido la mía.
Comprenderéis ahora el porqué a veces me cabreo con la revista, cuando creo que no lo están haciendo bien o porque no me ha gustado un rumbo determinado de una serie. ¡Coñe!, que son parte de mi vida, también tengo derecho a quejarme, ¿no?
Dicho todo esto, ¿qué más voy a decir? Que encima han estado apostando por los autores de aquí, por la historieta y por fomentarla, que hicieron algo tan ilusionante como el Mister K… Y que siguen en ello, buscando nuevos autores y jugándosela semana a semana, demostrando que forman parte de ese Olimpo de las revistas satíricas donde están Punch, MAD, Charlie Hebdo, Le Canard Enchainé o La Codorniz.
Os quedan un par de días para haceros con el especial. Si lo encontráis, porque deben quedar cuatro mal contados…
Treinta años.

Amigos de EL JUEVES: Gracias.

PD 1: Que han remodelado la web, que sus paséis, leñe.
PD 2: ehhhhh, ps, ps, Albert, ¿te pasé la dirección donde enviar el jamón? De todas formas es la de siempre, ya sabes… Por cierto, que el último fue de pena, a ver si os ponéis las pilas, que era de marca Carreful…

Comezón de vilipendiar

A raíz de los comentarios de los dos últimos posts, se me había ocurrido hacer una larga entrada sobre la habilidad que tenemos para lanzarnos al cuello de cualquier cosa que huela a hecha por estos lares. Pero estaba yo escribiendo cuando me di cuenta que alguien lo hizo mejor que yo en 1833, hace ya casi 175 años. Don Mariano José de Larra, maestro de todos los periodistas de hoy y que ya clavó cuál era el problema del españolito de a pie: el comezón de vilipendiar.

En este país… Esta es la frase que todos repetimos a porfía, frase que sirve de clave para toda clase de explicaciones, cualquiera que sea la cosa que a nuestros ojos choque en mal sentido.

-¿Qué quiere usted? -decimos-, ¡en este país! Cualquier acontecimiento desagradable que nos suceda, creemos explicarle perfectamente con la frasecilla: ¡Cosas de este país! que con vanidad pronunciamos y sin pudor alguno repetimos.

¿Nace esta frase de un atraso reconocido en toda la nación? No creo que pueda ser éste su origen, porque sólo puede conocer la carencia de una cosa el que la misma cosa conoce: de donde se infiere que si todos los individuos de un pueblo conociesen su atraso, no estarían realmente atrasados. ¿Es la pereza de imaginación o de raciocinio, que nos impide investigar la verdadera razón de cuanto nos sucede, y que se goza en tener una muletilla siempre a mano con que responderse a sus propios argumentos, haciéndose cada uno la ilusión de no creerse cómplice de un mal, cuya responsabilidad descarga sobre el estado del país en general? Esto parece más ingenioso que cierto.

Creo entrever la causa verdadera de esta humillante expresión. Cuando se halla un país en aquel crítico momento en que se acerca a una transición, y en que, saliendo de las tinieblas, comienza a brillar a sus ojos un ligero resplandor, no conoce todavía el bien, empero ya conoce el mal, de donde pretende salir para probar cualquiera otra cosa que no sea lo que hasta entonces ha tenido. Sucédele lo que a una joven bella que sale de la adolescencia; no conoce el amor todavía ni sus goces; su corazón, sin embargo, o la naturaleza, por mejor decir, le empieza a revelar una necesidad que pronto será urgente para ella, y cuyo germen y cuyos medios de satisfacción tiene en sí misma, si bien los desconoce todavía; la vaga inquietud de su alma, que busca y ansía, sin saber qué, la atormenta y la disgusta de su estado actual y del anterior en que vivía; y vésela despreciar y romper aquellos mismos sencillos juguetes que formaban poco antes el encanto de su ignorante existencia.

Este es acaso nuestro estado, y éste, a nuestro entender, el origen de la fatuidad que en nuestra juventud se observa: el medio saber reina entre nosotros; no conocemos el bien, pero sabemos que existe y que podemos llegar a poseerle, si bien sin imaginar aún el cómo. Afectamos, pues, hacer ascos de lo que tenemos para dar a entender a los que nos oyeron que conocemos cosas mejores, y nos queremos engañar miserablemente unos a otros, estando todos en el mismo caso

Lo malo de esto es que 175 años después estamos igual.
Y no es cosa de los tebeos, señoras y señores.
Es que somos así. ¡Cosas de este país!

El texto completo del artículo, aquí.

En defensa de las Usenet News

Hay que ver, ¡cómo pasa el tiempo! Hace ahora unos quince años, servidor comenzaba a meterse por los procelosos mares de la internet gracias a Usenet News, un maravilloso servicio de foros que, mucho antes de la aparición del Gopher o de la famosa WWW (¡ay! cuando todavía usábamos el NCSA Mosaic) fue el punto de encuentro para muchos aficionados al cómic. A través del grupo rec.arts.comics, pude contactar con aficionados americanos, franceses, italianos, con los que compartía vicio e incluso nos envíabamos mutuamente tebeos. La cosa se profesionalizó y recuerdo que todas las noticias que dábamos en EMM y El Maquinista venían de este medio, adelantándonos en meses a todos los que usaban el método habitual de información, el catálogo de Capital y The Comics Journal. Mucho ha llovido desde entonces: aparecieron los gopher (que todavía debe existir por ahí una copia del que yo creé dedicado a los tebeos), las webs y ya lo demás es historia. Hoy, Usenet News debe competir con una oferta amplísima, pero sigue manteniendo ese espíritu de lugar de debate y de comunidad que la fundó, resistiendo contra viento y marea a sistemas mucho más atractivos.
Precisamente ahora, en es.rec.comics, el grupo en castellano dedicado a tebeos, se está comentando la falta de gente que entra en las news y la posibilidad de crear webs o blogs del grupo. Es verdad que los grupos se han quedado reducidos a pequeñas comunidades, pero creo que es más por la falta de conocimiento sobre cómo acceder a estos interesantes y útiles foros de debate. Hoy en día se puede hacer desde el propio software de correo (como Outlook o Thunderbird) o incluso desde la web, aprovechando el servicio de Google Groups, así que no os perdáis la posibilidad de un garbeo por las news. Volveréis a la internet original, la de sólo texto, donde lo importante era el intercambio de ideas y no los videos, imágenes y diseño.

Crónica de un Salón raro (y 3)

Sábado. 7:00 de la mañana. Me cago en los muertos de Pavlov, su perro, sus reflejos condicionados y la madre que los trujo. Ayer acabé a las tantas, cansado, que ya se sabe que politiqueos y emociones son malas compañías. Y hoy, los ojos como platos a las 7:00. Consigo remolonear en la cama un buen rato, pero al final decido aprovechar el tiempo, así que me voy pal Saló a ver las expos con tranquilidad. Desayuno con Camarasa, al que me encuentro en el hall del Hotel y llego al Saló cuando acaban de abrir para los feriantes. Así que busco mi pulsera de feriante y entro tranquilamente. En principio, tras los dos días de histeria, volvía a la “normalidad”, ya exento de compromisos, me podía dedicar al Salón como Dios manda, es decir, a buscar y rebuscar por ahí. Lo primero, por supuesto, ver las expos con tranquilidad. Vuelvo a la de género negro y la señora de la limpieza me mira con cara de odio ante el reguero de babas que voy dejando. Joder, qué maravillas. Gould, Eisner, Muñoz, Clavé… Es una maravilla total. Me recreo en cada original durante un buen rato. Después paso por la de Blacksad, la de Auladell (qué horror de escenografía, qué mal se ven los originales), la chorrada de 300 (la expo), y me detengo de nuevo ante los originales que hay de Coll, ahí dejados como si nada… El charco comienza a ser preocupante, así que antes de que me mate el servicio de limpieza me voy a ver el resto. Me abstengo, por indicación médica, de entrar todavía a la de los Tebeos Valencianos. Cosas mías. Y me voy a la de Víctor de la Fuente, que me decepciona un poco. Una bonita escenografía, con un gran saloon del oeste, pero la selección de originales me deja un poco frío. Muchos de La Biblia y poco de Haxtur, Sunday, Haggarth y demás, aunque de la Fuente es siempre De La Fuente y me deja maravillado. La verdad es que con sólo un original suyo, la exposición ya sería interesante. Termino al final con la dedicada a Astérix, que es anecdótica, más que interesante. Se hace la hora de apertura, así que me dirijo al stand de Valencia, lo arreglo un poquito, paso el trapo y esas cosas y espero que vengan Pedro y Guillermo, que llegan puntuales a encargarse del recinto. Nada, ni veinte minutos ha durado esta parada en la expo y cuando salgo… ¡Matrix! Alguien me ha cambiado el recinto. Hace apenas un rato estaba vacío y ahora hay una marabunta espectacular. Hago cuentas mentales y la verdad es que hay muchísima más gente que el año pasado. Pese a que el espacio es mucho más grande, apenas se puede andar, sobre todo por algunas zonas, demostrando claramente que el cambio de fechas ha beneficiado la asistencia. Me alegro por los del Salón, de hecho me encuentro con Juanjo Sarto primero y con Carles después y, por primera vez, les veo sonreír. Con ojeras hasta los tobillos, pero sonriendo. Inicio mi paseo matutino y me detengo a saludar a todo el mundo. ¡Por favor! ¡Qué diferencia a los últimos días! Charlo con unos y con otros, me entero de jugosos rumores, me cuentan historias y proyectos y la verdad es que, por primera vez en tres días, me encuentro a gusto en el Saló. Vale, sí me sobran unas 20 o 30000 personas que no dejan ni respirar, pero la cosa es mucho más tranquila. Se va haciendo la hora de comer y he quedado con la gente de La Cúpula. Antes, eso sí, saludo a Víctor Mora y Armonía, dos personas entrañables y maravillosas. Hablamos apenas unos minutos y me voy a comer. En la comida, con Max, Berenguer, Montse y Shelton, arreglamos el mundo del tebeo, el resto del mundo y, cuando ya comenzábamos a arreglar el universo completo, toca volver al Salón. El universo se lo pierde. Por la tarde, más de saludos, que incluyen a la gente de Pontevedra, Rafa Tenorio, Julio Iglesias y demás, gente majísima a las que las ganas de hacer cosas se les salen por las orejas. Y las hacen bien, además. Microcharlas con más gente y, cuando apenas me he dado cuenta, son las ocho. Me vuelvo para el hotel, que me han invitado a la cena de 30 aniversario de Norma. Ya en el restaurante, me toca mesa con Carles Miralles, Joseba Basalo, Xavi Morell y Ernest Riera, entre otros, lo que hace la velada de lo más agradable. Nos reímos a gusto y escuchamos atentos el speech de Rafa Martínez sobre la historia oculta de Norma y el extraño encargo de la pintura de una cúpula en Rusia con escenas lésbicas por parte de Luis Royo. Incredible, oigan. Tras el speech y la cena, conversación genial y aprovecho para saludar a algunos de los invitados, que por allí estaba Ana Miralles, siempre encantadora y a la que no veo desde su exilio a tierras cántabras, Pierre Christin, que estuvo hace un par de años por Valencia y más gente que había por allí. El vino hace su efecto y la somnolencia ataca, así que aprovecho para retirarme discretamente. Caigo sobre la cama y lo siguiente es domingo ya…
Domingo. 7:00 h, llego a la vigesimotercera generación Pavlov en mi investigación sobre sus antecedentes maternos y paternos. He sido generoso porque no me viene mal, a fin de cuentas, tengo el tren de vuelta a casa a las dos y me viene bien madrugar un poco, llevar la maleta a la consigna y así ahorrar tiempo. Ya en el Salón, descubro que Pedro y Guillermo no han sobrevivido a la noche, así que me quedo un rato de vigilante de los naranjos (joder, que se han comido las naranjas y eran bordes…, alguien debe haber descubierto para su desgracia el fulminante efecto laxante de una naranja borde…). A eso de las 11 aparecen con evidentes signos externos de fatiga (¿a que queda discreto y elegante?), así que les dejo las llaves de la mazmorra y comienzo mi última vuelta por el Salón, despidiéndome de todo el mundo… Cuando llego a la estación, me hago firme propósito de Nunca Más y de no hablar de tebeos en meses, pero como en el tren están Lalo Kubala, Pablo Herranz y Pedro Porcel, nos pasamos las tres horas hablando. Si es que no tenemos arreglo…

Cifras de ventas

Por fin un editor da unas cifras de ventas definidas y claras. En el post dedicado a la aparición en quioscos de Naruto, Joan Navarro, editor de Glénat, informa de las cifras de ventas de la famosa serie de Masashi Kishimoto: hasta el momento, incluyendo todas las reediciones, el primer número de la serie ha vendido 32.300 ejemplares. La tirada que se ha hecho para los quioscos es de 40.000 ejemplares. Números absolutamente rompedores para cualquier serie en nuestro país, muy, muy lejanos de las cifras de ventas que algunos editores reconocen “off the record” de sus tebeos. Si la tirada en quioscos funciona bien (ventas por encima del 50% de tirada), Naruto puede ser considerado uno de los grandes récords del tebeo en nuestro país.
Aunque que nadie piense que es “el más vendido”. Ese privilegio, hoy, se lo siguen disputando a brazo partido las Witch, Asterix, Tintin y Mortadelo. Las primeras, si bien bajan respecto a sus primeras cifras, se siguen manteniendo con una difusión de unos 70.000 ejemplares mensuales (con una tirada cercana a los 140.000) según informa OJD. En cualquier caso, la creación de Ibáñez sigue siendo de largo el tebeo más vendido de nuestro país, con 170 títulos vivos en catálogo que se reeditan continuamente, en un ciclo aproximado de 2 años. Vamos, que haciendo números rápidos, cada cuatro días se reedita un título de Mortadelo, lo que se traduce en unas ventas sencillamente incomensurables. No es descabellado decir que entre un 15 y un 25% de la cifra de negocio del tebeo en España la mueve Ibáñez. Vamos, que sólo Mortadelo genera tantos ingresos como casi el resto de editoriales juntas…

Es oficial: el tebeo está de moda

Está de moda, es absolutamente inapelable. Hemos pasado de ser esos frikis que van asesinando abuelos en las paradas de autobús o a sus familias con afiladas a katanas a ser la “niña bonita” de la cultura oficial. En apenas un par de años, la situación ha dado un giro de 180º. No es sólo que el tebeo tenga presencia en los medios informativos (secciones en EL PAÍS, ABC, multitud de periódicos locales…), es que políticamente ha pasado a ser un argumento electoral. Tras la creación del Premio Nacional de Cómic, en el pasado Salón del Cómic de Barcelona el Conseller de Cultura anunciaba la creación de un Premio Nacional de Historieta catalán (al que, con casi toda seguridad, seguirán las propuestas gallega, andaluza, valenciana, aragonesa, etc) y ahora Javier Losada, el candidato socialista a la alcaldía de A Coruña anuncia la creación de un Museo del Cómic.
Se ha sobrepasado la masa crítica y el tebeo ha explotado. Los 100.000 asistentes al Salón del Cómic de Barcelona han pasado de ser un montón de frikis a una interesantísima bolsa de votos que hay que atraer como sea. Es, evidentemente, un interés bastardo de la política, criticable, por supuesto, pero que no deja de ser exactamente idéntico al de cualquier otro sector de la cultura. La famosa “normalización” que tanto he pregonado desde aquí está a la vuelta de la esquina: una situación donde el tebeo forma parte de la sociedad y la cultura al mismo nivel que cualquier otra expresión cultural o artística.
Eso sí, que nadie quiera leer en esta frase que el tebeo pasará a ser la estrella rutilante de la cultura y el arte o que los artistas españoles atarán sus perros con longanizas. Sencillamente, se ha equiparado, lo que se traduce en que el tebeo pasa a compartir las mismas penas y alegrías que el resto de la cultura, asemejándose al mercado del libro. Un mercado de casi 70.000 novedades de los que apenas un puñado consigue ventas por encima de los 2.000 ejemplares, obligando a la mayoría de los autores a vivir de otra ocupación. El tebeo se acerca cada vez más a ese comportamiento: más de 2000 títulos anuales de los que apenas un selecto puñado consigue superar los 1500 o 2000 ejemplares vendidos, haciendo imposible que los autores puedan (mal)vivir de su trabajo.
En cualquier caso, bienvenido sea todo esto…

Volviendo del Salón

Destrozado, exhausto, cansado, derribado, derrengado, agotado, rendido, baldado… Buscad el adjetivo, metáfora o símil que defina un estado de absoluta derrota física y mental y me lo podéis aplicar sin ningún tipo de problemas.
Pero eso sí, contento y feliz. Tras meses de trabajo, la exposición Los Tebeos Valencianos y el libro Viñetas a la luna de Valencia está en las librerías. He pasado la histeria de cinco días de salón (sí, cinco, que servidor el miércoles tuvo que montar exposición), he explicado cien mil veces la muestra, he soportado a políticos de todos los colores… pero después de todo puedo decir que “prueba superada”. Y, además, me dan un premio del público a la divulgación del cómic y mi amigo Toni Guiral gana el premio de la crítica. ¿Qué más se puede pedir?
Nada. (Bueno sí, 24 horas de descanso continuado).
Lo único que puedo decir es que muchísimas gracias a todos los que me habéis votado… pese a que lleve meses casi abducido por todo lo anterior y prácticamente haya abandonado este espacio. Vuelve la normalidad y prometo retomar el ritmo de posts de antes del Salón. A partir de mañana, mis impresiones del Saló, infinitas lecturas saloneras y muchas cosas más.

Al César lo que es del César (o a Bang lo que es de Bang)

Me quejaba yo en la edición de la primera parte de Rompenieves, la más que interesante obra de Lob y Rochette de la calidad de reproducción de la obra, en particular del moiré constante en las tramas y una rotulación mecánica que no se correspondía con la original. Acabo de ver la edición de la segunda entrega (que recopila el segundo y tercer álbum de la serie) y la verdad es que no puedo menos que felicitar a Bang: edición impecable, con una reproducción de una excelente calidad y una rotulación mucho más apropiada, siguiendo la tónica habitual de esta editorial y demostrando que aquello fue un fallo sin consecuencias.
Vamos, que hay editoriales que se preocupan de sacar bien sus tebeos y cuando tienen un fallo de estos se lo toman como algo personal que no debe volver a suceder.

300

No, no son de los 300 fornidos, musculados y sudorosos espartanos millerianos de lo que quiero hablar. Es que acabo de hacer una cuenta de las novedades del Salón de este año y cuando he llegado a 300 y he visto que todavía quedaban, se me han quitado las ganas de seguir contando.
¿Realmente esto es bueno?
¿Puede el mercado, por mucho que esté creciendo, absorber esto?
¿Y las librerías?¿Pueden hacer el brutal desembolso? Pensad que sólo pedir 2 ejemplares de cada, la cosa se va fácilmente a más de 5000EUROS de golpe.
¿No se debería racionalizar la oferta a lo largo del año? En Francia, por ejemplo, Angouleme sólo supone un aumento de un 10% aproximadamente de los títulos (cierto es que su oferta mensual ya es de por sí brutal)…
No sé, cosas que me pregunto…

No es sólo el formato

Los editores franceses llevan meses de brainstorming continuado. Su otrora utópico mercado, en el que sus ventas se contaban por cientos de miles de ejemplares, está siendo atacado sin piedad por el tebeo nipón. Pese a que algunos piensen que los malvados amarillos han usado técnicas de sugestionamiento subliminal o algo por el estilo, parece ser que las mentes pensantes de los cuadros ejecutivos han decidido que todo el tema se resume en el formato. Así que, por ejemplo, Humanoides ha decidido lanzar una nueva colección de tebeos en formato “pocket”, en el que se reunirán varios álbumes en tamaño tomo de manga a un precio similar 9.90EUROS. Deben pensar que así volverán a recuperar el terreno perdido, pero se debería recordar a estos señores que en Francia esta opción ya tiene bastantes años. Los formatos “pocket” han sido ampliamente usados en ese país, con colecciones bien famosas como la 16×22 de Dargaud, o la misma Humanoides, que lanzó una colección en formato novela en la que se publicaban series como el Incal vilmente remontadas (y que, por cierto, en España se llegaron a lanzar varios números, con el Incal y obras de Margerin). Incluso obras clásicas como Barbarella circula en una miniedición sólo recomendable a aquellos que tengan parientes optometristas.
No todo es cuestión de formatos: el éxito del manga es complejo, con muchas y variadas fuentes que van desde el formato a los éxitos de TV, sin olvidar contenidos, ritmo, estilos, etc. Intentar reducir esto a sólo una causa es un comportamiento tan ingenuo como ignorante. Personalmente creo que lo que hay que hacer no es luchar contra el manga, sino aprovecharse de su éxito para conseguir abrir mercados y, después, saber utilizar esos nuevos caminos para la producción propia. El manga no es sólo un producto de marketing exitoso, es una forma de entender la historieta tan válida como cualquier otra, pero que ha demostrado una excelente conexión con las nuevas generaciones. En lugar de luchar contra el manga (que, en el fondo, es tirarse piedras en el propio tejado), que los ejecutivos estudien porqué conecta con la juventud y las razones por las que acumula nuevos lectores con tanta facilidad.

A la rica tipografía

A ver, que me lo expliquen. Cuando se rotula la versión en castellano de un tebeo extranjero… ¿tan difícil es buscar una tipografía parecida a la original? Digo yo que en los cientos de miles de tipografías que circulan por ahí, segura que hay más de una o dos que se parecen a la que el tebeo lleva en origen. No estoy pidiendo que se haga lo que marca la lógica, es decir, escanear la tipografía original y crear una fuente, aunque con los medios informáticos de hoy en día, esta tarea no es especialmente costosa. Sólo pido que, a la hora de rotular, se busque una fuente lo más parecida posible. Viene esto al caso de varios tebeos que he leído últimamente donde este error es especialmente cantarín. Desde luego, donde duele el alma (por lo menos a mí) en cada página es en la edición en castellano de Krazy Kat, tebeo que servidor adora con fervor y para el que se ha elegido una fuente que se parece tanto a la letra de Herriman como la caligrafía de los cuadernos Rubio a la letra original de los manuscritos del monasterio de Silos. ¿Se imaginan ustedes uina edición facsimil de un texto medieval, de esas que cuestan millonadas, hecha con Times New Roman? Pues lo mismo. Es una verdadera lástima que Planeta frustre una edición de tanta calidad por un detalle tan simple como éste.
No son los únicos, porque en los tebeos editados este mes hay varios que tropiezan en la misma piedra: Kraken vuelve a reincidir en una fuente espantosa para los segundos volúmenes del Pequeño Spirou y Pedro el Coatí (excelentes ambos, proclamo) y Ponent Mon, opta por el mismo tipo de fuente que Kraken para Por qué he matado a Pierre y Tres destellos blancos. Tirón de orejas para esta editorial, porque siempre ha cuidado en extremo sus ediciones y sorprende un error de este tipo.
Por favor, la rotulación también es parte del tebeo. Es cosustancial a la narrativa, por mucho que estos tiempos de windows y macintosh nos hagan pensar que lo de rotular es algo técnico sin importancia. Si es rotulación a mano, hay que intentar mantener el efecto del trazo humano, por difícil que sea y si es informática, se debe suponer que el autor no ha elegido la primera de la lista, sino una que tiene el efecto estético deseado.

No leas esto, por favor (¡¡¡SPOILER!!!!)

ATENCIÓN: Esta reflexión contiene spoilers gordos, así que atente a las consecuencias de leerla. Que aluego me llevo todas las tortas…

Curiosa las reacciones que ha suscitado la dichosa muerte del Capitán América, pero una de las que más me sigue sorprendiendo es la de las quejas reiteradas de los aficionados ante los medios que han dado la noticia, acusándolos de “destrozarles” la sorpresa.
Pues no estoy de acuerdo, señoras y señores, no estoy de acuerdo con ese argumento.
Mucha gente ha puesto el grito en el cielo hacia los medios de comunicación (incluyendo a los muchos blogs que han dado la noticia), lamentándose de su actitud al dar a conocer la noticia y comparando el hecho con haber anunciado a los cuatro vientos que el amigo Willis estaba muerto nada más estrenarse El Sexto Sentido. No dudo de la honestidad de su planteamiento, pero hay un error de base importante: el foco de sus iras. Lo siento, pero la culpa no es de los medios. Éstos sólo han actuado de correa de transmisión de la editorial, que convocó ruedas de prensa para dar a conocer la noticia. Y, que yo sepa, el señor Joe Quesada no reunió a periódicos, radios y televisiones para decirles “shhhhh… a ver, hemos matado al Capitán América, pero no podéis decirlo, volved a vuestros despachos y callaros por favor, que es una sorpresa y no queremos que nadie se entere”. No, lo que les dijo el sr. Quesada es “tíos, ¡que hemos matado al Capitán! ¡Proclamadlo a los vientos para que todo el mundo se entere y se compre el dichoso tebeo, joder!”. Que yo sepa, no recuerdo que ni los productores de El Sexto Sentido ni el señor Shyamalayanyáncomosellame diese una rueda de prensa diciendo “¡hey amigos! ¡Id todos a ver la película que el Willis está muerto!”.
Es una situación clónica de la ocurrida con la muerte de Superman, donde previo a su muerte se convocó a todos los medios o en el desenmascaramiento de Spiderman en Civil War donde, curiosamente, también hubo ruedas de prensa de por medio.
Si se considera que dentro de la trama argumental, este hecho es una sorpresa que, por respeto al lector, no debería revelarse, tengo clarísimo que ese respeto se ha perdido desde el primer eslabón de la cadena: la propia editorial.
Sin embargo, pese a lo anteriormente dicho, tampoco creo que el Sr. Quesada deba ser emplumado con brea y quemado en público. Ha hecho lo que tiene que hacer un editor: publicitar un tebeo. Ha emprendido una “arriesgada” campaña de mercadotecnia para que uno de sus iconos reciba más atención mediática que nunca y, con un poco de suerte, duplicar las ventas de su serie (de hecho, hace meses que se sabía que el número 25 tendría una segunda edición inmediata… curioso, ¿no?). Lo que, desde luego, no es malo: es su trabajo y lo hace bien. El problema es que los aficionados más acérrimos pueden confundir en estas épocas de globalización la continuidad y la obligada discreción hacia las sorpresas argumentales con los golpes de efecto de cara al mercado. Es evidente que la dichosa muerte de Steve Rogers no está buscando atraer al lector habitual de la serie. Es más, ni siquiera piensa en él, lo que está en el pensamiento del editor es conseguir que aquellos lectores que dejaron la serie hace años, que alguna vez se interesaron por el personaje o, simplemente, que tienen morbo por el tema, compren compulsivamente todo este arco argumental, con los pingües beneficios que eso supone. Incluso me atrevería a lanzar la hipótesis de un posible relanzamiento del personaje, con nueva identidad, que se pudiera vender como un “año uno” y, por tanto, como un nuevo inicio que atrajese a esos compradores que están hasta los huevos de la continuidad y no quieren tener que cargar con la rémora de cientos y cientos de comics books anteriores.
Pero que no se lancen fatwas contra los medios: sólo han hecho lo que la editorial quería que hiciesen.

A vueltas con el Capitán América

Yo aviso: ¡SPOILERS SPOILERS!… aunque si a estas alturas no sabes lo del Capi, seguramente es que acabas de salir de una expedición espeleológica de varios meses de duración…

La semana pasada publiqué un texto en el diario EL PAÍS sobre la dichosa muerte. Por cuestiones de espacio, no pudo aparecer completo, así que os lo pongo aquí:

La dudosa muerte del Capitán América

¿Puede morir un mito? Es posible que, enunciada así la pregunta, la respuesta sea una negativa categórica, pero si nos restringimos a los tebeos americanos de superhéroes, la cosa es más compleja, más dependiente de la evolución de ventas de las series que de verdaderas consideraciones morales. De hecho, si en su día los ejecutivos de DC se atrevieron a matar nada más y nada menos que a Superman, el icono por antonomasia de este género, no debería sorprender excesivamente que Joe Quesada, el editor en Jefe de Marvel, anunciara que el Capitán América era asesinado en el número 25 de su serie, que se ponía a la venta ayer mismo. Una maniobra de marketing que, previsiblemente, conseguirá un aumento espectacular de la recaudación, pese a que las posibles consecuencias de la saga, resurrección incluida, son bastante predecibles, habida cuenta de que los personajes se han convertido en lucrativas franquicias para el cine, videojuegos y juguetes y no está el horno como para ir cerrando futuros ingresos..
Sin embargo, existen matices que hacen esta defunción ligeramente diferente a las anteriores. Es cierto que la maniobra de mercadotecnia es calcada a otras ya ensayadas, pero en este caso la presencia de un guionista de la categoría de Ed Brubaker tras la historia, permite albergar ciertas esperanzas sobre un tratamiento que vaya más allá del simple interés pecuniario. Responsable de la colección desde hace un año, ha sabido transformar la pesadísima carga ideológica que arrastraba un personaje nacido de la mano de Joe Simon y Jack Kirby en la segunda guerra mundial como representación de la América que luchaba contra el nazismo. Tras la guerra, el Capitán América desapareció en las aguas heladas del Atlántico, una situación perfecta para que el avispado Stan Lee lo resucitase inmaculadamente joven, en un perfecto estado físico por aquello de las maravillas de la conservación criogénica pero, pese a que su nueva encarnación se alejaba bastante de las tramas patrióticas que cabía esperar de un personaje vestido con la bandera americana, la realidad es que ni siquiera las trepidantes aventuras de espías firmadas por Jim Steranko consiguieron evitar la identificación del Capitán con los valores patrióticos más conservadores y retrógrados durante años.
Brubaker, escritor de probada inteligencia (basta echarle un vistazo a series tan interesantes como Sleeper o su actual etapa en Daredevil), saca partido precisamente de los tópicos del personaje, representando al Capitán América como una especie de ingenua versión del espíritu americano, incrédulo ante la realidad de un país que parece olvidar sus principios fundamentales. De hecho, su muerte es la culminación de la saga Civil War, donde los superhéroes se enfrentan entre ellos ante la instauración de una restrictiva ley que recuerda poderosamente a la Patriot Act aprobada tras el 11-S. No es, evidentemente, una denuncia explícita, pero si ya sorprende en un tebeo de gran tirada esta timidísima rebelión, más lo es la muerte de un personaje que, en la interpretación de Brubaker representa plenamente “el sueño americano”, asesinado esta vez por defender unos ideales que son puestos en entredicho por la actual política americana. En cualquier caso, el bueno de Steve Rogers, el hombre tras la máscara del Capitán, ya está acostumbrado a estar muerto en vida, desaparecer y resucitar, con lo que tras la recogida de los pingües beneficios y tras un periodo de descanso, es más que posible que lo volvamos a ver más sano que unas castañuelas

¡Chanquete ha muerto!

Atención: Spoilers gordos a partir de aquí. La lectura de este artículo desvela secretos terribles de la continuidad espacio-temporal de un famoso personaje de cómic de superhéroes. Consulte con su librero habitual antes de seguir la lectura.
¿Que hace un guionista de superhéroes cuando se queda sin ideas para su personaje?
Simple: lo mata.
Respuesta sencilla, pero que debe ser matizada, porque quizás no es tan fácil como parece. En el manga, esta solución es bien conocida: cuando una serie deja de funcionar o su autor se queda sin ideas, la serie se cancela, el autor se dedica a crear nuevos personajes y autores, editores y lectores se quedan tan contentos. Sin embargo, en el mainstream americano la situación es más complicada. El cómic de superhéroes se ha convertido en una especie de catálogo de franquicias donde los resultados económicos del personaje son infinitamente más importantes que los frutos artísticos. Si un guionista se queda sin ideas, sencillamente se le cambia, obligándole a cargar con años y años de continuidad, en un intento infinito de exprimir la gallina de los huevos de oro.
Pero casos se han dado donde la pobre gallina ya no da huevos ni metida en una prensa hidráulica, por lo que es necesaria una cirugía de choque para revitalizar al personaje. Por desgracia, la limitadísima imaginación de los guionistas americanos provoca que siempre se acuda a la misma opción: lo matamos, montamos una miniserie con cientos de crossovers sobre la muerte del personaje, lo resucitamos y lo seguimos con otra miniserie (con más cientos de crossovers) sobre su vuelta al mundo de los vivos. Total, los aficionados se lo tragan todo y están deseosos de gastarse su dinero una y otra vez en una historia repetida en la que sólo cambian los colores de los trajes.
Por mucho que nos intenten vender la muerte del Capitán América como una caso distinto, con connotaciones diferentes al ser un símbolo, etc, etc, existen pocas (o ninguna) diferencia entre esta muerte y otras famosas, como la de Superman. Y una conexión clarísima: vamos a ganar pasta como sea. Aunque eso sí, no somos tontos y dejamos la puerta abierta a una posible resurrección del personaje, que como bien ha declarado Joe Quesada, “nunca se sabe”.
¡Qué sorpresa! ¡Es posible que lo resuciten más adelante!… Claro que no tendrá nada que ver con la anunciada adaptación cinematográfica del personaje, por supuesto…
Al final de todo esto, la única conclusión que uno puede sacar es la preocupante carencia de ideas de los editores americanos, inmovilistas hasta la extenuación en su intento de exprimir franquicias sin el más mínimo interés por la historieta. Ahora se muere el Capi… dentro de tres meses lo resucitamos y ya pensaremos quién es el siguiente en morir, tras cobrar todo lo cobrable, por supuesto.
Algo bueno tiene: durante unos días los periódicos tienen una excusa perfecta para hablar de tebeos.

Estoy nominado… (y otras reflexiones)

Curiosas las nominaciones del Saló de este año. De principio, se da una coincidencia absoluta en las categorías de obra, con cuatro títulos que repiten en Mejor Obra, Mejor Dibujo y Mejor Guión: Bardín el Superrealista, La Casa del Muerto, La tetería del Oso Malayo y El Banyan Rojo. Toda una confirmación de la indudable calidad de estas obras pero, sobre todo, una prueba más de que la separación entre dibujo y guión en la historieta es tan complejo como, a menudo, imposible. La narración gráfica es una mezcla indisoluble de dibujo y planificación, ritmo, secuenciación, eso que llamamos “guión técnico” y que muchas veces confundimos con el argumento de una obra. El nivel de todas las nominadas es altísimo, pero creo que, sin desmerecer a ninguna, el combate entre Max y Keko va a ser una especie de choque de colosos, con dos obras magistrales. Va a resultar muy, muy difícil decidir entre estas dos.
Respecto a la nueva categoría, Premio a la divulgación, ante todo agradecer a todos aquellos que han considerado que servidor es merecedor de estar nominado en esa categoría. Se agradece mucho, pero me ruboriza estar en la misma lista con gente como Jordi Costa, Toni Guiral o Manolo Darias, la verdad. Es verdad que uno ha aparecido mucho en demasiados sitios y últimamente parezco ubicuo, pero la realidad es que cualquiera de los citados o la excelente labor del programa Miradas 2 merece mucho más que yo el premio. Sin embargo, y pidiendo perdón a los de Miradas, a Jordi y a Toni, me vais a permitir que haga campaña expresa en este apartado por una persona: Manuel Darias. Darias no es sólo uno de los más veteranos en esto de escribir sobre tebeos, es un ejemplo a seguir en todos los aspectos. Durante los 33 años que lleva al frente de su sección del Diario de Avisos, ha sido y es un referente a la hora de hablar de tebeos, por su saber y su buen criterio pero, sobre todo, es una bellísima persona. Manolo es de esas personas con las que es imposible llevarse mal, que contagia con su optimismo y vitalidad su pasión por los tebeos. Tengo la suerte de contar con él como amigo y os puedo asegurar que ese sentimiento que tiene mucha gente es completamente cierto. El mundo del tebeo tiene mucha suerte de contar con alguien como Darias y me parece de justicia que este primer Premio a la Divulgación reconozca la labor de quién más ha hecho en ese campo desde hace 30 años.
Por eso, pido públicamente el voto por Manuel Darias en esta categoría.
(Y ojo, que como me entere que alguién me ha votado, le pienso pegar una colleja tamaño king size con las obraas completas de Liefeld. Estáis avisados).

Indignante

Recuperar las historietas del TBO o de revistas como DDT o Pulgarcito no es un simple ejercicio de nostalgia. Es una reivindicación por la recuperación de nuestro patrimonio artístico y cultural, que debería extenderse no sólo a estos ejemplos, sino a toda la historieta española. Hoy por hoy, para el aficionado español es más fácil leer una historieta clásica americana de 1914 que una española de los años 50. Para los aficionados que llegan ahora al tebeo y que les gustaría conocer obras maestras de nuestra historieta, los nombres de Benejam, Coll, Peñarroya, Conti, Cifré Nadal, tinez, Blanco o Urda son, desagraciadamente, ilustres desconocidos.
Iniciativas como las de Astiberri publicando el magistral Topolino de Alfons Figueras o Glenat con la maravillosa El Ladrón de Pesadillas son labores que van mucho más allá de una simple estrategia comercial nostálgica. Sabedores de su falta absoluta de rentabilidad, su única motivación real es el amor a la historieta.
De hecho, lo lógico sería que el Ministerio de Cultura (o los organismos autónomos competentes) subvencionaran de alguna manera la recuperación de este patrimonio.
Pero si una editorial puede hacer una labor imponente en este campo, ésa es Ediciones B, depositaria del mayor catálogo editorial de tebeos de nuestra historia. En sus fondos están los tebeos de Bruguera y el TBO, juntando los autores más importantes de este país.
Por eso, ver en el anuncio de esta editorial de una colección llamada “El TBO de siempre“, con exquisito diseño y calidad de edición, en la que se recuperaba lo mejor de esta revista, era cuanto menos una llamada a alegría.
Sin embargo, con los dos primeros números en la mano esa alegría se ha convertido en una profunda decepción y, sobre todo, en una gran indignación.
Ediciones B ha seguido el diseño de Glenat y Astiberri: ediciones en tapa dura, con preciosas portadas, lomo de tela, papel de calidad… Un continente irreprochable para un contenido que se cae de las manos: se ha optado por hacer un batiburrillo de historietas, en la que no existe ningún criterio: ni autoral, ni cronológico, ni temático. Sencillamente, se van colocando una tras otra, cogiendo ejemplares dispersos y juntando una historieta de los 40 con otra de los 70 sin ningún interés. Si a eso se suma unos escaneos de una calidad deplorable, en los que no se ha hecho ni el más mínimo intento de restaurar la obra de los autores, la única conclusión que podemos extraer de esta colección es la falta de respeto absoluto a unas obras que forman parte del patrimonio de nuestra cultura. Resulta, por lo menos para mí, indignante ver cómo se trata la obra de Coll, Tinez, Urda o Benejam, sin la más mínima consideración ni por el autor ni por el lector.
Para colmo, el único texto que acompaña es una apresurada historia del TBO en una página sin firma, que se repite en los dos volúmenes, y que no dice más allá de vaguedades. Y sí, está en Comic Sans, sí…
La impresión que se tiene es que los editores han querido aprovechar el trabajo de Glenat y Astiberri y han calcado sus características internas, pensando que con llenar las páginas con unas cuantas historias sería suficiente para contentar al lector, que ni se dará cuenta de lo que lee.
Total, son tebeos.
Lo único destacable de esta edición son, como era de esperar, las obras. Leer el absurdo genial de Coll, el amable costumbrismo de Benejam, la frescura de Muntañola o el encanto de Opisso sigue siendo una experiencia maravillosa, pese al evidente desprecio que se les hace.
Imaginad lo que hubiera sido una colección de estas características, en la que cada volumen se hiciese por ejemplo una selección por autores o cronológica, con artículos introductorias que enseñasen al lector, que le ayudasen a comprender el inmenso legado que son estas historietas. Sólo pensarlo hace que me cabree más y más viendo esta edición.
Una lástima.

Estimada Maruja

Estimada Maruja,

Soy asiduo lector de tus columnas y, como es habitual, tu artículo “G+H=ETARRA” publicado el pasado día 11 en EL PAÍS expresa plenamente lo que creo, que no hay adjetivo ni comparación suficiente para expresar el nivel de estulticia de ese grupo de seres aneuronales llamados terroristas. Pero en la calentura del momento, sueltas una frase que me deja estupefacto: “No servís ni para ilustrar historietas”.
Una frase que me deja alucinado y apesadumbrado. No es que me moleste que consideres que la historieta sea un arte de segunda o una expresión cultural poco importante. Al ninguneo del tebeo estoy acostumbrado y, a estas alturas, ni me sorprende ni me molesta, uno ya ha desarrollado callo para estas cosas. Pero pensar que esa frase, en el contexto en el que está, deja a los historietistas un peldaño por encima de los terroristas y otro por debajo de las hienas y gilipollas (dos colectivos a los que por cierto, se les pide excusas) me deja estupefacto. No es que tenga que justificar la calidad artística y profesional de los trabajadores de la historieta, es sencillamente que pensar que por el simple hecho de dibujar tebeos la calificación humana de un historietista está un poco por encima de la de un terrorista me parece un insulto y una humillación inconcebibles.
Con la riqueza que tiene la lengua castellana, expresar que el contenido neuronal de los cerebros de los terroristas tiende asintóticamente a cero es una tarea tan sencilla que me sorprende la necesidad de machacar y humillar a los que hacen tebeos.
Quiero creer que no es eso lo que se quería expresar, que desprecias los tebeos, vale, (estás en tu derecho, no me importa), pero que en ningún momento querías poner al historietista como ejemplo de estulticia humana comparable al de unos asesinos.
Sólo eso.
Un saludo
Álvaro Pons

¿Quién tira la primera piedra?

Si La Cúpula montase un circo, no es que le crecerían los enanos, es que montarían un equipo de baloncesto de la NBA, mientras que los trapecistas descubrirían su vocación de espeleólogos, los domadores se harían Hare Krisnas y los payasos ingresarían en una orden de monjes de clausura. Eso, como mínimo.
Tras el desastre de la edición de Agujero Negro, en la que el remedio resultó peor que la enfermedad, ahora vuelven a tropezar en la misma piedra en la edición del Louis Riel de Chester Brown, que ha aparecido con la página 111 en negro. Me consta que la editorial, tras el desastre anterior, había cuidado mil y una vez esta edición pero, al final, por un problema esta vez de imprenta, la edición ha aparecido en las librerías con un error desastroso. Independientemente de que la culpa sea de la imprenta, es evidente que La Cúpula ha cometido el garrafal error de no repasar el libro una vez impreso, dejándose llevar por las prisas de que el tebeo estuviese en la Expocómic, lo que conlleva una magnificación todavía mayor del problema. No es aislado, muchas editoriales han sufrido errores similares (por ejemplo, Planeta, que ha tenido que retirar muchas de sus novedades por errores de edición), pero se han dado cuenta antes de que el lector hubiese pagado el ejemplar, lo que evita el razonable y justo cabreo de quien ha pagado por un producto defectuoso.
Da igual que la obra esté exquisitamente reproducida o que la traducción de Montserrat Terrones sea de lo mejor que se ha visto en España, el resultado es un libro incompleto y eso será lo que juzgue el lector.
El problema que se añade a la situación es que llueve sobre mojado y, tras el horrible resultado de la solución por la que se optó para Agujero Negro, la editorial ha perdido totalmente la confianza del lector, que ahora irá con pies de plomo ante las próximas novedades de la editorial.
No voy a esconder mi querencia hacia la gente de La Cúpula. Me caen bien desde que soy lector de El Víbora y tengo un cariño especial hacia la editorial, por muchas cagadas que hayan hecho en el pasado (que las ha hecho, y mayores). Pero igual que dije con Agujero Negro, digo ahora: el mayor castigo a este error es tan sencillo como no comprar el libro. Y que se abra la veda de mi persona otra vez, que se me acuse de vendido, se me vilipendie o se me insulte, me da igual. Es lo que pienso y lo expreso con absoluta sinceridad. Que conste que me jode todavía más la situación en tanto en cuanto es un libro que yo había prologado con muchas ganas (sin cobrar, que nadie piense que me llevo algo por eso, aunque más de uno lo pensará).
Es evidente que, tras el error de Agujero Negro, la solución no puede ser de nuevo una chapuza, sino que pasará obligatoriamente por la repetición de la tirada. Una opción cara, que debería afrontar la imprenta habida cuenta de su error, pero que, aún realizándose correctamente y cambiando los ejemplares, no conseguirá en modo alguno aliviar el daño que se ha hecho en la confianza del lector hacia la editorial.
El problema es que, además, empieza a no ser un caso aislado. Cada vez con mayor frecuencia, las editoriales cometen fallos garrafales en sus ediciones, en algunos casos graves como el de La Cúpula, en otros quizás más perdonable por parte del lector, pero que no dejan de ser importantes negligencias de cara al lector y la obra. Mirando las ediciones de esta navidad, tenemos desde obras en las que, sencillamente no se puede ver lo impreso, como el Lupin III de Mangaline, a fotocopias de mala calidad como las que aparecen en el 20th Century Boys de Planeta, pasando por los molestos moirés en todas las tramas de El Rompenieves que ha editado Bang o el negro convertido en gris del Juez Dredd de Kraken. Eso sin contar los errores en la traducción, habituales ya por desgracia en prácticamente todas las editoriales o las rotulaciones nefastas, como las del citado Rompenieves (que se carga la rotulación a mano del original por una mecánica), las de obras como Ice Haven o Poema en Viñetas con la terrible Comic Sans o, casi peor, las horribles rotulaciones de las ediciones de álbumes de Kraken de Spirou y Pedro el Coatí, que casi hacen añorar la rotulación mecánica de Bruguera.
Eso sólo en las ediciones de este mes. Y me quedo corto, porque los errores aparecen en casi todas las editoriales.
No me voy a convertir aquí en justiciero que demande una pulcritud extrema, conozco bien los mecanismos de la edición y sé que es lo suficientemente complejo y difícil como para que sea casi imposible evitar que se cuele algún gazapo. Pero una cosa son los famosos “duendes de la imprenta” y otra muy distinta el error sistemático, continuado. No me importa ver errores de vez en cuando, son humanos y lógicos, pero me molesta que el error se repita una y otra vez sin que a nadie en la editorial parezca importarle. Porque es fácil de ahí interpretar una falta de respeto al lector y a la obra.
Las razones son, en muchos casos, fáciles de entender: la locura publicadora que nos invade es incompatible con los escasos recursos humanos de las editoriales. Pero una cosa es que se entienda y otra, muy distinta, que sea perdonable.
El lector y las obras se merecen un respeto que las editoriales deben cuidar. Pero tampoco esto significa que las editoriales sean perversas y malas y que busquen engañar al lector, sino que se ha entrado en una dinámica de la que hay que salir como sea, volviendo poner la calidad de la edición por encima de todo. Y eso no va sólo por las editoriales, sino también por los lectores, que deben entender que ese cuidado se traducirá en un aumento de los costes.

Por qué me gusta Krazy Kat

En breve aparecerá la edición española de Krazy Kat, la gran obra maestra de George Herriman. Planeta DeAgostini la publicará en nuestro país siguiendo la exquisita edición que Fantagraphics está haciendo en los EE.UU., de una calidad sin posibilidad de reproche alguno (está diseñada por Ware, que hasta ha seguido escrupulosamente los diseños de inspiración india de Herriman para las portadas), llenando uno de esos (innumerables) incomprensibles huecos que la edición de tebeos clásicos tiene en este sacrosanto lugar llamado España. Una obra que en nuestro país apenas ha aparecido de forma puntual y errática, fundamentalmente a través de algunas planchas en algunas revistas y de dos volúmenes, uno editado por Eseuve y otro por Norma Editorial que apenas contenían una muestra de la serie.
Sólo hace falta echarle un vistazo a la cabecera de esta página para comprender que servidor está alegre cual niño con zapatos nuevos con esta edición, de la que soy feliz poseedor de todos los números aparecidos en los estados juntitos y de todo aquello que aparezca por estos lares, pero creo que, antes de que la gente se lance alborozada a su compra (¡Ay! Sí, de ilusión también se vive…) conviene hacer algunas puntualizaciones antes de que alguien después de leerlo se lleve el chafón de su vida y exclame eso de “¿Y esto era una obra maestra?”.
Siendo, como soy, fan declarado de la creación de Herriman, entiendo también que no es plato de gusto para todos los paladares. Y no me refiero a que sea una serie extraordinariamente elitista, sino que a su estética y su temática es tan particular, tan especial, que apenas admite una respuesta binaria en el lector: o la ama apasionadamente o le produce una indiferencia absoluta.
¿Por qué?
Pues de la segunda opción no puedo dar pistas, pero me gustaría explicaros el porqué de mi flechazo con Ignatz, Krazy, Ofissa Pup y toda la fauna de Coconino County. Aunque, aviso, que es de precavidos, que la cosa no es tan fácil, porque estas cosas del corazón se llevan muy mal con los argumentos de la razón.
Intentaré comenzar por un imposible, definir Krazy Kat. Una tarea quimérica e imposible, que quizás se podría resumir en las andanzas de un extraño triángulo amoroso formado por Krazy Kat, un felino ambiguo y andrógino, del que nunca se sabe exactamente su sexo, enamorado/a platónicamente del ratón Ignatz, que demuestra continuamente su odio al gato/a a base de contundentes ladrillazos que provocan la desesperación de Ofissa Pup, el perro oficial de policía que adora a Krazy. A partir de esta concisa descripción, Krazy Kat lo es todo: desde una serie de humor absurdo, surrealista, dadaísta o incluso fauvista según el día hasta un tratado filosófico sobre el ser humano, pudiendo por el camino intercalar todas las posibilidades.
El universo de cambiante y mutable de Coconino County, inspirado en el desierto de Arizona, es el marco para una experiencia estética y narrativa única, que se desarrolló durante más de 30 años con la mayor libertad creativa que jamás ha tenido un creador. Pese a que la serie nunca fue un éxito y en algunos momentos apenas se publicaba en un par de periódicos, William Randolph Hearts, el magnate de la prensa, actuó de mecenas de una serie que apasionó a todo el mundo del arte. Reconocidos autores de pintura, literatura y cine como Picasso o Kerouak han defendido apasionadamente la creación de Herriman como una de las cumbres de la historia del arte.
Yo, personalmente, sólo puedo decir que es una serie que me fascina, que me subyuga desde el momento en que pongo los ojos en la plancha. Me maravilla su sentido de la composición y de la narrativa, creando soluciones innovadoras en cada página (recordemos que es una serie que se inicia en 1913), enredando al lector siempre con su juego metalingüístico, en el que el mundo de Coconino es consciente de ser el protagonista de una historieta, reflexionando junto al lector y dirigiéndose a él para acometer una especie de complicidad interactiva. Me hipnotiza el mundo cambiante de Coconino, con esos paisajes volubles que mutan a cada viñeta, generando un mundo psicodélico, alucinógeno, en el que todo es posible. Quedé hechizado el día que descubrí el portentoso uso del color de Herriman, el primero que realmente consiguió que la composición tonal de la página fuera algo más que decorativa, que actuase de forma protagonista como elemento narrativo.

Me encantan los discursos de Krazy, los diálogos chispeantes con ese uso imposible del lenguaje que inventó Herriman, un políglota que hablaba inglés, español, francés y yiddish y que creo recursos literarios imposibles para conseguir que sus personajes hablaran casi con un discurso musical, en el que los términos están escogidos como en un poema, estudiando las cadencias y las entonaciones (lo que, todo sea dicho, es la base de uno de mis grandes miedos: la traducción. Traducir Krazy Kat es un imposible, plena de giros inventados, de expresiones con sentido fonético que hacen de esta tarea una pesadilla digna de Freddy Krueger. Veremos qué tal lo hace Planeta).
Podría seguir así con todas y cada una de las características de Krazy, pero sólo os puedo decir que le deis una oportunidad a la serie.
Probad a entrar en Coconino. Es posible que os parezca un lugar simple, desértico y sin vida pero, a lo mejor, encontráis ese camino al otro lado del espejo que lleva al fascinante mundo de Ignatz, Krazy Kat y Ofissa Pup.
El de uno de los tebeos más maravillosos de la historia.
Algunos enlaces con planchas de la serie:
– Un lugar obligatorio: Herriman en Coconino World
Ignatz Archives
Krazy.com
Y una plancha sencillamente única:

Por favor…¡no más Comic Sans!

Pónganse ustedes en situación: son diseñadores de respetables editoriales literarias, por ejemplo, Mondadori y Gadir, acostumbrados a lidiar con la composición de textos de todo tipo con preciosas tipografías con serifa, que maximizan la legibilidad, que tienen unos kernels estudiados que hacen que su fluir sea elegante y que, a poco que se controlen las características de interlineado, separación y alturas consiguen un resultado espléndido, que el lector siempre agradece. Y lo hacen sobre grandes obras de la literatura universal, úsease, que gracias a su ímprobo trabajo la cultura más alta se acerca a un puñado de lectores.
Hombre y mujeres con una misión en el mundo, vamos.
Y, ensimismados en su sagrada labor, llega un día el editor, siempre deseoso de destrozar tu trabajo a la mínima de cambio y te deja encima de la mesa algo extraño. Tiene letras, sí…¡pero tiene dibujos! Bueno, estás acostumbrado a que haya ilustraciones en los libros pero, ¡joder! que esto es demasiado, que no hay puñetero centímetro cuadrado sin dibujar. Y es más, acostumbrado a tus maravillosas cajas cuadradas de texto, donde fluyen los caracteres de una página a otra, aquí hay sólo una especie de buñuelo en blanco donde hay que encajar todo el texto…¡Vade Retro! ¿Pero qué invento maligno es esto?
Y lo peor: la tipografía…¡es como escrita a mano!
Comprendamos pues la terrible situación a la que se enfrenta el diseñador, destrozado, vilipendiado… ¡humillado en su orgullo!, y encima tiene que buscar una tipografía para esta…cosa… que según parece se llama cómic.
Claro, el pobre, abre los tipos de letra de su ordenador y aparece una que se llama “Comic Sans”. Pues oye, blanco y en botella: esto se llama cómic, la letra se llama Comic Sans, pues están hechas el uno para el otro, ¿no?
Así que problema arregladito: se hace todo lo más rápido posible y problema resuelto.
Pues sí.
No sé si se parece a la realidad lo anterior, pero no creo que se vaya mucho. Pero, señores de Mondadori y Gadir, me gustaría decirles algo:
La letra Comic Sans… ¡ES LA PEOR OPCIÓN PARA ROTULAR UN CÓMIC!. Es una tipografía diseñada para un programa infantil (el desastroso Microsoft Bob), que no tiene en cuenta en su diseño las características tipográficas de la rotulación manual y que, por tanto, se parece a lo que lleva un cómic como un huevo a una gallina.
Yo no los digo que rotulen a mano, pero, estimado amigos, basta darse un garbeo por internet para encontrar miles de fuentes de rotulación más adecuadas…¡Incluso parecidas a las originales! Se lo juro, palabrita, oigan. Las tienen gratis, de San Paganini, hasta se las pueden bajar de internet por el morro. Aunque si hay problemas con eso, yo estoy dispuesto a hacer una colecta para pagar los 20$ que cuesta comprar una fuente de cómic.
Pero por favor… no vuelvan a usar la Comic Sans.
Que no veas lo que jode ver ediciones tan cuidadas como las de Ice Haven o Poema en viñetas manchadas por una mala elección de la tipografía….
Hala, ya me he quedado tranquilo… Que eso, que Ice Haven ya está en las librerías. Peassso obra maestra con Comic Sans y todo.
Sigan con lo suyo, circulen, circulen…
Enlaces:
Reseña de ICE HAVEN

Los superhéroes son para los niños (o Lecturas superheroicas variadas con filosofía de todo a cien incluida)

Por favor, no comencéis a desenvainar las espadas y cargar vuestros trabucos verbales: ha sido un simple truco de marketing para captar vuestra atención. Deleznable y rastrero, sí, pero es que lo que viene detrás es una larga diatriba filosófico-onanista sobre el concepto del superhéroe a raíz de varias lecturas. Leedla, evaluadla y después, si queréis, se inicia el linchamiento, pero vaya por delante que no hay intención peyorativa en el análisis (aunque alguno se la sacará, ya se sabe).

Los superhéroes son para niños
Uno de los grandes problemas que tiene el género superheroico es su invariable clasificación como producto infantil y poco maduro. Una definición que enerva a los aficionados y que es sistemáticamente esgrimida por sus detractores y que, a mi entender, tiene como base una característica del género que deriva directamente de su nacimiento como escisión de la épica heróica y mitológica. El superhéroe y, en extensión, el héroe, parten como síntesis ejemplificadora de un concepto establecido del bien y del mal. Son vehículos educativos que han sido usados en la tradición social para transmitir una moralidad y una ética que se basa en la defensa de una serie de nociones preestablecidas, que podrían resumirse fácilmente en su simplificación cristiana de los diez mandamientos. Esta vocación didáctica hace que el concepto de héroe haga uso de una simplificación maniquea de los ideales de “bien” y “mal”, próxima a la noción que es transmitida a los niños, siempre reducida a un esqueleto significativo en el intento de aumentar su carga pedagógica.
Esta característica ha sido heredada por el género de superhéroes, que la hace suya desde la propia concepción inicial del género. Independientemente de dónde consideremos que nace el género, incluso en su momento de formalización más conocido, el nacimiento de Superman, existen de forma evidente las claves que he comentado: el héroe defiende un arquetipo de moral en la que el fuerte protege al débil, estableciendo unas bases éticas del bien de clara inspiración judeo-cristiana (que estará presente, de forma constante, en el posterior desarrollo del género, sobre todo en su vertiente de sacrificio por los demás). Una idea en la que el maniqueísmo del concepto es casi una necesidad, más si nos fijamos en la clara vocación de dirigirse a un público infantil y juvenil que tenían los tebeos de este género en la década de los cuarenta.
Sin embargo, y aquí vienen mis peros, esta definición actúa como una pesada rémora que, salvo contadas excepciones, el género apenas ha sabido quitarse de encima.

La difícil humanidad del superhéroe
Es curioso como el concepto de superhéroe vive anclado en esta concepción maniquea del bien y del mal, que choca frontalmente con los intentos de hacer el género adulto y está, a mi entender, en la génesis de todos los problemas de valoración que tiene.
No creo que sea excesivo considerar como el primer paso de este camino de “adultización” del género la feliz idea de Stan Lee de transformar el concepto de superpoder. De un don celestial que debe ser empleado para el bien, pasa a ser una maldición, una carga que se lleva con dificultad. Un cambio que es reflejado por muchos como una humanización de la alegoría del superhéroe, que pasa a ser consciente de sus poderes desde la vertiente humana. Sin embargo, en el fondo, esta actitud sigue fielmente la idea original del superhéroe, ya que todos sus problemas nacen de la dificultad de asumir el papel que establece el arquetipo superheroico. No se discute la concepción del bien o del mal ni la labor que debe tener el superhéroe, es más, la máxima de los personajes de Lee “todo poder conlleva una gran responsabilidad” no deja de ser una profundización en la idea de sacrificio cristiano. Los problemas del héroe no nacen de su humanidad, sino de la imposibilidad de seguir el esquema infantil de lo que es un héroe.
Es un avance, pero se sigue anclado en ese concepto infantil del que parece imposible sustraerse. De hecho, todo intento de evolución, incluso los más alabados han seguido maniatados por esta necesidad de respetar la definición infantil de una misión de defensa del bien y del mal.

La realidad en contra del arquetipo
Todos los intentos de llevar a los superhéroes al mundo real chocan, más tarde o más temprano, con la simplificación párvula de la concepción del bien y del mal. Incluso la deconstrucción más brillante que se ha hecho del género, Watchmen, no puede evitar dar vueltas y vueltas sobre la épica clásica del héroe. Todo su discurso se estructura y construye alrededor de esa idea básica del héroe como defensor de una concepción maniquea del bien y del mal. Existe una reflexión profunda sobre la imposibilidad e incoherencia del humano a la hora de afrontar su destino heroico, pero no se cuestiona en ningún momento la tarea del héroe. Se juzga la desviación de esa tarea y de los métodos para la consecución de esa misión, pero no la tarea en sí misma, que parece aceptada por convención social como la necesaria y evidente.
Si Moore, en toda su magistralidad, no consigue desarraigar al superhéroe de su origen, difícilmente lo consiguen otros autores, que intentado seguir la senda del gran guionista inglés no hacen más que repetir ideas y planteamientos anteriores. Es el caso de Cla$$War, de Rob Williams, Trevor Hairsine y Travel Foreman que, de nuevo, intenta trasladar el superhéroe al mundo real, explorando por enésima vez la “mala utilización” del héroe por parte del gobierno. Es una idea explorada ya por Moore, que se ha repetido de forma sistemática en muchos comic-books, desde New Statemen a La Edad de Oro pasando por Supreme Power, siempre bajo la sombra omnipresente de Watchmen y, en la mayoría de los casos citados, de manera mucho más interesante, aunque la obra de Williams se entronca con ellas en la consideración base argumental: el problema nace de que el héroe no puede realizar su misión divina. Hay una fuerza externa (el gobierno, en este caso), que pervierte la noción básica del bien y del mal y evita que se desarrolle el arquetipo infantil de moralidad que subyace en la definición del superhéroe. Hay un loable intento de usar el género como vehículo de denuncia política, pero que se queda impedido en su análisis por la dificultad de salir de ese nudo gordiano de su propia definición.
Algo similar ocurre en dos obras Marvel de reciente publicación (o no tanto): Daredevil: Redención, de Hine y Gaydos y Lobezno: Saudade, de Morvan y Buchet, dos obras que comparten intención: usar el género para denunciar problemas de actualidad. En la primera, Hine se adentra en el mundo de los malos tratos a los niños recreando un hecho real. Una oportunidad para introducir una interesante reflexión sobre la tolerancia ante la violencia que permite la incultura y la simplificación moral del fundamentalismo religioso. Ideas bien planteadas, quizás de forma excesivamente errática y tópica en algunos casos, en un exceso de melodramatismo más propio de las tv-movies vespertinas de fin de semana pero que, pese a todo, funciona en determinados niveles por la honestidad de su intento denuncia y llamada a reflexión. Sin embargo, hay un elemento claramente disonante que distorsiona la consideración final: de nuevo, toda la argumentación orbita alrededor de la imposibilidad del superhéroe de afrontar su sagrado mandato de defender al débil. Una necesidad que recarga la narración y la desvía la atención de la idea inicial.
En la obra de Morvan y Buchet se puede hablar en términos muy similares: se usa el género para la denuncia de una injusticia social, en este caso, la violenta situación de los niños de las favelas brasileñas. El mutante más famoso de Marvel se enfrenta a una mafia que explota niños, siguiendo una estructura muy parecida a la de la obra anteriormente comentada, aunque hay que reconocerle a Morvan la habilidad para evitar el melodramatismo gratuito en el que tropieza en exceso Hine, pero sin que eso impida, al final, la misma reflexión final.
En los tres casos, la realidad expulsa con violencia al superhéroe. Los intentos son laudatorios y no dejan de ser interesantes, pero la inclusión del superhéroe en un entorno de realidad chirría y no funciona.
Y la causa vuelve a estar siempre vinculada a esa necesidad ineludible de definir al superhéroe desde una perspectiva infantil del bien y del mal. No se pone en duda en ningún momento su tarea, sino la dificultad o imposibilidad para llevarla a cabo. No es que se reflexione sobre la humanidad del héroe, sino, precisamente, sobre la necesaria inhumanidad inherente a su místico destino. El héroe es un dios, un superhombre en la filosofía de Nieszche, que nace del maniqueísmo innato de la transmisión infantil de la moral. El hombre no puede alcanzar el misticismo necesario y esa imposibilidad de abordar la responsabilidad que conlleva su poder (ya sea por sí mismo o por injerencias externas) es la que genera la contradicción y el drama. Esa ausencia de cuestionamiento es la que, a mi entender, da lugar a la polémica sobre el género, que sigue siendo incapaz de luchar contra su propio origen. No significa que no se puedan hacer obras estimables e incluso magistrales, sino que lucha en inferioridad de condiciones respecto a otros géneros.

La excepción: un análisis del héroe desde su humanidad
Existe, pese a todo, una excepción que confirma la regla y que permite albergar, por lo menos en mi caso, una gran esperanza en las posibilidades del género: el Concrete de Paul Chadwick. Es, a mi entender, el primer caso donde una autor consigue desligar realmente al héroe de su definición y abordar la idea de un gran poder que llega a un humano desde cero, sin imperativos previos ni preconcepciones. Es evidente que existe una importante carga referencial, pero Chadwick ha sabido explorar el concepto de superhéroe, de gran poder, desde la perspectiva de cómo afecta al ser humano. No hay en Concrete una necesidad de hacer el bien ni un conflicto moral por si no lo hace, hay una reflexión sobre cómo el ser humano ve cambiada su vida y cómo las ambiciones típicas del humano – muy alejadas de la megalomanía del superhéroe o del supervillano se ven modificadas por un elemento perturbador. No hay esa exigencia de épica característica del género, sino una aproximación completamente nueva y sugerente, en la que un poder conlleva no una gran responsabilidad o una carga derivada de la imposibilidad de asumirla, sino un cambio en la mentalidad y en las posibilidades del ser humano. Sirva como ejemplo de esta diferencia la comparación entre el citado Daredevil: Redención y el episodio Cuestión de esfuerzo del segundo volumen de Concrete que acaba de editar Norma, con el que mantiene muchas conexiones de base.

Es difícil, muy difícil, para un género tan establecido y tan dirigido por los dictados de la industria evolucionar. Es una rueda gigantesca y pesada que difícilmente cambia de dirección. Pero es evidente que se están dando ya pistas y pasos que demuestran que se está intentado quitar de encima los tópicos, está luchando contra su propio origen en un intento claro de buscar nuevos caminos.
Y lo está consiguiendo.

Puntuaciones:
Cla$$war (1+)
Lobezno: Saudade (2)
Daredevil: Redención (2-)
Concrete (4)